Salgo a caminar por las calles de Las Grutas

 

Salgo a caminar por las calles de Las Grutas. La mañana es propicia para un buen paseo matinal. Al decir de mi tío Ricardo Castañeda “hoy va a cantar la chicharra”, es decir que hará mucho calor. Ya era hora que señor verano se digne a asentar sus reales, pero pueda ser que el bochorno del día no nos castigue mucho.

Ya escucho el rumor del mar invitando a buscar en él alivio al calor que a pesar de ser temprano ya se hace sentir.

Pienso en mi pueblo de Valcheta donde el verano se hace sentir más, solamente en las riberas del arroyito hay un cierto frescor. La arboleda presta su sombra generosa a los vecinos. No sé qué harán mis amigos los loros para prevenir la insolación implacable.

La línea del mercurio en los termómetros no para de subir. Imperceptiblemente, pero sube.

Yo ya estoy en la tercera bajada. Atrás del Casino todo me habla del mar y las olas me cuentan sus cosas y yo las mías. Ya algunos veraneantes están en la playa y escucho los pregones de los vendedores ambulantes.

Como siempre en estos días he salido con del barbijo puesto porque ya es parte de nuestra indumentaria y de nuestros hábitos cotidianos.

Hoy casi no hay olas  el mar del “golfo más azul del continente” está como planchado, tal como vulgarmente se dice. Me saludan las gaviotas. Y las loradas me dicen que están muy apenadas por la enfermedad de sus congéneres del balneario El Cóndor, allende los pagos dela comarca. Yo pienso que a lo mejor están de pandemia como nosotros. Les encomiendo que se cuiden. Me cuentan que un compañero de ellos se posó sobre uno de los cables del alumbrado público y se murió electrocutado. ¡Pobrecito!

La Galería Casablanca me trae viejos recuerdos. Está cambiada pero para mí será siempre la misma. No puedo con mi genio y me compro un anillo de fantasía con una piedra roja engarzada en los locales de los senegaleses. Salgo contento.

Sigo caminando y miro las pizarras con ofertas de fiambres, quesos y de otros comestibles. En algunos escaparates veo la palabra OFERTÓN y palpo mis bolsillos ya exangües. En otras leo FOR SALE, como no entiendo sigo mi camino.

Cada vez que camino por la costanera me acuerdo de Páez Vilaró y de su Casa Pueblo. Acá quedaron sus murales, un tesoro cultural de Las Grutas.

El calor ya se hace sentir. Es hora de regresar a casa. Pero antes sacó mi celular del bolsillo y le tomo unas fotos a la escultura de brazos abiertos, que mi hija me dice que representa un barco y a la brújula con una enorme ancla de color negro. Me siento todo un marinero.

Feliz emprendo el regreso. Será la hora, como siempre digo, del reposo del guerrero. Saludos para todos. Me olvidaba que hoy es el cumple del amigo Jorge Íncola, así que brindaré a su salud.

 

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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