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Han visto al enfermero beato Don Zatti por barrios de Viedma luchando contra el covid

 

Dicen que lo han visto a Don Zatti por los barrios de Viedma, luchando contra el Covid.

Dicen que su paso por los sectores más populares es invisible a los ojos comunes.

Dicen que por allí, en alguna casa bien humilde, aparece un frasco de alcohol en gel o el diluido al 70 por ciento que nadie sabe quién lo llevó.

Dicen que a veces alguno de los agentes sanitarios y enfermeros que andan de recorrida, viendo y controlando a los pacientes aislados, siente que hay una compañía cercana, transmitiendo aliento, pese al cansancio que se acumula y por momentos se hace  insoportable.

Dicen que de noche, bien tarde, los perros callejeros se alarman porque huelen en el viento el paso sigiloso de un ciclista enfundado en un guardapolvo blanco, con su barbijo bien puesto desde la nariz para abajo, esquivando pozos, esparciendo bendiciones, canturreando algo así como “pasará, pasará, si todos nos sabemos cuidar”.

Dicen, también, que se enoja cuando se encuentra con un grupo de muchachos compartiendo una botella de cerveza en una esquina, o cuando descubre un asado de cumpleaños con diez o doce personas amontonadas en un pequeño comedor, o peor todavía si se entera que alguna persona bajo sospecha de contagio anda por la calle o fue a trabajar.

En esos casos, aprovechándose de su discreta invisibilidad, los asusta azuzando a los perros para que pongan bravos o les tira unos piedrazos sobre las chapas del techo, como para meter un poco de miedo.

Dicen que cuando vuelve a la Casa de Descanso Celestial se encierra en profundas oraciones, pidiendo por la curación de los muchos enfermos que llegan diariamente al hospital que lleva su nombre, acá en la capital rionegrina. Dicen que llora con lágrimas de mucho dolor cuando le llega la noticia de la muerte de algún vecino de esta ciudad que tanto ama.

 Dicen que está muy triste. Claro que todo el párrafo anterior es tan sólo una fantasía, una inspiración mágica con respeto y veneración a la figura de Artémides Zatti, imaginando que el espíritu inmortal del Pariente de Todos los Pobres está presente en el heroico esfuerzo de los trabajadores de la salud, del hospital y los centros de atención primaria de los barrios, así comoen las instituciones privadas. Pensando que el Beato de la Bicicleta nos extiende su protección, aunque no alcanza si no se extreman todos los cuidados: DISTANCIA, uso correcto de BARBIJO y buen LAVADO de manos (Di-Ba-La).

Tenerlo en la memoria colectiva es una forma de rendirle homenaje. En este 12 de octubre de 2020 se están cumpliendo 140 años del nacimiento de Artémides Joaquín Desiderio Zatti, tal su nombre completo, ocurrido en esta fecha del año de 1880 en el pueblo de Boretto, Italia, en la región de la Reggia Emilia.

Aquel joven inmigrante tano que  llegó a la Argentina en febrero de 1897 junto con sus padres y hermanos,  todo un grupo familiar tras la esperanza de un nuevo porvenir “en la América”.

Después, entre 1897 y 1900 vivió en Bahía Blanca, donde se despertó su vocación sacerdotal y ya con 20 años, partió hacia la ciudad bonaerense de Bernal para iniciar su aspirantado en la orden de San Francisco de Sales.

Pero estando en Bernal, durante varios meses del año 1902, cuidó en su lecho de muerte al padre salesiano Ernesto Giuliani y contrajo tuberculosis. Sus superiores lo separaron del claustro y decidieron enviarlo a Junín de los Andes “para cambiarlo de aire”.

Cuando llegó a Bahía Blanca estaba tan enfermo y exhausto que el padre Carlos Cavali, amigo de la familia, opinó que era más seguro destinarlo a Viedma, al Colegio San Francisco de Sales.

El tres de marzo de 1902 –hace poco más de 118 años- Don Zatti llegó a Viedma, para quedarse el resto de su vida. Fue de inmediato amparado por el sacerdote EvasioGarrone, ”el padre dotor” (según el apelativo de la gente) que lo internó en el Hospital “San José”, ubicado en la esquina de Alvaro Barros e Yrigoyen (donde hoy se levanta el edificio del Obispado).

Don Zatti inició el difícil proceso de su curación y le fue confiado el acompañamiento y atención de otro joven aspirante salesiano, también enfermo de tisis: Ceferino Namuncurá.

Impulsado por Garrone, Zatti hizo una solemne promesa ante la Virgen María Auxiliadora: si se sanaba se consagraría como Coadjutor Salesiano para dedicar toda su vida a atender los enfermos del hospital “San José”.

En 1911 falleció el padre Garrone y desde ese momento, hasta su propia muerte en marzo de 1951, Zatti estuvo al frente del hospital salesiano de Viedma, soportando la autoritaria y poco piadosa decisión de la Iglesia de levantar este centro popular de salud para edificar allí el Palacio Diocesano.

Se cuentan por centenas las anécdotas maravillosas que describen su enorme humildad, su vocación de servicio hacia los más necesitados y, sobre todo, su profunda espiritualidad de firme convicción cristiana.

Cuando Artémides Zatti murió, en la madrugada del 15 de marzo de 1951, ya estaba consagrado en el corazón de la comunidad viedmense como “el enfermero santo”.

En 1979, los obispos argentinos, en respuesta al pedido del pueblo de Viedma y Patagones, pidieron formalmente al Sumo Pontífice que se iniciara el proceso de beatificación.

En marzo de 1980 se declaró abierto el proceso y el 25 de octubre de 1996 “son aprobadas sus virtudes heroicas”, que lo reconocen como Siervo de Dios.

El siete de  julio de 1997 fue declarado Venerable y el 9 de marzo del 2000 la “Congregación de los Santos” reconoció oficialmente el milagro de la curación del padre Carlos Bosio, quien estando al borde de la muerte en 1980 –mientras era seminarista- se sanó prodigiosamente cuando sus maestros y condiscípulos realizaron “un novenario de oración a Don Zatti”. El 14 de abril de 2002, en Roma, el Papa Juan Pablo II beatificó a Don Zatti.

Ya en 1975 el hospital público viedmense recibió su nombre, pero desde 1955 en la esquina del centro de salud está emplazado un magnífico monumento en su homenaje, realizado por el gran escultor Luis Perlotti.  Esa bella obra de arte, que consiste en un busto y dos bajo relieves que representan momentos de la acción caritativa de Don Zatti, fue puesto en valor y remodelado en su basamento, en el año 2018, a través de una iniciativa de Amigos de Don Zatti y el Colegio de Arquitectos, con el respaldo de la Legislatura de Río Negro y el vicegobernador Pedro Pesatti.

La foto que ilustra esta nota es producto de un montaje. No es que se le haya colocado un barbijo al busto del querido Don Zatti. Pero la idea es preguntarnos:   ¿qué haría hoy el venerado enfermero? ¿cuál sería su puesto en la lucha contra el Coronavirus?

Seguramente, estaría en la vanguardia, tomando todos los recaudos de auto protección, pero muy activo en la visita casa por casa, que en los sectores de mayor riesgo de contagio es muy importante para la prevención. Recorrería las salas de internados controlando la respiración y el nivel de oxígeno en sangre, diligente y atento, siempre con una oración a flor de labios. Pero, claro: es lo que están haciendo (sin ser beatos ni aspirantes a la santidad)  todos y cada uno de los agentes del hospital Zatti(médicos, kinesiólogos, bioquímicos, enfermeros, agentes sanitarios, mucamas, psicólogos, asistentes sociales, camilleros, choferes, personal de limpieza y mantenimiento,  todas y todos, todes) y también un grupo anónimo de voluntarios que colabora en tareas de contacto con las personas que se someten al hisopado.

Don Zatti se merece siempre el reconocimiento. No dejemos de lado a los luchadores de hoy, aplausos y gratitud. (APP)

 

Texto y foto: Carlos Espinosa, periodista de Carmen de Patagones y Viedma

 

Publicado en APP, Agencia de Noticias Patagónica, de Viedma

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