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Las Grutas que yo conocí. Era otro el balneario. Las calles de tierra y el regador

 

Valcheta y el balneario Las Grutas son mi lugar en el mundo. Siempre digo que vivo en dos paraísos. Como nuestra provincia en mi corazón llevo el mar, la estepa, la meseta y el vallecito.

Conocí hace muchos años Las Grutas cuando con mis tíos veníamos en sus camiones desde Bahía Blanca hasta Valcheta cuando la ruta 3 era todavía de ripio. Me encantaba pasar por el río Negro y arrojar alguna moneda para la buena suerte. La escala obligada era San Antonio Oeste y si era en verano el caserío incipiente de Las Grutas, donde por primera vez comí pulpitos en escabeche.

Pasados los años pude adquirir mi casa a dos cuadras de la playa en la Tercera Bajada y unos locales en la galería Casablanca, donde mi madre, la “abuela” puso un kiosco. Mis hijos se criaron en la galería. Fueron años felices.

Allí hice grandes amigos: el poeta siempre recordado Héctor Julio Meis, que llegaba a mi casa con un enorme salmón entre sus brazos como un niño dormido y hablábamos de proyectos y poemas. Víctor Menjoulou, artista, artesano, amigo entrañable, (la placita de artesanos lleva su nombre) y su madre la infatigable Lía Mares.

Don Carlos Sontang, creador del complejo Casablanca cuando el Dr. Adrián Casadei, luego intendente y legislador, era el letrado de la misma.

Recuerdo el avión que estaba instalado en un médano de la tercera, los hermanos Goitía, al querido Eduardo Tomasini, por un tiempo elegado de Turismo y, en especial, la librería del amigo César Lorenzo y su perro “Aquiles”, donde nos reuníamos a escuchar las “Cuatro Estaciones” de Vivaldi y León  Scheller Alric.

Recuerdo el salón cultural de la Segunda Bajada donde solíamos dar recitales de poesía con César Aladino Currulef, el Citroën Ami 8 de Jorge Íncola, hasta hoy gran amigo.

Y, fueron para mí muy importantes, el escribano Rubén Baqueiro y el Doctor Juan Carlos Irízar. Los extraño mucho. Pero me reconforta tener la amistad de Olga, Mabel y del Doctor en Enología Alcides Llorente.

Aún conservo una ficha del casino. Y estuve en su inauguración. Mi memoria registra a todos los comerciantes de la galería, mis amigos: el ruso Andrés, los Noy (nietos del Noy del tango), Bruno que partió para siempre con toda su bonhomía, en Negro Oscar Gutiérrez y en especial Adrián Justo, propietario de Marnos y Gitano.

Solían visitarme el Tano Carassale y Horacio Massaccesi para preguntarme que le faltaba a Las Grutas.

El comedor de Gas del Estado,  Emilio atrás del mostrador del kiosco “Trapitos”, la familia Deasti “una familia de buena pasta”, el Ingeniero Carlos Epherra y Marta, mi primo con su perrita la “mona” y los eucaliptos de su casa.

Otros tiempos dirán algunos. Tiempos pasados dirán otros. ¿Existe el tiempo?

Los murales de Paez Vilaró, las primeras fiestas del golfo, el recital de Serrat en el Polideportivo, Chalinga y sus amigos pulperos, “Pulpito” siempre igual, el “Ringo” con sus palitos, el ·Conejo haciendo las paellas, el Tito guardavidas y amigo, el barco “El Márquez” de Nievas, el arquitecto Adrián Camio, el escribano Néstor Cambarieri con el sobre lacrado y guardado bajo siete llaves para anunciar a la Reina y princesas del Golfo, la frase famosa del Elio Fragosa anunciando “desde el golfo más azul del continente, su padre Adolfo conversando de historia, Héctor Izco, el Bocho…

¡Tantos amigos!

Aquellos viajantes que venían a vendernos: Jorge Freiría con su camión donde decía “Visite Necochea” en pleno Las Grutas, Raúl Barral de “La casa de los Banderines” de Bahía Blanca con su Falcón repleto de artículos de playa (la postal que ilustra esta nota fue de una foto tomada por él).

Los distribuidores Horacio Nicotra, Néstor Basanta y tantos otros. El boliche “Chimocho”, el Ruso Barilá, “San Cono” que sabía de memoria todos los números del sorteo de las quinielas y que le escribí un poema.

Era otro el balneario. Las calles eran de tierra y pasaba el regador. La llegada de los delfines señalando el nombre de las calles, la avenida Río Negro recién forestada, la vieja terminal, la “Buchaca”, la Galería Antares con el Hotel, la confitería “Janoe” donde funcionaba la radio de Julio Alcalde y nos reuníamos a tomar el café, los juegos de Vecchione y “Pioneros”. ¡Tantos recuerdos!!

Todavía paso las vacaciones de verano en mi casa de Las Grutas: otros amigos, nuevos tiempos, muchos turistas, modernidad a cada paso; pero esas Grutas que yo conocí ya no volverán.

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

Acerca de Raúl Díaz

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