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El poeta del corazón: José Reigadas Tarnos homenajeado por un escritor rionegrino

Escribía todo en versos y sus poemas servían de texto en la carrera de Medicina

Mi amigo, el poeta y escritor José Reigadas Tarnos, escribía en poesía sobre las enfermedades del corazón. Una de sus obras “La fisiología en verso”, publicada por la Editorial Cultural Universitaria, fue recomendada por la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, a raíz de su éxito entre los estudiantes.

El profesor Jorge García dice sobre la obra de Reigadas que “el autor le da un valioso y ameno tono nemotécnico, que se hace evidente sobre todo en temas como el que trata las diferentes patologías del corazón”.

Un soneto de este autor dice: “Este órgano de fibra bien templada, / más fuerte que el acero, es renombrado/ y en la física endecha apasionada. Presente en toda acción desesperada, / en el gasto valiente del soldado/ en el acto cobarde del menguado/ en el honor, en la conducta honrada.  Más aunque la verdad nos desencante/ esta víscera roja y palpitante / nunca ha sido cobarde ni valiente.  No ama ni odia, no es noble ni es artera/ no es buena, ni mala ni sincera/ sino un músculo hueco indiferente”.

En otro de sus poemas dice: “El somático estado en el confía/ el hígado, el cerebro, los pulmones, / el estómago, el páncreas, los riñones… / de todos es amparo y es vigía. Trabaja sin cesar de noche y día/ sin hacer a su esfuerzo concesiones, / pues un  paro fugaz en sus funciones/ un horrible desastre causaría.  Trabaja el corazón constantemente/ como sagrado esclavo y fiel sirviente/ del cerebro, rector que siempre ordena.  Y así, hasta la hora cruel, hora nefasta/ que deje de latir y diga: ‘Basta!, / acabándose entonces su condena”.

Sobre la presión arterial dice Reigadas Tarnos: “Hipertensión arterial/ es aumento persistente/ de la presión arterial. / Y se cree generalmente/ que este peligroso mal/ se debe a la constricción/ del árbol arteriolar/ o sea por un aumento/ de resistencia tenaz/ de las redes periféricas/ de ese campo vascular”.  La presión media normal/ aumenta como se sabe/ lentamente con la edad, / esto es que las arterias/ pierden elasticidad/ así como disminuye/ también su tonicidad”. Y en una estrofa final termina diciendo: “La famosa frase de Osler/ viene a cuento una vez más/ Él dijo que las arterias/ tienen del viejo la edad/ lo cual guarda relación/ entre la senilidad/ y los cambios decadentes/ de la gran red vascular”.

Y así en su interesante y raro libro aborda en sus versos diversos tópicos  del corazón y sus enfermedades como la circulación de la sangre, la hipertensión arterial, la oclusión coronaria, la arterioesclerosis, la insuficiencia coronaria, la angina de pecho y el infarto de miocardio entre oros tópicos.

Finaliza mi amigo, para varia, con una muy interesante prosa sobre este pequeño órgano vital que tituló “Datos curiosos”.

“Traducido en trabajo mecánico, se calcula que el corazón, en cada latido, puede elevar un kilogramo a medio metro de altura, y en una hora levantaría un ascensor hasta un quinto piso. Un corazón normal es un motor de 1.375 caballos de fuerza. Este motor del tamaño de un puño es el de mayor capacidad funcional que se conoce, y también el más fuerte, sin que sea necesario hacerle a lo largo de su vida ninguna reparación mecánica, salvo, muy excepcionalmente, cuando hay que cambiarle alguna válvula o hacer un “by pass” a estilo Favaloro. El corazón impele a la sangre a lo largo de las arterias mediante la poderosa contracción de los ventrículos, que impulsan cada vez 50 a 100 cc. De sangre dentro de la aorta, y una cantidad igual dentro de la arteria pulmonar. La elasticidad de las arterias impulsa la sangre dentro dentro de los capilares… Las arteriolas, que constituyen las ramas terminales más finas del sistema arterial, terminan en capilares de un diámetro de 8 a 10 milésimas de milímetro.

Un capilar es cincuenta veces más delgado que un cabello: así se explica que los glóbulos rojos tengan que cruzar por estos microscópicos vasos en fila india. Cada capilar tiene aproximadamente ½ milímetro de longitud, pero si se juntaran todos los capilares del cuerpo se obtendría un tubo con el que podría rodearse cuatro veces el mundo que habitamos. El corte transversal de todos los capilares tiene una superficie superior a 6.000 metros cuadrados. El sistema de vasos o conductos vasculares de un individuo tiene en conjunto una longitud de 150.000 kilómetros, Mayor longitud aún representarían la unión de los nervios vaso motores, pues reunidos en un cable éste llegaría a la Luna y dándole una vuelta quedaría aún suficiente cable para volver a la Tierra”.

La dedicatoria de este ameno e ilustrativo libro de José Reigadas Tarnos dice: “Para el distinguido escritor y poeta Jorge Castañeda, con la admiración de su colega y amigo”.

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

Acerca de Raúl Díaz

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