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Joven rionegrino comía una almeja y halló una preciada perla

Un joven de San Antonio Oeste, que saboreaba junto a su familia unas deliciosas almejas del golfo San Matías, encontró una preciada perla.

“Mordí algo duro que casi me rompe un diente. Primero pensé que era un pedacito de concha, como suele pasar. Pero al sacármelo de la boca vi algo redondito y plateado”, cuenta Franco Parga, el comensal afortunado.

La pieza brilla por el característico nácar que recubre a este tipo de objetos, que se generan en forma natural o artificial en distintos tipos de moluscos y que suelen obtener un alto valor en el mercado joyero.

Esta es chiquita, de no más de cinco milímetros, y si bien es redonda no llega a ser esférica. Más bien parece, por el tamaño y la forma, un grano de lenteja.

Franco tiene 20 años y trabaja de soldador naval. Pero por la paralización que provoca la pandemia ahora le da una mano a su papá que es gasista.

El hallazgo sorprendió a todos en el hogar y, como si fuera una joya carísima, la guardaron en una cajita de terciopelo.

Acompañado por su joven novia y su suegra, el muchacho relató que días atrás su cuñado, que es buzo marisquero, llevó para compartir una bolsa de almejas conocidas como “púrpuras”.

Dijo que las habían recolectado cerca de Puerto San Antonio Este, uno de los pocos lugares del país donde se encuentran grandes bancos de esta especie, que se distingue porque son redondeadas y con tonalidades entre marrón y violeta.

Este tipo de marisco se comercializa fresco y su principal mercado está en Buenos Aires. Es muy preciado en el rubro gastronómico.

Si bien en escasa frecuencia, tampoco son extrañas las apariciones de diminutas perlas en moluscos del golfo rionegrino. Los han encontrado mayormente en ostras, como también en vieiras, almejas y hasta mejillones.

Fernando Arroyo, pescador artesanal local con muchos años de experiencia, sostuvo que las han hallado habitualmente en ostras, y que son grises o negras, de dos o tres milímetros.

Recordó que hace un tiempo le llevaron algunas a Oscar Garmáz, histórico joyero y relojero de San Antonio, ante la presunción de que tuvieran valor y lograr utilidades. Pero el experto destruyó las ilusiones. No encontrarían en ellas rentabilidad. Desde entonces cada vez que se topan con alguna, le restan trascendencia.

La doctora en Biología Marina, Marina Kroeck, investigadora CIMAS y docente UNC coincidió con el buzo en cuanto a que es usual la aparición de perlas en las distintas especies que se colectan en el golfo.

La científica, que estudia las patologías en moluscos bivalvos, explicó que la habitualidad se da porque la formación de perlas responde a un mecanismo de defensa del individuo cuando ingresa a su organismo un grano de arena u otro cuerpo extraño.

“Es como cuando nosotros nos quemamos y nos sale una ampolla”, indicó como ejemplo.

Puntualizó que, en el caso de los moluscos, encapsulan la partícula intrusa y la cubren con carbonato de calcio, hasta que se transforma en lo que se conoce como nácar.

Pasó en otras partes del mundo

El hallazgo de perlas en un plato de mariscos ha sucedido en distintas partes del mundo.

En una búsqueda por internet aparece un sinfín de casos. Pero no aparecen registros en Argentina.

Uno de los episodios más sorprendentes y que lo reflejan medios de distintos países, fue el protagonizado por un hombre que pidió un guiso de almejas en un restaurante de Massachusetts, Estados Unidos, y encontró en su plato una perla “de tamaño similar a un pequeño huevo de pascua”.

Según las versiones, fue una buena cena para Mike Serino, porque valuaron el objeto en nada menos que 10.000 dólares.

Texto y fotos: La Mañana de Cipolletti

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