Cuando al investigador rionegrino Rodolfo Casamiquela la toponimia le jugó una broma

 

Mi amigo, el escritor y periodista Eduardo Reyes, actualmente radicado en Viedma, en sus amenos libros ha dejado plasmadas anécdotas pueblerinas que recrean situaciones risueñas en su gran mayoría.

Eduardo, con nacencia en Bahía Blanca, pero inicialmente radicado en Coronel Dorrego, supo cultivar la amistad de grandes exponentes de nuestra cultura tradicional, como Osiris Rodríguez Castillo, Atahualpa Yupanqui, Eduardo Falú, Linares Cardozo y tantos otros.

También, por supuesto, de varios amigos rionegrinos, como Rodolfo Casamiquela, Elías Chucair, Jorge Vega y tantos otros, y por supuesto que Eduardo me honra con su amistad.

Hombre de una voz especial, sabe recitar a los grandes cultores del decir tradicional; Eduardo atrapa con sus amenos relatos donde cuenta sus vivencias como persona y como periodista.

Fue testigo presencial, entre otros, de un hecho muy particular: del día que Doctor Rodolfo Casamiquela quedó desconcertado porque la toponimia le jugó una mala pasada.

Eduardo lo relata de esta manera: “Siempre destaco que gracias a la peña nativista de Coronel Dorrego conocí a importantes y trascendentes personalidades del arte, la ciencia, la cultura, literatos, pensadores, artistas de diversas disciplinas, todas personas que solo escuchándolas uno se enriquece, a raíz que exponen con tanta claridad y conocimientos, que “solo se necesita prestar oreja”, como acostumbraba a decir uno de esos hombres importantes como don Atahualpa Yupanqui”.

“Entre quienes tuve la suerte de conocer y es a quien me voy a referir porque fue protagonista de un hecho que se convirtió en un acontecimiento que muchos de quienes tuvimos la posibilidad de conocer, recordamos con alegría y afecto”.

“Esto es porque uno de los principales protagonistas fue el Dr. Rodolfo Magín Casamiquela, quien a pesar de su trabajo de investigación que realizaba en aquel momento no tuvo el resultado esperado, lo celebro con mucho humor, al considerar que de todas maneras la experiencia había sido positiva”.

Se sabe, el Dr. Casamiquela es autor de más de 500 publicaciones entre libros, revistas, folletos, trabajos especiales, informes, investigaciones y conferencias, entre otros. Todos claro, aportes invalorables a la ciencia, la historia y nuestras raíces culturales”.

“En ese tiempo Casamiquela estaba realizando un trabajo más que importante sobre la toponimia de la provincia de Buenos Aires, tarea que llevaba adelante con otro gran amigo de Coronel Dorrego, aunque su origen era santafecino, el Dr. Carlos Funes Derieul, abogado, escritor, investigador e historiador y gran persona y don José Thill, quien se había desempeñado como jefe del Departamento de Investigación Histórica y Cartográfica de la Dirección de Geodesia del Ministerio de Obras y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires”.

“El libro se denominó “Provincia de Buenos Aires, Grafías y Etimologías de los Topónimos Indígenas” y se terminó de imprimir en abril del 2003 y debo destacar que dos de los autores con quienes me une una antigua, sólida y hermosa amistad, como son los doctores Rodolfo Casamiquela y Carlos Funes Derieul, trabajaron con un entusiasmo destacable y lograron una obra más que trascendente para la ciencia y el conocimiento en general de los nombres con los que se designaron ciudades, poblaciones, y parajes de la provincia de Buenos Aires”.

“Tuve la suerte de conversar con ambos durante el desarrollo de sus investigaciones y observé el entusiasmo, preocupación y dedicación que volcaron a efectos de concretar, junto a José Pedro Thill, esta importante obra. El profundo análisis con el que fueron tratados, todos y cada uno de los términos que analizaron, desde el origen, la pronunciación y cuanto detalle tuvieron en cuenta, habla por sí solo de la importancia y trascendencia de este trabajo, que aunque no lo parezca tuvo también algunos rasgos humorísticos que los autores supieron disfrutar”.

“Uno de los que mereció una consideración especial, -cuenta Eduardo Reyes-, está vinculado al paraje “Frapal”, ubicado a unos setenta kilómetros de Coronel Dorrego y algo menos de Coronel Pringles. Cruce rutas, la escuela, estación de servicios, almacén, planta de silos de una cooperativa, destacamento policial y unas pocas viviendas de vecinos que cumplen labores en esos lugares”.

“Contaban Casamiquela y Funes Derieul, que comenzaron buscando por el lado de las etnias que habitaron la región o tuvieron alguna vinculación, pero como no aparecían indicios, siguieron por términos que podrían haberse originado en deformaciones por mala pronunciación o interpretación”.

“Continuaron por considerar la posibilidad que haya llegado alguna expresión de otras regiones, como quechua, guaraní, aymará u otras. Y nada. Analizaron la posibilidad de llegada de alguna voz extranjera  tampoco”.

“El amigo y querido Gordo Funes me dijo en una de esas ocasiones: “La verdad, como quién dice, se nos quemaron los libros”, hasta que una de las visitas a la región por parte de Casamiquela acordaron hacer una visita al “paraje Frapal” con la esperanza de que algún viejo poblador conociera alguna versión o información sobre el tema. “Coincidimos con Carlos, por Funes Derieul, claro, dijo Casamiquela, seguramente algún testimonio vamos a encontrar. Allí fuimos, continuó, recorrimos el lugar, le preguntamos a varios vecinos sobre el asunto y hubo coincidencias  en que el que podría saber era don Jacinto Robles, uno de los más antiguos pobladores que ya andaría por los noventa años”.

“Fuimos en su búsqueda y lo encontramos, un paisano locuaz con una prodigiosa memoria, quien al preguntarle si él sabía o tenía conocimiento porqué el lugar se conocía como “Frapal”, nos dio la más simple de las respuestas, impensada por nosotros que nos hizo solar a ambos una sonora carcajada. “Ahhh –dijo don Jacinto- estos campos eran de un buen paisano que donó el terreno para la Escuela y algo más y se llamaba Francisco Palacios y aquí cerquita todavía está la tranquera en la que le había tallado muy prolijamente el nombre Fra-Pal, por Francisco Palacios, claro”.

Con el Gordo Funes caminamos poco más de cien metros y nos encontramos con el testimonio, la tranquera con la madera tallada FRA-PAL y con el gordo renovamos nuestras sonoras carcajadas”.

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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