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El caso Vommaro: Investigación científica del fenómeno OVNI: otro hecho en el Alto Valle

 

 

El caso a presentar a continuación cierra “casuísticamente” el flap de la noche del 11 de febrero de 1980, siendo este suceso el de mayor índice de extrañeza de todos los picos de la trayectoria de un fenémeno de esa jornada.

Además de estar totalmente emparentado con el caso Capponeto (1), presenta particularidades que lo aíslan parcialmente de las múltiples manifestaciones de la noche de 11 de febrero.

A nuestro entender, lo sucedido a Carlos Vommaro (por entonces 22 años) podría evidenciar cierta progresión y acercamiento del raid “fenoménico” de esa fecha.

No tenemos noticias, pese a haber recorrido e investigado a lo largo de las zonas nodulares del flap, que cubrieron particularmente las zonas precordilleranas de las provincias de Neuquén y Río Negro de incidentes de mayor índice de extrañeza o casos de CEIII que acaecieran aquel 11 de febrero.

En esa jornada, un viento proveniente del Sudoeste azotó la zona del Alto Valle de Rio Negro, a lo largo de la ruta nacional 22.

La ciudad de Ingeniero Huergo está distante de Buenos Aires aproximadamente 1.150 kilómetros.

La región es particularmente frutícola, abundando los manzanares y los perales, aunque no faltan los focos agrarios y vitivinicultores. La mayoría de los habitantes de la zona se dedica a las tareas del agro y son generalmente inmigrantes o hijos de inmigrantes italianos y españoles, en su inmensa mayoría.

El paisaje es monótono al estar conformado por largas y uniformes alamedas, muy útiles para proteger a las plantaciones de árboles frutales de los intensos vientos que generalmente baten la zona.

La región es fría en invierno y bastante cálida y seca en la primavera y verano.

UNA LUZ DETRAS DE LAS ALAMEDAS

Después de finalizar una cena en la casa de su novia, Carlos Vommaro decidió regresar a su casa, ubicada en la chacra vecina (la número 410) a 1.500 metros de distancia.

Eran las 22:00  del 11 de febrero de 1980. El cielo estaba oscuro y soplaba un fuerte viento, que hacía cabecear a las alamedas que bordean la ruta nacional 22.

Sin más, Vommaro abandonó la vivienda de su novia con rumbo Oeste, para doblar hacia el Norte por el camino de tierra que lo conduciría a su hogar, luego de atravesar una acequia del sistema de riego de la zona.

Pese al fuerte viento reinante el Ford Falcon modelo 73 respondió perfectamente y lo condujo entre los oscilantes paredones de álamos.

Habiendo recorrido 300 metros Vommaro percibe, sobre la izquierda de su vehículo, un fuerte resplandor blanquecino azulado. Primero piensa que se trata de la iluminación de las instalaciones de un frigorífico que existe a esa altura de la ruta aunque más al Oeste, por lo que no le da mayor importancia al incidente.

Unos metros más adelante, el resplandor pareció hacerse más intenso, siendo ya suficiente para iluminar la zona circundante y recortar sobre el camino la sombra de los álamos.

Las alamedas se espaciaron al llegar a una plantación de perales y a partir de alli Vommaro obtuvo un ensanchamiento de su campo visual y pudo percibir entonces el fenómeno.

PERCEPCION DEL FENOMENO LUMINOSO

La luminosidad tenía la forma de una “ele”, separada levemente de una forma luminosa rectangular, como una pantalla o un “televisor”. según las propias palabras del testigo y el conjunto luminoso avanzaba paralelo al camino y en la misma dirección que el testigo, aunque levemente replegado.

La “ele” estaba definida por bordes nebulosos y a su vez luminosos, pero de una luz como reflejada (no emitida). Estos bordes, como de niebla o humo, bordeaban una especie de eje o hendidura menos brillante, como si la misma parte nebulosa se metiera hacia adentro, se hundiera.

En el vértice de la “ele” podía observarse una especie de “estrella”, mucho más luminosa que el conjunto.

Un reborde nebuloso también rodeaba al rectángulo, que estaba separado -a entender de Vommaro- de la “ele” luminosa por medio metro o menos.

El rectángulo luminoso presentaba, en sus bordes, una especie de hendidura, similar a la que podía observarse en la “ele”.

Las dimensiones del rectángulo, según el testigo, eran de 40 por 50 centímetros y las de la “ele” luminosa, 2 metros de altura por 1,75 metros de ancho.

Tras unos segundos de perplejidad, Vommaro comprendió que lo que estaba observando excedía toda interpretación y pensó que otros tendrían que verlo, especialmente sus padres y sus hermanos, pues difícilmente alguien podría creerle cuando les relatara lo que había observado. Estaba a más de 1.000 metros de su chacra y todavía debía atravesar la acequia número siete y doblar hacia la derecha.

El objeto estaba totalmente paralelo a unos doscientos metros de la posición del testigo y a unos treinta metros de altura. Vommaro decidió, entonces, aumentar el ritmo de marcha de su automóvil y colocó la segunda velocidad. El velocímetro marcaba 60 kilómetros por hora. Y, entonces, el vacío, la oscuridad, la nada

DE REGRESO AL ESTADO CONSCIENTE

Lo primero que vio y sintió fue su apoyo sobre el volante y sus manos y antebrazos dentro de este.

Luego vio la luz, más cercana, casi arriba suyo. Observa que lo rodea. No se ubica, se siente “flojo” y debilitado.

La luz esta allí arriba, a unos treinta metros de altura, como “pegada al parabrisas, como una calcomanía”. De la zona del rectángulo luminoso (el “televisor”) sale un haz de luz que se va ensanchando a medida que se aleja de la fuente emisora. Este haz baña el coche, pero sin bañar su interior. El haz luminoso es más intenso y nítido en su naciente, y mas tenue en las proximidades del automóvil.

A esta altura, el pánico ha hecho presa del testigo, quien se ha orinado a causa del miedo, como nunca habla experimentado en sus 22 años de vida.

Casi desesperado sale de su automóvil con la idea de buscar ayuda. Pero la ruta 22 está desierta.

Tras algunos minutos se acerca un automóvil en dirección a General Roca. Vommaro le hace señas frenéticamente. Unos metros más adelante se detiene luego de aminorar la marcha, pero de inmediato arranca… tal vez al observar lo que pendía sobre la cabeza de Vommaro.

En esos momentos Carlos Vommaro observa su reloj: las 23 horas; ha transcurrido casi una hora desde su desvanecimiento.

Trata de ubicarse y cae en la cuenta que se halla en las afueras de Cervantes, un pueblo ubicado a mas de 15 kilómetros de la última posición que recuerda antes de haber perdido el conocimiento, en un camino de tierra a pocos metros de la ruta 22.

El testigo revisa el automóvil; parece no haber sufrido daño alguno. Se introduce en él, lo pone en marcha y vira, para tomar la ruta 22 en dirección a la Comisaría de Cervantes.

En ese corto trayecto, al retomar la ruta 22, el testigo observa por el espejo retrovisor insistentemente, temeroso de que la luz aun lo persiga. Pero observa que la “ele” comienza a desplazarse hacia el Noroeste.

A los pocos minutos Vommaro arriba a Cervantes, y aún allí puede observar todavía el resplandor del objeto detrás de las alamedas.

En la Comisaria de Cervantes, Carlos Vommaro relató su insólita experiencia y, como suele suceder en estos casos, el personal policial no lo tomó demasiado en serio, solicitándole de inmediato que se identificara… ¡mientras el No Identificado se perdía en la lejanía!

Agitado, desesperado, Vommaro deseaba que alguien compartiera lo que había visto. Pasaron los minutos, quince o veinte, hasta que dispusieron la salida de una patrulla acompañando a Vommaro. No encontraron nada.

Cuando se hubo desligado de las autoridades, Vommaro sintió la irrefrenable ansiedad característica en los casos de secuestros y teleportaciones: narrar lo sucedido.

A gran velocidad regresó a la chacra. Al llegar le extrañó que sus perros no salieran a su paso, a recibirlo. Por el contrario, los animales lo desconocieron.

Lo recibió su madre, llorando porque temía que su hijo hubiera sufrido un accidente. Vommaro necesitaba hablar con su padre y narrarle lo sucedido; lo despertó y, junto a su cama, le relató su aterradora aventura.

Esa noche Carlos Vommaro casi no pudo conciliar el sueño. Recién pudo dormirse alrededor de las cinco de la madrugada. Al otro día, se despertó muy tarde, cerca de las once.

El 12 de febrero Carlos se sintió desganado y debilitado, casi sin fuerzas, y con dolores lumbares.

Ese día, también falló el motor del Ford Falcon, aunque la anomalía pudo ser detectada y resultó ser algo completamente normal.

EL TESTIGO: ANTES Y DESPUES

Aparte de un hecho relacionado con una cadena y medalla religiosa que Carlos Vommaro se saca el día de su “teleportación”, hay varios sucesos que, al parecer de quien esto escribe, pueden tener alguna relación con el incidente de la noche del 11 de febrero de 1980.

Los que tuvieron la oportunidad de entrevistar a Vommaro luego de su experiencia nunca imaginaron que había sido testigo de manifestaciones de OVNI en otras ocasiones. Y no había sido testigo único.

En el invierno de 1976, cuando contaba con 18 años, Carlos, otros jóvenes de las chacras y su propia familia, había observado una especie de círculo en forma de luna de polos achatados sobrevolando los campos a baja altura y en trayectoria parabólica. Vommaro recuerda que, tanto él como sus padres, se habían atemorizado ante la manifestación.

Siendo más pequeño, recuerda, también observó “estrellas “que se encendían sobre los campos”; cuando con sus amigos salían por la noches a cazar perdices.

De sus sueños recuerda poco. Nunca ha soñado con OVNI ni con “cosas raras”, según sus propias palabras. Ni aún después de la traumática noche del 11 de febrero. Aunque si recuerda algunas pesadillas de los meses posteriores al incidente.

El tema recurrente es -un sueño en el que él se encuentra nadando normalmente en un estanque y, de improviso, se hunde o es atacado por un enemigo invisible, desconocido.

Ha soñado, también, con una laguna verde a la que va a nadar. Todo allí es verde; el agua recubierta de moho y sobre una especie de rio o acequia, hay un puente también verde, recubierto de musgo. Al nadar en la laguna se le aparecía un cocodrilo que intenta atacarlo y Carlos escapaba subiendo a un tronco quedando, con sus pies colgando. El cocodrilo llegaba hasta él y le mordía el pie.

Otro de los sueños de Carlos Vommaro lo colocaba en peligro, enfrentado a “matones”, en una especie de pelea, como él mismo lo definió.

Al día siguiente del suceso aquí narrado, Vommaro estaba trabajando con el tractor cuando, imprevistamente, vio venir corriendo a una liebre que -literalmente- se arrojo bajo las ruedas del tractor. “Quedé realmente afectado”, me dijo, “fue como si se hubiera suicidado”.

El invierno de 1981 presentó en la zona varios avistajes, siendo uno de ellos testificado por Vommaro.

Junto con unos amigos, y a bordo del Ford Falcon que fue participe de la teleportación, observaron en las cercanías de General Roca, un resplandor naranja. Era un viernes, cerca de las 23 horas. Pensaron que se trataba de un ómnibus de la firma Del Valle. Continuaron avanzando, pensando que iban a tener una mejor visión de la fuente del resplandor, hasta que observaron una especie de cúpula naranja, intensa, que descendía rápidamente como una puesta de sol vertiginosa o “como un globo que se desinfla”, según la definición del testigo. Todo duro escasos minutos, quedando en el cielo un tenue resplandor.

Para finalizar, debemos destacar que Vommaro siente temor por lo sucedido hace ya tres años y que, a partir del incidente protagonizado por Fattorel (1), sus temores y recuerdos se han avivado notablemente.

Entiendo que parte de las reacciones posteriores de Vommaro son de un claro sentimiento de culpa, cuya causa puede retrotraerse a los días anteriores al suceso y la cual desconocemos, aunque estimamos que podría estar referida a una disrupción en su núcleo familiar, más exactamente en la relación materno-paterna.

 

Sin embargo, no dudamos sobre la veracidad del testimonio de Carlos Vommaro, en virtud de su personalidad y de la solidez de su historia, puesta a prueba en numerosos interrogatorios a los que fue sometido durante la investigación del incidente, los cuales soportó con estoicismo -pese a que el recuerdo del hecho no le era exactamente grato- y pasó airosamente, sin incurrir en contradicciones.

Carlos Vommaro fue protagonista de un hecho insólito el 11 de febrero de 1980, hecho cuya verdadera naturaleza ignoramos, y que desafía cualquier explicación racional que pueda imaginarse.

REFERENCIAS

(1) El incidente protagonizado por Fattorel tuvo lugar el 18 de febrero de 1982, dos años después de los hechos aqui relatados. Si bien el caso de Fattorel alcanzó gran notoriedad en su momento, no puede decirse lo mismo respecto del caso protagonizado por Vommaro, que paso inadvertido para la prensa. Los detalles del caso Fattorel fueron publicados en la edición número 15 de UFO PRESS

Veinte años después de la publicación del caso en Ufo Press, el ufólogo español Manuel Borraz (maboay@teleline.es) releyó este informe en Mitos del Milenio y aporto importantes comentarios que reproducimos a continuación:

 

En primer lugar, hay que destacar que el contexto del caso Vommaro (o caso Ingeniero Huergo -provincia de Rio Negro, Argentina) llegó a ser razonablemente esclarecido:

– De acuerdo a lo expuesto por Ángel A. Díaz en un artículo titulado
“Anatomía de un ‘flap’ ” [1], tanto Carlos Vommaro como muchos otros testigos independientes observaron aquella noche del 11/2/80 un MISMO fenómeno situado hacia el Oeste a enorme distancia y gran altura (descripción del fenómeno similar, situación y horario aproximadamente coincidentes); – aún puede precisarse más: Guillermo Roncoroni [2] se hizo eco de ciertas averiguaciones de James Oberg que mostraban que dicho fenómeno tuvo relación con la puesta en órbita del satélite soviético Kosmos 1164.

Aclarado esto, habría muchos aspectos del caso en los que podríamos detenernos, desde las apreciaciones del observador (que situaba el fenómeno a unos 200 metros e incluso más cerca -¡en realidad, si lo situáramos a 200 km aun nos quedaríamos muy cortos!-) hasta las presuntas secuelas (dolores lumbares y otros efectos psicofísicos, fallo del motor del vehículo al dia siguiente…), pasando por detalles de lo mas anecdóticos (“suicidio” de una liebre…).

Aquí me limitaré a comentar el ingrediente más insólito y peculiar del incidente: la supuesta “teleportación”.

Según el testigo, al poco tiempo de comenzar a observar el fenómeno, mientras iba conduciendo de regreso a su casa, perdió el conocimiento. Aun no había pasado una hora cuando volvió a recuperar la consciencia en un lugar situado a más de 15 km de distancia.

“Teleportación” resulta ser una calificación demasiado imaginativa para aplicarla a un suceso como este. Es mucho mas razonable suponer que el testigo recorrió esos pocos kilómetros de la manera más convencional, pero
sin recordarlo luego. ¿Que pudo haber ocurrido?

 

Una cuestión poco clara es la del horario. De la versión del testigo se desprende que el intervalo de tiempo “perdido” se inicio poco después de las diez de la noche y se prolongo hasta poco antes de las once. No obstante, a juzgar por otros testimonios de aquella noche, parece que el fenómeno comenzó a observarse no mucho antes de las once.

 

El lapso no habría sido pues de casi una hora sino bastante más breve (quizás del orden de 15-20 minutos considerando el tiempo que pudo tardarse en recorrer en coche aquella distancia de poco mas de 15 km).

Casualmente, hubo otros testigos (caso Caponetto) que avistaron el fenómeno mientras circulaban por el mismo tramo de carretera que debió recorrer Vommaro. Estimaron la duración de su propia observación en unos veinte
minutos [3].

De todas maneras, esto no desautoriza lo esencial del relato de Vommaro, por lo que la incógnita sobre lo que pudo suceder sigue en pie.

 

Por las circunstancias del suceso, hay un escenario que ya podemos descartar. El caso no tendría relación con los episodios de “tiempo perdido” atribuibles a lo que se ha llamado a veces “hipnosis de la carretera”. Este tipo de experiencias se producen, por ejemplo, cuando la monotonia del trayecto convierte la conducción del vehículo en una tarea aun más automática de lo habitual, sin requerir la atención consciente del sujeto.

No es un problema de la memoria sino más bien de la atención. De alguna manera, es como si, no ocurriendo nada, es decir, sin nada que recordar, no quedara huella en la memoria.

La experiencia de Carlos Vommaro no tiene puntos de contacto con este escenario. El origen y el destino de su desplazamiento estaban separados por apenas 1.500 m. Por otro lado, su nivel de atención no se encontraba precisamente bajo mínimos, intrigado como estaba por las misteriosas luces  que acababa de descubrir.

 

Más bien, lo que debería contemplarse es algún proceso psicológico desencadenado -directa o indirectamente- por la visión del insólito fenómeno. No obstante, los detalles de este escenario están por concretar.

 

A mi entender, hay dos preguntas clave.

 

En primer lugar, podemos preguntarnos: ¿FUE EL TESTIGO CONSCIENTE DE SUS ACTOS DURANTE ESE INTERVALO DE TIEMPO “PERDIDO”? Si fue asi, Vommaro habría
decidido en el último momento “seguir” las luces con su vehículo en lugar de acudir a avisar a su familia. Y en ello estaba, habiendo ya recorrido más de una docena de kilómetros, cuando sufrió la amnesia que le privo de los
recuerdos de los últimos minutos inmediatamente anteriores.

Ni siquiera pudo recordar haber tomado la decisión de ir tras el fenómeno. Esta es una posible reconstrucción de los hechos, pero hay otra alternativa. En el escenario alternativo, el testigo habría deambulado como un “zombie” tras el
fenómeno luminoso -sin acudir a su casa, como inicialmente había pensado hacer-. Asi se habría mantenido, conduciendo en ese estado obnubilado, desde el mismo momento en que dijo haber “perdido el conocimiento” hasta que lo recobro. La
cuestión está abierta.

 

La otra pregunta que se me ocurre hacer es: ¿QUE FUE EXACTAMENTE LO QUE DESENCADENÓ EL PROCESO? ¿El desconcierto, la perplejidad suscitada por la visiÓn de algo “imposible”? ¿O bien algo mÁs emocional: el miedo provocado por aquella presencia desconocida?
Aparentemente, el testigo no fue presa del pÁnico hasta que volvió en si, pero esto no descartaría que ya hubiera sido el miedo el auténtico desencadenante de su particular estado.

 

¿Podríamos hablar pues de un mecanismo psicológico de evasión de la realidad en una situación traumática?
No está tan claro como pudiera parecer. Porque, ¿cómo explicar entonces que el testigo circulara tras el fenómeno durante alrededor de un cuarto de hora en lugar de buscar refugio con su familia -¡que se encontraba alli mismo!-
o incluso emprender la huida en sentido contrario? ¿Abona esto la tesis de que no fue el miedo el factor clave y que el testigo quedo fascinado por la visión de las luces y absorto en su seguimiento? ¿O todavia podría contemplarse la posibilidad de que decidiera conscientemente seguir dichas
luces y así lo hiciera durante kilómetros, sufriendo despues la amnesia, quizas en el momento en que empezó a sentir autentico temor?

 

Queda en manos de los psicólogos arrojar más luz sobre este episodio. En cualquier caso, debe de haber constancia de incidentes parecidos en los archivos ufológicos, catalogados como episodios con “tiempo perdido”, “teleportaciones”, “abducciones”… La observación de un fenómeno insólito
(al menos “insólito” para el observador), ¿puede llegar a desencadenar un pequeño episodio de amnesia como este? Quizas la comparación de algunos de estos casos permitiera comprender mejor los detalles aqui discutidos.

——-
Epilogo:

Quien iba a decir que por obra y gracia de unos ingenieros rusos, el espíritu de los Vidal planearia sobre las alamedas de Ingeniero Huergo.

Como iba a imaginar Mario Benito Caponetto que, mientras comentaba con su familia “…si es un ‘plato volador’ que nos arrebate para aparecer como ese matrimonio que iba a Mar del Plata… asi hacemos mas rápido” [3], en otro vehículo un joven Carlos Vommaro iba a perder un pedacito de su vida y a conocer lo que es el miedo.

Quien le hubiera dicho a Vommaro que algunos forasteros acabarían condecorándolo con una teleportación en la interminable parada de los encuentros con ovnis.

 

REFERENCIAS:

[1] “Anatomia de un ‘flap’ ” (Angel A. Diaz), UFO PRESS, nº 21
(julio-sept./84).
[2] “A propósito de los avistajes masivos” (Guillermo Roncoroni), UFO PRESS, nº 21 (julio-sept./84).
[3] “Caso Caponetto. Un extraño rectangulo luminoso” (Alejandro Chionetti),
UFOLOGIA, nº 2, año 1 (enero-marzo/81).

CONSULTAS

¿Alguien sabe …

… si el fenómeno del 11/2/80 fue visto también en Chile, y en ese caso, si dio lugar a algún incidente espectacular?
… si existe alguna fotografia del fenómeno?
… si alguno de los avistamientos (aparte de los casos Vommaro y Caponetto) permitió establecer la duración del fenomeno de forma fiable?

ANEXO:

Heriberto Janosch informo en la lista Anomalist (noviembre de 1999) del siguiente curioso caso:

Missing time, teleportación o secuestro?

Ha ocurrido un caso interesante en Virrey del Pino, provincia de Buenos Aires, hace unos dias: un conductor de auto de alquiler partió desde una escuela a las 17 horas, pero no llegó a su destino. Los vecinos que lo esperaban comenzaron la búsqueda, luego se incorporaron a la misma varios patrulleros y un helicóptero policial.

A la medianoche los bomberos de Cañuelas (recordaran que se trata de la misma localidad donde funcionaba la “clinica extraterrestre” de Jerez, ver
nota de Agostinelli en CdeU, especial de Ummo) lo encuentran con el auto cruzado en medio de la ruta 205, a 150 metros del cuartel, aferrado al volante, sin recordar nada de lo que le había sucedido en esas nueve horas
Los testigos directos (5 CHICOS DE ALREDEDOR DE 5 AÑOS CADA UNO y que el remisero transportaba en su auto desde la escuela a sus casas) afirman que nunca dejo de conducir, iba para alla, venia para acá, paraba, parecía
desorientado, pero NUNCA DEJO EL ASIENTO DEL AUTO!
Si los testigos hubieran sido mayores el hecho no habria acontecido. Si hubiera ido solo, quizá nadie le creería (y su mujer menos!), y quiza algún ufólogo hubiera sugerido una sesión de hipnosis para que “recuerde” lo que le ocurrió en esas 9 horas … casi seguro una abducción ET.

Por ultimo, como los padres de los chicos denunciaron su desaparición, se inició un proceso judicial penal caratulado “Secuestro”!

Que proceso cerebral habria causado esta “ausencia” en el remisero?

Pudo haber sido “disparado” por el stress producido por su situación económica, tema que lo preocupaba mucho, de acuerdo a sus familiares?

 

Autor: Alejandro Chionetti

Publicado en UFO EXPRESS

N°16 abril de 1983

 

VISIÓN OVNI

Investigación Científica del fenómeno OVNI

 

Reedición a cargo de masrionegro 18/9/2020

 

Acerca de Raúl Díaz

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