Casonas cerca de Patagones y Viedma: Estancia La Elena, en Pedro Luro. Otra historia

El establecimiento perteneció a Carlos Luro Pradere, uno de los hijos de Pedro Luro. Carlos también era dueño de la Estancia San Adolfo. Estaba casado con Estela Livingston Gómez, con quien tuvo cuatro hijos, entre ellos Enrique, heredero de este lugar.

Enrique fue un hombre tenaz, muy honesto y noble que jamás ostentaba con su apellido, todo lo contrario, era de una humilde personalidad y al morir no dejó ninguna deuda.

Enrique estaba casado con Estela Orquin y no tuvieron hijos. Al igual que sus hermanos Juan Carlos, María Elena y Graziella, heredó tierras pertenecientes a las grandes extensiones de campos que tenía su familia, es decir los Luro

En este caso, son tierras linderas al río Colorado en su margen izquierda. La Estancia llegó a tener más de 30.000 hectáreas desde los campos cercanos al Hotel Termal hasta la zona de la Laguna La Petrona y toda esa costa de río pertenecía a la Estancia original, pero se fueron vendiendo lotes y dividiendo campos con el correr del tiempo.

De esa época quedó una hermosa casona, un casco original que recibe el nombre de la Estancia La Elena. Tal vez el nombre viene de la familia, ya que hubo muchas Elena o María Elena. De hecho, Don Carlos Luro tenía una hija llamada María Elena. Tal vez de allí el nombre al establecimiento y cabe destacar que dicho nombre es distinto a los nombres de los otros establecimientos, ya que no lleva nombre de Santoral Cristiana como San José, San Adolfo, San Antonio, San Carlos, San Pedro, etc., sino que representa a un nombre propio y femenino, algo realmente curioso en la familia.

La casona fue construida, probablemente, por la empresa de albañilería de Fabio Buzzi, según lo que se relata a través de Selva Cuello (nieta política) en el libro “Simientes de más de un siglo de manos al futuro”, escrito por María Teresa Howez, dónde se comenta que dicha empresa constructora instalada en Pedro Luro hizo trabajos en los grandes establecimientos rurales de la Familia Luro. Tenía gran experiencia en la construcción de casas de destacada arquitectura, galpones, tanques, hasta compuertas hidráulicas.

La casona es bastante sobria y simple, de estilo obrero con elementos típicos de la arquitectura ferroviaria inglesa con toque francés, muy similar al Barrio Inglés sobre calle Brickman en Bahia Blanca, fundado en 1908 frente al puente de la Avenida Colón.

El techo de la casona se basa en cuatro pendientes de chapa con remate que consta de un enrejado o cestería metálica o de hierro con pararrayos en la parte más alta y en las esquinas se ubican tres chimeneas de material. Las terminaciones de los aleros llevan cenefas de madera al igual que las aberturas aunque con celosías de hierro.

En el ingreso principal de la casona se encuentra un porche que a simple vista podría decirse que fue construido o reconstruido años después a la fecha original de la casa, esto sería xq por la ausencia de cenefas y otras terminaciones.

En estos campos linderos al río comenzaron los primeros ensayos de riego junto al Ingeniero Urgoiti, quien había sido contratado por Don Carlos Luro para potenciar el agua del río hacia sus tierras linderas pero también con la posibilidad de favorecer a otros establecimientos familiares.

Carlos Luro y el ingeniero Urgoiti planificaron la obra para La Elena desde el Jockey Club de Buenos Aires y una vez llegados a la zona desde Bahía Blanca en la Galera de Mora, hicieron noche en la Estancia San Adolfo, ahí mismo el ingeniero recibe al subir a su habitación un sobre con una carta y un cheque por 140.000 pesos que le dejó Carlos Luro, quien debió regresar a Buenos Aires por un imprevisto. El cheque estaba destinado para realizar la obra de riego, junto a unas palabras donde le pedía que se quedara en la zona y empezara dicha obra.

Los primeros canales se trazaron aguas arriba y se hacían a pala de buey y pala de mano, lo que requería mucha mano de obra. Así dieron inicio a la cuenca de riego que hoy tenemos en la zona.

Se podría decir que estas obras se dieron por dos motivos, por un lado las inundaciones provocadas por el crecimiento del río en la década de 1920 que dañaron grandes extensiones de tierra en ambas márgenes del río dando paso a grandes masas de agua, y por otro lado la gran sequía que años después dejó fundido a más de un estanciero de la época.

En la Estancia La Elena se construyó, entonces, la primera obra de riego con un verdadero y estratégico plan hidráulico.

Se llegaron a regar por esos años hasta 500 hectáreas. Esto se vio favorecido también con la llegada del ferrocarril Sud dando un increíble impulso a la zona.

La producción de La Elena fue en crecimiento constante y en 1920 se registró una cosecha de 170.000 kilos de semilla de alfalfa, 1.500 toneladas de pasto y un engorde de 800 vacunos.

Carlos Luro al regreso de Europa, un año y medio después, quedó impresionado por la dimensión que había tomado la puesta en marcha de la obra y sobretodo porque el costo había sido mucho menor , es decir que al ingeniero le había sobrado.

En 1928 el campo fue financiado por Cabaña San Vicente SA para la construcción de un canal de 32 km. dando posibilidad de riego a 10.000 hectáreas más.

Se inauguró la compuerta del canal el Fortín dando paso al agua el 8 de Febrero de 1930, Urgoiti junto a sus esposa Trini Orquín hacían el emblemático bautizo quebrando una botella de champaña sobre el muro de la compuerta, con la presencia del Intendente de Villarino, don Argerich.

Pero esa ya es otra historia para contar…

Hoy las tierras que ocupa la casona pertenecen a Edmund Furlong y familia.

La casona se encuentra en buen estado de conservación aunque las hectáreas son mucho menos.

Esta, como tantas otras es una parte del patrimonio histórico que no debemos dejar ir.

Estas personas en esas épocas sin dudas marcaron otra historia desconocida para ser investigada y narrada.

Siempre vale la pena indagar en el pasado porque siempre aparecen cabos sueltos pero que se pueden atar.

Reconozco que me encanta armar estas publicaciones sobre historias locales y aunque es un trabajo bastante difícil, ya que no siempre se cuenta con la suficiente información, siempre aparece alguien con alguna anécdota.

Así es que siempre agradezco la buena voluntad de mucha gente con ganas de colaborar con algún granito de arena.

Esta historia la pude escribir gracias a Edmund Furlong, que me contó detalles del lugar, María Teresa Howez, que me indicó dónde podría encontrar fragmentos de la historia escrita y Gerardo Bares, mi sobrino, arquitecto que me brindó sus conocimientos y experiencias para poder dar detalles físicas de la Casona.

Fotos actuales: Noelia Sensini

Fotos antiguas: obtenidas del Libro “Simientes de más de un siglo de cara al futuro”.

Gracias a

Edmund Furlong

Maria Teresa Howez Kunusch

Gerardo Bares

Texto: Noelia Sensini

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