El pintor de la ría. Hasta construyó un baño redondo en su propia casa en Río Negro

Desde el ventanal de su pintoresca casa artesanal, entre el humo del tabaco, el pintor despliega sus telas para plasmar con vívidos colores la magia de la ría de San Antonio.

En su espacioso living vive rodeado de antigüedades, plantas de interior, libros, artesanías y muchos, pero muchos recuerdos de su querido San Antonio Oeste.

El “Pato” Mirano es todo un personaje. Muestra con verdadero orgullo viejos recortes periodísticos que destacan sus dotes de actor. Es que fue nada más ni nada menos que el protagonista del medio metraje del cineasta Salvador Luis Cambarieri, “Un hombre solo” ambientado en la hoy deshabitada Mina Gonzalito, y que recibió varios premios.

Ningún arte es ajeno a la inquietud del “Pato” Mirano. Escruta con ojos de artista la vida a su alrededor: los pájaros, las plantas, los pececitos de colores. Mientras tanto su oficio de pintor de letras y murales se perpetúa propagandas comerciales.

Conoce como nadie la fauna de la ría y nombra a los pájaros por sus nombres. Será por eso que lo visitan en forma asidua.

Pero el “Pato” también escribe. Despunta con las palabras parte de los personajes y los hechos de su ciudad querida. Pareciera que sus versos, como sus cuadros, tienen sentimientos y colores. Los colores que la vida impregna a los sanantonienses; el mar, la costanera, los barcos, las redes, los muelles, los galpones, las casonas antiguas.

Por eso, en esta última obra el “Pato” Mirano describe con emotivas palabras y colores a un verdadero personaje gran caminador de su paisaje. La pintura y el poema hablan por sí solos.

Su casa artesanal sorprende a los visitantes y está realizada por él mismo con toda su originalidad y buen gusto. La mayor creación de Mirano es un baño, pero ¡redondo!!

El fogón de su comedor y los amplios ventanales sobre la ría dan calor de hogar a la casa del “Pato”. Allí sueña y trabaja, escribe y pinta. Alimenta miles de pajaritos que lo vienen a visitar. Recibe con cordialidad a los amigos que lo visitan. Lee la Biblia. Y se siente querido y estimado por sus vecinos.

Se emociona cuando cuenta la vez que vio sobre su cabeza un enorme plato volador, que casi apaga la luz del día. Con muchas ventanitas, dice el Pato.

Sueña con poder construir una casa faro para atracción de los turistas y él mismo confecciona los planos de esta obra.

La tarde se va sobre San Antonio Oeste. El “Pato” Mirano sigue contando recuerdos entre el humo de su cigarrillo. Otro pueblo más chico y feliz brilla en sus ojos. Yo me despido y lo dejo entre sus cosas. Creo que es un hombre bueno y feliz.

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

 

 

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