Casonas cerca de Patagones y Viedma. Estancia Los Álamos. Detalles de 6 crímenes

Hace unos meses me puse en contacto con María José Salvá, “Majo”, una de las dos herederas de esta hermosa estancia ubicada sobre el camino de las Salinas que llega a Chapalcó, un lugar increíble con un paisaje encantador y atenuado por los suaves pastizales medanosos, a veces salpicados de caldenes y chañares, a veces con oasis verdes que encierran historias rodeadas de misterios pero que no son imposibles de descubrir.

Resulta que en mis épocas universitarias, mi hermana y yo habíamos visitado el lugar en uno de esos viajes educativos que se organizaban desde la Cátedra de Geografía y Recursos Naturales en la carrera de Turismo de U.N.S. allá por finales de los años 90.

Año a año siempre que pasaba por la tranquera, cuando me dirigía hacia Chapalcó, me quedaba intrigada por saber más de este lugar, tenía curiosidad por entender más de su historia.

Pasado un tiempo y luego de haber atado varios cabos sueltos (los me conocen saben que no puedo quedarme con la espina), supe que la Estancia Los Álamos coincidía con la ubicación de otro lugar muy renombrado de la zona. Entonces le consulté a Pedro Stefanazzi por la famosa Estancia de la Familia Galíndez y gracias a él pude tomar contacto con Majo y así poder escribir esta apasionante historia.

Todas las pistas me llevaban a un mismo lugar y debido a que crecí enredada en las historias que siempre me contaba mi abuelo materno, Don Adamo Cecchi, y más tarde recordar esas historias a través de mis viejos, descubrí por mí misma que allí en ese hermosísimo establecimiento rodeado de álamos, había ocurrido la Masacre de Las Salinas.

Era entonces la ex Estancia Salinas Chicas, propiedad de Antenor Galíndez y familia quienes fueron cruelmente asesinados el 23 de marzo de 1927, fue un hecho que consternó al país y se replicó en diario internacionales.

 El ingeniero don Antenor Galindez y Da. Elena María Teresa Molina Segura de Galindez, junto con dos de sus hijos, fueron asesinados en su estancia «Salinas Chicas», en Médanos.

Este atroz crimen se reprodujo en los diarios de aquel entonces: «Caras y Caretas», «La Nación», incluso «La Voz» de España, «El Sol de Madrid», entre otros. Luego, en el 2011, el escritor Walter Katz publicó un libro llamado «La masacre de Salinas Chicas», que retoma las crónicas del cruento asesinato.

El matrimonio vivía en una sencilla casa de campo, muy austera pese a sus 50.000 hectáreas, la finca se encontraba arrendada y la casa podría ser similar a la de sus empleados, diferenciándose por las reformas edilicias, los objetos de valor, libros que acostumbraba leer la familia, pero sin ninguna ostentación, el matrimonio era más bien medido, su mesa apenas para los miembros de la familia y Antenor era muy cuidadoso con el dinero.

 El motivo del asesinato, pudo ser por una posible discusión y un deseo macabro para quedarse con la propiedad, dinero y joyas que no estaba bien planeado. Don Antenor de silueta delgada había contratado obreros y albañiles para la remodelación de la propiedad, estaban dispuestos a quedarse más de lo que acostumbraba y ello precisaba reformas edilicias, doña Elvira al contrario era de silueta robusta no era muy austera, pero se adaptaba fácilmente a las circunstancias, su familia tuvo una de las fortunas más grandes de Catamarca en 1860, su abuelo paterno don Samuel Molina junto a su hermano fundaron la Casa Molina Hermanos, luego en 1857, asociado a Adolfo Carranza, fueron importantes mineros.

Llegaron a la Estancia para realizar las refacciones de la casa, los europeos Jacobo Presbert o Presberg, Gregorio Russin, Salvador Marino y a su esposa Elvira Farulla, estos dos últimos eran jóvenes de 24 y 20 años provenientes de Italia que estarían bajo el mando del capataz Federico Winkler. Salvador Marino, Elvira Farulla (posiblemente anarquistas), Jacobo Presbert o Presberg y Gregorio Russin, juntos planearon la masacre.

 Una de las hipótesis fue el reproche de estos europeos de las malas condiciones laborales y salario en relación al trabajo, una discusión sobre este asunto con don Antenor Galindez. Pero también se tejieron diversas teorías sobre lo que motivó a los criminales, lo cierto es que la familia Galíndez no tenía muchas joyas y el campo se encontraba arrendado, por lo que el crimen les resultó más pasional (entendiéndose el sentimiento de odio) que económico.

Fueron, entonces, brutalmente asesinados el matrimonio Galíndez, dos de sus hijos, Samuel e Irene, y del personal que trabajaba en el lugar: una mucama llamada Emilia de García y el encargado de la estancia, Federico Winkler. Los cuerpos fueron hallados semi enterrados en la parte trasera de la casa varios días después. Un peón y vecino don Serafín Pérez fue a visitar la hacienda de los Galíndez, se sorprendió por el abandono y una puerta abierta que dejaba ver la sangre en su interior, en todo el comedor, dio aviso a la policía, el comisario Enrique Goñi no tardó en llegar, en el pueblo hospedado en una posada capturaron a Presbert o Presberg quién brindó las confesiones del asesinato culpando al matrimonio italiano (Salvador Marino y Emilia Farulla) de instigar al crimen. La búsqueda de los restantes asesinos se realizó hasta en Colonia del Sacramento, Montevideo Uruguay, y todo el país.

Los autores confesaron culpándose mutuamente, aunque el primero en caer fue Presberg, quien describió que fue obligado por la pareja italiana a perpetrar el brutal crimen y detalló que tomaron el dinero y joyas, y se fueron de la estancia de Salinas Chicas rumbo a distintos lugares, Presbert o Presberg permaneció en el pueblo, hospedándose en una posada de un señor Balbín donde fue encontrado por la policía luego de su confesión al comisario Goñi se buscó intensamente a los homicidas.

El periodista Hernán Guercio, reconocido periodista bahiense, señala que Gregorio Russin y Salvador Marino, obtuvieron la prisión perpetua, sindicados como los asesinos; a Jacobo Presberg, le dieron 20 años de prisión y Elvira Farulla, 17 años de prisión por complicidad, aunque obtuvo la libertad condicional. Fueron enviados al penal de Sierra Chica a la espera de la decisión definitiva de la Suprema Corte de la Provincia».

Más allá de lo aterradora que resulta leer esta historia y que en mi relato no podía faltar porque justamente ocurrió en el lugar del que hoy les voy a contar, quiero destacar que mi objetivo en esta oportunidad es resaltar la otra parte de la historia que a mí más me gusta y espero que a ustedes también.

La Estancia Los Álamos justamente lleva el nombre de esta especie arbórea, que aunque introducida, logró adaptarse muy bien no solo a nuestro suelo sino también al paisaje. En este caso el establecimiento posee una enorme cortina de álamos que protege los vientos del sur y recrean un reparo ideal con tintes boscosos, generando dentro un pequeño micro clima.

Este lugar pertenece actualmente a Don Alberto Salvá, hijo de Helena Galíndez. Helena era nieta del matrimonio fundador de la estancia, es decir que era hija de uno de los hijos sobrevivientes de la masacre, y pese al cambio del apellido la herencia del establecimiento aún se mantiene en la familia, ya que Doña Helena se casó con Samuel Salvá.

En la actualidad la estancia cubre una superficie de casi 4.000 hectáreas, entre dos lotes, uno frente a las Salinas, donde se ubican el casco y demás dependencias, y otro en la costa de la Laguna Chasicó, donde se construyó un refugio y un pequeño muelle.

Fui con mi familia hasta las Estancia a charlar con Majo, quien ahora se hace cargo de las actividades del campo. Ella es ingeniera agrónoma, docente y vive en Capital pero reparte su vida entre la ciudad y la Estancia junto a su marido y sus dos hijos. Su papá aún pasa gran tiempo allí pero su salud a veces no le permite residir de manera permanente. Majo gentilmente me contó toda la historia pero la de la parte más linda, es decir, ella es consciente de la terrible trayectoria que de alguna manera marcó al lugar pero también reconoce que los mejores años de su vida transcurrieron allí junto a sus abuelos y a sus padres y eso, obviamente pesa más que todo lo anterior. Para ella el misterio es solo leyenda, y aún más de las bocas ajenas, porque su vida fue normal como la de cualquier chica de su edad.

Majo también me contó que la actividad principal es la cría de ganado vacuno, aunque no siempre fue así, ya que hubo una época de muchas aventuras familiares y vivencias entrañables que marcaron años de servicios referentes a la actividad turística… Acá viene la parte que más me gusta…

Alberto, se casó con María Cecilia Fraga, Marycel como la llamaban comúnmente, y en su residencia de Capital Federal nacieron sus dos hijas, María José y Jimena. Durante muchos años y hasta el día de hoy el tiempo transcurría entre la gran Buenos Aires y el campo, idas y venidas, viajes incansables para estar durante los fines de semana largos y vacaciones esperadas en este hermoso lugar.

Cabe decir que la casona antigua de los Galíndez aún se mantiene en su aspecto casi original, su arquitectura es modesta y con algunas reformas posteriores, sigue en pie junto al galpón de chapa de aquella época. El parque tiene especies variadas de arbustos, pinos, eucaliptus que se van entremezclando con las onduladas lomas repletas de junquillos. Toda la zona de caserío que contiene la Estancia está enmarcada por estos médanos verdes que brindan ese reparo del lado Norte, por eso junto al bosque de álamos el lugar parece tener un clima especial, muy particular por la zona que ocupa.

Durante algunas épocas la familia Salvá se instaló en la Estancia por largos períodos para manejar de cerca las actividades rurales, pero algo nuevo surgió en 1997 luego de que Majo volviera de hacer una cabalgata a Mendoza, mientras cursaba el cuarto año de la secundaria. El viaje muy significativo para Ella, ya que no solo tenía como objetivo cruzar a caballo la mágica Cordillera de los Andes hasta Chile y volver, sino que para Majo este viaje fue toda una aventura porque durmieron a la intemperie con solo el cobijo de las monturas y bolsas de dormir, sin dudas fue una experiencia inolvidable para ella.

Volvió tan fascinada de su viaje que su mamá al escucharla pensó que sería interesante poder brindar el mismo servicio dentro del establecimiento encuadrado en el turismo de aventura y el turismo rural… Y no se equivocó… fue una idea brillante que atrajo a muchos aficionados por este tipo de experiencias.

Marycel comenzó ofreciendo cabalgatas en la estancia, primero fue adquiriendo monturas chilenas, que son las que vienen armadas con corderito y estribos cerrados para que sean más seguros de colocar el pie y armaron un pequeño campamento cerca a la casa principal, con baños de material, mesas de madera, allí se ubicaron las carpas para los visitantes y otra más grande tipo las del ejército para usar de comedor. El recorrido a caballo se hacía por los senderos de la estancia, uno llegaba hasta el arroyo Chasicó y otro a la laguna, cruzando el ex Vivero Von Humbolt y el otro era hasta Las Salinas, se hacía noche en campamentos alrededor de un fogón y al otro día regresaban. Las noches de luna llena también eran ideales para ofrecer como opción de cabalgatas. Otra de las actividades que ofrecían eran las referidas al trabajo con la hacienda.

Todas estas actividades comenzaron ofreciéndose durante los fines de semana largos o vacaciones, y más tarde se sumaron servicios de pesca, por lo tanto comenzaron a brindar el recorrido en lanchas por la laguna, con guía y elementos de pesca de pejerrey, también incluía el servicio de hospedaje en cabañas que fueron construidas más tarde para los pescadores, con baño privado, comedores con cocinas y fogones, todo preparado para una excelente estadía.

Llegaron a hospedar a 24 personas, todas juntas y divididas por grupos y llegaron a contratar a tres personas más para ayudar a la familia. Venían turistas de todos lados, generalmente de Buenos Aires, Capital Federal e interior del país, pero también recibieron visitantes de Estados Unidos, Francia, Dinamarca, etc. Tiempo después algunos de los pescadores querían hospedarse más cerca de la Laguna, por lo tanto Marycel armó una especie de refugio en el campo lindero al espejo de agua, que fue una especie de “carpa mejorada”, como solía llamarla.

Marycel solía participar de varias de las ferias de turismo que se realizaban en Bahía Blanca y en Buenos Aires para atraer y promocionar el lugar. Como pueden ver, todo se hacía en familia, con mucha dedicación y esfuerzo. En 1998/1999 una productora internacional grabó un documental sobre la vida de un puma y establecieron sus locaciones fílmicas en la Estancia. Lamentablemente el material no está disponible para verlo pero apelamos a que alguien al leer esta historia si la tiene la comparta o nos avise.

En 2007, Helena y Marycel fallecieron en un accidente cuando ambas volvían de Bahía Blanca, nada volvió a ser como esos años, pero hoy el sol brilla a través de las risas que retumban de los arboles cuando llegan los nietos. No todo es tan triste ni tan trágico, si bien fue una gran pérdida que los afectó en lo más profundo, como familia supieron reponerse y mantener el futuro en una familia llena de amor y unión.

Majo me contó como era su abuela Helena…”Mi abuela era una genia total! Súper compinche, re buena onda.

Compartimos muchas cosas, desde ver películas juntas y llorar hasta la última lágrima, hasta tomar unos ricos tragos dulces. Cocinaba espectacular, de hecho durante mucho tiempo de alguna manera era quien preparaba los menús para los visitantes que venían a disfrutar de las cabalgatas y de la pesca… Según mi mamá una re buena suegra”.

De su mamá, le cuesta expresarse sin que se le suelten las lágrimas, pero su hermana Jimena logró poner en palabras como era Marycel…” una persona que dejó su huella en cada alma que tocó. Una mujer con empuje, con un corazón generoso y noble, una persona de esas que no se encuentran todos los días. Supo hacerse un lugar en cada mundo al que visitó, supo sortear los obstáculos que la vida le presentó con una sonrisa amable, supo ver siempre el lado lindo de las cosas y enseñar al mundo a verlo, supo contagiar sus ganas de vivir. Marycel era una persona que jamás se daba por vencida, que recordaba siempre lo dichoso de la vida y que predicaba la empatía, estando siempre presente cuando alguien la necesitaba…en fin, era una persona extraordinaria, fuera de lo común, fuera de lo habitual… una de sus frases que más me marcaron fue “Cada persona que ves, está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable siempre”. Frase que hoy le enseño a nuestros hijos, sus nietos. Ella era todo lo que se podía querer de una mamá…. Compañera, amiga, sostén, leal, presente, era esas personas que siempre estaba un paso adelante, mostrándote que había estado atenta a tu necesidad y se había ocupado de ella; pero lo maravilloso que tenía, es que no solo era así como madre… era así con cada una de las personas que conocía y quería, prueba de ello… cuando la vida decidió que era momento de partir pasamos mucho tiempo recibiendo llamados, mensajes y muestras de cariño de gente de todas partes del país, que como nosotros, entendieron que su partida había sido un triste y temprano arrebato del destino”.

Aún se huele en el lugar esa magia que trasciende, se siente una energía que atrae a la curiosidad y aún se despiertan los sentidos por todos los aromas que se entremezclan con el de la salinas y el monte, y aún hoy pese a todo se puede decir que algunas historias pueden tener finales felices… Y acá entre los álamos se respira felicidad.

Gracias Majo! Gracias familia!

Les comparto algunas fotos para que aprecien la belleza del lugar, algunas las tomé personalmente y otras (la más lindas) me las envió Majo.

Gracias totales a Pedro Stefanazzi Fernando Rabanedo Hernan Guercio

Texto: Noelia Sensini

Acerca de Raúl Díaz

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