Temibles luces malas de Salamanca de Comallo. “Se meten en las piezas y no dejan dormir”

 

 Por gentileza de mi amigo, el escritor de Dina Huapi Valdis Drebnieks, he recibido dedicado su interesante libro “Cuentos y anécdotas”, con relatos imperdibles ambientados generalmente en su pueblo natal de Comallo, en la Línea Sur rionegrina.

En uno de ellos relata un hecho relacionado con las temibles “luces malas” tan mentadas y repetidas en rueda de fogones o sobremesas.

Cuenta Valdis: “Historias de la luz mala u otras luces en el cielo hay muchas. Pero realmente describir el lugar de donde salen y donde se observan muy a menudo por algunas personas, hay pocas. Sobre este tema se trata el presente relato, de la experiencia impresionante vivida por un  poblador campesino en su terruño ubicado en el lugar conocido como Comallo Viejo, a pocos kilómetros de las aguas del río Limay en Río Negro”.

“Este señor, vive en el establecimiento “El gringo” desde hace más de quince años, dedicándose a trabajar la tierra durante el día”.

“Cierta vez, recién entrando una noche oscura y mientras descansaba, se despertó sobresaltado por la luz que reflejaba en su habitación, que provenía de afuera y al mirar por la ventana, vio que eran como llamas luminosas gigantes entrecortadas, que salían de la parte alta de los cerros cercanos. Observó estas luces anaranjadas y brillantes por varios minutos, hasta que de pronto se apagaron”.

“Al día siguiente, de curioso nomás, caminó hacia donde podría haber surgido esta luz. Escalando entre cerros y quebradas, llegó a dar con un hueco o fosa ubicado casi en la cima de un cerro muy alto de roca volcánica a unos dos mil metros de distancia de su casa, el que le llamó la atención porque tiene demarcado uno surcos en forma de espiral y cónico sobre la roca dura, que termina en el centro del agujero y que a su parecer, este subterráneo tendría cientos o quizás miles de metros de profundidad. Se introdujo en el mismo como unos quince metros, apoyando su espalda contra la pared de piedra y sus piernas contra la otra en la parte más estrecha, observando que se ensancha la raja natural de esta montaña, teniendo que salir luego a la superficie, al no poder seguir bajando por la oscuridad interior”.

“Fueron pasando algunos días y continuando con sus labores habituales, en otra ocasión ya casi al amanecer de aquel día, vuelve a divisar esta luz en ese lugar, pero esta vez salía como una llama más alargada  del mismo color e intensidad, poniéndose a pensar y sentir esto como una intriga y al hablar con algunos vecinos, se anotició que ese lugar era conocido antiguamente como la Salamanca o lugar de la luz mala”.

“Después de esto, durante varias noches no pudo dormir por la luz que entraba en su pieza. Preocupado se acostaba con una pistola debajo de su almohada y el rifle cargado al pie de la cama, pero la luz se trataba ya de una bola luminosa del mismo color intenso y que venía del cerro, recorriendo la chacra cerca de su vivienda”.

“A todo esto, procedió a cerrar con pared de ladrillos las ventanas, dejando solamente una pequeña abertura en ellas como para sacar el caño del arma, y por supuesto ya estaba más oscuro su dormitorio, acostumbrándose a ello ya que vivía solo en el campo”.

“Más adelante y en ocasión de realizarse en la casa de ese lugar, una fiesta de señalada de animales con asados, bebidas y músicos durante todo el día y llegando la noche, con la concurrencia de decenas de personas de Comallo y los alrededores, se volvió a ver esa esfera luminosa por rato largo, a baja altura, como sobrevolando el lugar e iluminando de a franjas como si fuera una gran linterna gigante, dejando clarito como de día el terreno y atónitos los que estaban viendo este fenómeno espectacular, donde no faltaron comentarios de quienes decían  que se trataba de  la luz mala o buena y también de que era el “inquinayen” o espíritu de energía, que proviene de los indígenas que se encontrarían  sepultados en este valle muy poblado por ellos siglos atrás”.

“Lo cierto es que continúan siendo vistas estas luces en los alrededores  de la caverna que conduce al interior de la tierra misma y al momento no ha sido descubierto el verdadero misterio que rodea este hecho”.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

Reedición

Foto: archivo

 

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