El día de los árabes. Muchos eligieron los pueblos de la Línea Sur rionegrina para radicarse

 

Llegaron a estas tierras venidos desde los exóticos países del Oriente trayendo sus nostalgias y costumbres. No se sabe porque circunstancia eligieron para radicarse los pueblos de la Línea Sur rionegrina. ¿Por su paisaje, similar al de sus pueblos?

Lo cierto es que aquí se asentaron y formaron familias numerosas. Establecieron casas de comercio con nombres como “La Flor de Siria”, “La Estrella del Líbano” o similares.

Aprendieron trabajosamente el castellano y paulatinamente se fueron integrando a sus comunidades. Abrieron surcos con sus carros de mercachifle y divulgaron la exquisitez de su gastronomía.

Siempre se les llamó por error “turcos” y dejaron un montón de anécdotas risueñas. Algunos de ellos ya con familias formadas y un pequeño capital pudieron cumplir el sueño de visitar nuevamente sus países de origen. Otros murieron con toda la nostalgias de su tierra natal. De alguna forma fueron pioneros.

Soportaron las inclemencias del clima patagónico, se sobrepusieron a los miles de contratiempos que la Patagonia presenta a sus pobladores.

Sus hijos y nietos ocuparon escaños de prestigio en la sociedad y se integraron definitivamente a esta tierra generosa que un día los supo cobijar  con abrigos de madre.

¿En qué casa de de estos inmigrantes no hay un mortero, una botella de anís o un narguile? ¿Tal vez algún Corán escrito en árabe?

Sus apellidos ya son tradicionales en cada uno de los pueblos de la Región Sur y la impronta de sus pasos por ellos está escrita con la tinta indeleble de sus sueños.

Así llegó mi abuelo Amed Ardín desde su Baalbek natal, con su esposa oriunda de Chile. ¿Por qué acá se cambió su nombre y apellido por el de Julián Luna? Nadie lo sabe.

Así también llegó mi tío don Jacinto Mohamed Direne y se casó con una hermana de mi abuela. Sus comercios de Ramos generales aún perduran en el recuerdo. En sus abarrotes había mercaderías para todas las necesidades.

El tiempo como la vida misma fue pasando pero sus tradiciones aún perduran en las comunidades y pueblos de la zona.

El 22 de noviembre se festeja la Independencia de El Líbano, ese hermoso país de los cedros que dio poetas tan exquisitos como Kalil Gibran. El aire se colma con los bailes tradicionales, las mesas con los manjares, las copas con el blanco anís turco y el humo de los narguiles invade los ambientes fraternos de los descendientes de esta comunidad.

En una foto se aprecia a don Jacinto Direne, su esposa doña Ema y sus hijos, pioneros de Valcheta. Se puede decir de todos ellos que no pasaron en vano: dejaron improntas, al decir de Elías Chucair.

A las comunidades del mundo árabe, salud.

 

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

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