En Valcheta un policía no dejó pasar al gobernador. El arma reglamentaria en el pecho

 

Don Emilio Rada, un antiguo poblador de Valcheta, sabía contar esta historia donde un agente de la policía territoriana asentado en Valcheta le impidió el paso nada menos que al entonces gobernador Ingeniero Adalberto Torcuato Pagano, en riguroso cumplimiento de su deber.

Solía contar que “cuando se comenzaron a construir las comisarías en la Línea Sur (de gran belleza arquitectónica” durante el gobierno del gobernador Pagano, él personalmente como solía acostumbrar venía a controlar las obras, por toda la línea”.

Según recordaba don Emilio en su testimonio “habrá sido por el año 1929, cuando aquí, el destacamento no tenía un domicilio fijo; se cambiaba de rancho en rancho por falta de seguridad y de espacio”.

“En esa oportunidad, funcionaba en dos piecitas de adobe, donde está ahora la casa que ocupa la oficina de Trabajo y Previsión”. La nota, aclaramos, realizada por la escritora Josefina Gandulfo Arce de Ballor a don Rada fue realizada a principio de los años 70.

“El gobernador, ingeniero Pagano, venía en forma mensual. Es así que llega al Destacamento y en la puerta, de guardia, se encontraba un agente. El entonces gobernador avanzó sin pedir permiso y el agente se le puso por delante. Entonces Pagano le pregunta: -¿Cómo se llama usted? –Y a usted que le importa le responde el uniformado. Don Adalberto Pagano, con más energía trata nuevamente de avanzar, haciéndolo a un lado. El agente, en un ademan veloz, saca el arma y se la pone a la altura del pecho. Sin moverse el gobernador insiste: -¿Cómo se llama usted?. El agente no contesta. Se va adentro y le informa al oficial. Cuando éste sale y se encuentra con el gobernador, palidece tomándose la cabeza con ambas manos”. El señor gobernador, muy paciente, le averigua al oficial el nombre del fiel cumplidor del deber”.

“A la semana de lo ocurrido, procedente de la Jefatura de Policía de la ciudad de Viedma, llega el ascenso a cabo del fiel y corajudo agente que se apellidaba Gone”, agrega sonriente don Emilio Rada. –Y había que verlo lucir las nuevas jinetas!!

Historias como estas son comunes de empleados celosos de su trabajo que cumplen puntillosamente sus obligaciones.

¿Acaso el brigadier Juan Manuel de Rosas y el general José de San Martín no dejaron testimonio de casos similares donde valientes soldados dieron cumplimiento de su deber no importando quien fuese el que no respetara las consignas.

 

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta (Río Negro)

 Reedición

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