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El naufragio del Ludovico en Bahía Creek, en 1916 en la costa marítima rionegrina

Las comunidades de la Comarca Viedma-Patagones nunca pudieron imaginarse que a bordo del vapor chileno “Ludovico”, un clásico entre los naufragios de la zona –como “El Cóndor” o el “San Giorgio”- pudiera encontrarse el oficial de la marina alemana Wilhem Canaris, posteriormente jefe de la Abwher.

El libro “Nazis en el Sur”, del periodista y escritor Carlos Di Napoli, consigna ese dato por entonces desconocido, al relatar la odisea del “Dresden” y su refugio en Chile, después de haber sido el único navío sobreviviente del enfrentamiento entre las flotas alemana y británica en la batalla de las Malvinas, en 1914.
 
Di Napoli asegura que Canaris, después de estar internado como refugiado en Chile, rehusó integrar un plan de fuga con sus camaradas del “Dresden” y se embarcó en el vapor Ludovico “que por un error de navegación” naufragó en las costas rionegrinas de Bahía Creek en 1916.

A muchos años de la culminación de la segunda guerra mundial, todavía se escuchan en los más inimaginables lugares de la Patagonia, alguna que otra referencia a las presuntas o reales incursiones clandestinas de los submarinos nazis o personajes del malogrado Tercer Reich, al que Adolf Hitler le pronosticara fallidamente mil años de existencia.

Sobre este tema, toda una prolífica bibliografía aparecida en la última década , ha servido para despertar el interés en vastos sectores de la opinión pública que consumen ese tipo de lecturas para ratificar antiguas suposiciones o creencias, o para desechar afirmaciones que se consideran mas cercanas a la fantasía que a la propia realidad de los hechos.

No obstante, resulta obvio que la radicación de colonos alemanes a lo largo de todo el litoral marítimo -al Sur del río Colorado- dedicados a la actividad comercial y especialmente a las explotaciones ganaderas ubicadas en la zona costera, facilitaron las hipótesis vinculadas con apoyatura logística a unidades de la marina alemana, e incluso desembarcos de tesoros o cargas misteriosas o jerarcas del régimen de la cruz gamada en la zona.

Todo ello, por supuesto en el contexto de administraciones proclives al Eje (Alemania, Italia y Japón) como los que tuvo Argentina y que desembocaron, primero en el de la denominada Revolución de 1943, y después en el gobierno de Juan Domingo Perón, que en su segunda presidencia facilitó el ingreso de miles de refugiados alemanes después de 1945, muchos de los cuales, como Adolf Heichmann, resultaron notorios criminales de guerra buscados por los tribunales aliados.

Tal vez el caso más emblemático, por lo menos para los patagónicos, resulte el de Erick Priebke, que arribó al país con su propio nombre y vivió muchos años en San Carlos de Bariloche dedicado a las actividades comerciales y culturales, como líder de la comunidad germana lugareña, hasta que su pasado como uno de los responsables de la masacre de las fosas Ardeatinas, en Roma, determinaron su extradición a Italia, donde fue juzgado y condenado.

Nazis en la Norpatagonia

Una de las versiones que es motivo de comentarios, sobre el que no existen pruebas serias, pero que muchos pobladores dan como ciertas, son las que mencionan la presencia de submarinos alemanes en los años anteriores y durante la segunda guerra mundial en el área de la Bahía San Blas, a 100 kilómetros al Norte de Carmen de Patagones.

Seguramente la historia más conocida es la que menciona la existencia de los U-Boote alemanes hundidos en Caleta de los Loros, sitio de la costa marítima rionegrina cercana a San Antonio Oeste, a 180 kilómetros de Viedma. Este acontecimiento fue repetido como cierto por antiguos pobladores del lugar que aseguran haber visto los cascos de navíos durante las más bajas mareas, y además, existen también los testimonios de pilotos experimentados que sobrevolaron en varias oportunidades las siluetas de los dos submarinos siniestrados, ubicados muy juntos y a relativamente poca distancia de la costa.

Este caso ha sido uno de los abordados por el periodismo, en los últimos tiempos. Tanto el diario porteño “Ámbito Financiero”, como otros investigadores privados impulsaron campañas de investigación y exploración del área marítima indicada, empleando navíos e instrumental apropiado, sin que hasta el momento pudieran ser ubicados los sumergibles alemanes.

Seguramente, el trabajo más serio que se conoce en la región, fundamentado con documentos, entrevistas y otros importantes testimonios, es el realizado por el periodista Abel Basti, quien publicó en sucesivas ediciones del diario “La Mañana de Neuquén” numerosos artículos de gran repercusión pública sobre la presencia de nazis en Argentina.

La última obra de Basti, y seguramente la más notoria, es “La guía nazi de Bariloche”, un pormenorizado trabajo de investigación donde aparecen nombrados cada uno de los alemanes que llegados finalizada la guerra, la mayoría ex nazis, vivieron allí, integrando esa comunidad andina.

Canaris y el “Ludovico”

Recientemente, un libro de la editorial Grupo Editorial Norma, titulado “Nazis en el Sur”, impreso en 2006 desarrolla una interesante temática que va mas allá de las cuestione conocidas, ocupándose –por ejemplo- de los intentos germanos por conquistar las islas Malvinas y de la alucinante expedición de ocupación a la Antártida en 1939, que finalmente fracasaron.

Carlos Di Napoli, el autor de este libro, que también es coautor con Juan Salinas de “Ultramar al Sur”, menciona como dato menor al ocuparse de las redes de espionaje y soporte estratégico montadas por los alemanes en los años de la primera guerra mundial al oficial Wilhem Canaris, quien muchos años después llego a ser jefe del servicio de inteligencia de la Kriegmarine, y estrecho colaborador de Adolf Hitler, mandado a fusilar por el fhürer en las postrimerías de la última guerra mundial.

Di Napoli comenta los prolegómenos de la invasión alemana para desalojar a los británicos del archipiélago de Las Malvinas, explicando que el motivo clave de esa decisión militar fue lograr puntos eficientes de aprovisionamiento que permitirían comenzar a disputar seriamente el control de los mares a Inglaterra, la principal potencia naval del momento.

También asegura que una vez logrado el objetivo “… si además lograban trasladar a las islas suficiente cantidad de tropas, y sobre todo de submarinos, que ya por entonces asomaban como arma temible, las posibilidades inglesas de recuperar su base serían ínfimas”.

Después describe el avance de la flota del almirante Von Spee, quien había decidido invadir las islas el 8 de diciembre de 1914, cuando derrotó a una avanzada británica que intento interceptarlo a la altura de Concepción, en Chile, para cruzar luego el Cabo de Hornos en dirección a su objetivo.

La instancia decisiva se cumplió en las cercanías de Port Stanley, donde aguardaba una flota completa al mando del almirante Frederick Sturdee. Los alemanes sufrieron una verdadera catástrofe, fueron hundidos todos sus barcos y miles de marinos murieron en las frías aguas, y solo escapó del desastre el Dresden, uno de cuyos tripulantes era Wilhem Canaris.

Agrega “que los biógrafos de Canaris presentaron la fuga del Dresden como un hecho heroico , aunque la verdad es que el crucero logró salvarse por encontrarse retrasado respecto de sus compañeros –las razones no son muy claras- y por la valentía del almirante Von Spee, que decidió enfrentar a los ingleses para permitir la retirada del resto de la flota”.

Canaris fue internado en Chile con otros compatriotas, -tripulación que hundió el Dresden cuando fue sitiado por los ingleses- y huyo de ese país” perjudicando por otra parte a sus compañeros que tenían mejores planes. “Canaris se hundió con el “Ludovico” en Bahía Creek”, señala con seguridad el autor de “Nazis en el Sur”.

Sobre esta cuestión se detiene Di Napoli y afirma textualmente”…En agosto de 2003 el autor de este libro dirigió una expedición a la zona de Viedma-Carmen de Patagones. Había decidido el viaje un correo electrónico recibido el 23 de abril de ese año, firmado por el piloto de Aerolíneas Argentinas, Fernando Castillo”.

El mensaje decía que algunos años atrás, volando la ruta Viedma-San Antonio Oeste “… vi algo que me llamo mucho la atención, era algo parecido a una gran garrafa, lo que inmediatamente relacioné con un submarino o una sección de tal. Mi impresión fue la de estar viendo la popa que apuntaba al cielo en un ángulo de quizás 30 grados, saliendo de la arena varios metros, 5 metros tal vez, encontrándose a escasos 50 metros de la costa de acantilados, sobre la arena, totalmente fuera del agua (probablemente la marea estaba baja)”.

En otro párrafo subraya “… los restos encontrados en Bahía Rosas, que desee el aire efectivamente daban la indudable impresión de ser un sumergible, no correspondían a un submarino sino al “Ludovico”, el vapor chileno, en el que en 1916, había huido de Chile Wilhem Canaris, donde se encontraba internado tras el hundimiento del Dresden”.

Un naufragio más

La referencia que hace Di Napoli es la primera que se conoce en la región donde se produjo el hundimiento del “Ludovico” en diciembre de 1916, que siempre fue comentada por los lugareños como un naufragio más de los varios sobre los que se tiene memoria.

Hasta la aparición de “Nazis en el Sur” solo se sabía que el vapor chileno encallado en las restingas de Bahía Creek, muy cerca de la costa, donde todavía conserva una de las calderas enterradas en la arena, que efectivamente se deja ver durante pronunciadas bajamares.

Desde siempre se supo que producido el naufragio, la tripulación se agrupó en la costa, encendiendo fuego para calentarse y pedir ayuda. El primero en llegar a tomar contacto con la tripulación fue el vecino Pedro Bernardo Andersen, encargado del establecimiento de campo cercano “El Ñandú”, propiedad de familia Humble, quien de inmediato ofreció alojamiento y comida, dando aviso a las autoridades.

El capitán y su tripulación abandonaron el barco y se ausentaron con destino a Buenos Aires. El “Ludovico” fue prácticamente desmantelado por curiosos y visitantes, y despojado de las chapas de acero de su casco, maderas y el importante cargamento de mercaderías depositadas en sus bodegas.

Con el tiempo y por la acción del mar sus restos desaparecieron y su nombre pasó a formar parte de la rica historia regional.

Publicado por Agencia Periodística Patagónica (APP), Viedma

Fotos interior de la nota: diario Río Negro

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