Soy la Línea Sur. Unidos, entre todos, le pondremos cara al futuro

 

La nieve, el frío, la soledad y el viento son mis amigos. Soy una parte de esta enorme región del Colorado para abajo que se llama Patagonia. El gran Bajo del Gualicho y la Meseta de Somuncurá son mis posesiones.

Sé -como bien dijo uno de los poetas- “que traigo desde tiempos lejanos una rica historia larga”.

Tiempos milenarios cuando la vida discurría con otros valores y significados. Donde la naturaleza era respetada y las viejas estirpes transitaban mi geografía en busca de agua, abrigo y alimento; porque esos hombres de la estepa eran cazadores y recolectores. Todo era armonía a pesar de la rigurosidad del clima, las encrucijadas y los contratiempos. Los ríos y los montes, los árboles y hasta las piedras eran sagrados.

En la historia reciente, esos pueblos preexistentes que me supieron transitar –generalmente nómades- fueron arrinconados, despojados de su lengua y de su cultura y arrojados a la periferia de mis dominios.

Así se establecieron en mi regazo fortines y llegaron soldados, expedicionarios y sacerdotes. Y después los inmigrantes. Las primeras rastrilladas y las explotaciones ganaderas. Mi tierra fue generosa para el ganado ovino. Y los valles menores para emprendimientos agrícolas. Todos soportaron las inclemencias climáticas y mediante el trabajo lograron establecerse ellos y sus familias. De alguna forma fui modelando su carácter.

El progreso trae muchas cosas buenas y un grupo de pioneros con un espíritu visionario trazaron en mi territorio el tendido de las vías férreas y eso me alegró sumamente porque los pequeños pueblos y parajes quedaron comunicados. Lamentablemente, años después por políticas desafortunadas el ferrocarril cayó en desgracia.

En épocas recientes la pavimentación de la Ruta Nacional Nº 23 se va convirtiendo paulatinamente en la columna vertebral de mi espacio territorial. Me da tristeza ver a los políticos como se arrogan para sí mismos los méritos de su ejecución como si fuera una dádiva de ellos y no un derecho. Y me da más lástima que se acuerden de mí solamente en tiempos electorales.

Veo a los pequeños productores y me apeno mucho por las vicisitudes que atraviesan. Conozco su entereza y su mesura habitando en los campos y parajes siempre esperando tiempos mejores.

Me causa alegría ver a los turistas admirarse de mis recursos naturales. Y también ver que se le da importancia al turismo.

Con respecto a las decisiones que se toman sobre mi algunas son acertadas y otras no tanto. Me conforta saber que un grupo de vecinos y de dirigentes crearon un Ente de fomento para el desarrollo de toda esta zona. Enhorabuena. Pero los quisiera ver trabajando más unidos y ajenos a la política partidaria que tanto mal nos hace a todos.

He soportado grandes nevadas que han aislado parajes y pueblos. He visto correr el agua con las grandes crecientes destrozando todo a su paso, hasta el puente sobre el arroyo de Nahuel Niyeu que todavía espera su reconstrucción, he sufrido junto con la gente los grandes períodos de sequía que han diezmado majadas y productores, he temido por los caminos vecinales en muy mal estado, por la erosión de los campos, por las comunicaciones siempre deficientes, por la fibra óptica que aún no llega, por las plagas que hacen daño y acobardan a los crianceros, pero sobre todo por la indiferencia que es el peor de los males.

Sin embargo, yo sé que encierro grandes riquezas que solo esperan proyectos sustentables para su desarrollo, recursos naturales únicos en el mundo, paisajes incomparables y muchas fortalezas.

Solo le pido a la gente que me habita que tenga confianza, que no pierda nunca la esperanza, que no baje los brazos. Soy la Línea Sur y, juntos, entre todos, le pondremos cara al futuro.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

 

 

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