Una nota escrita hace 20 años. El misterio que nadie logra descifrar en Río Negro

 

Plantas y postes de las chacras aparecen con desgarros, pero no quedan huellas en el suelo. Todos evitan circular de noche y varios ya salen armados. Algunos vieron un extraño animal.

Sólo la oscuridad de la noche lo habilita a recorrer senderos entre perales y manzanos. En plantas y postes su marca queda latente, pero no en el suelo, donde la inexistencia de huellas alimenta el misterio. Más de una persona pudo verlo, pero aseguran que ese ¿animal? no se parece a nada visto hasta el momento. Cincuenta centímetros de alto, negro y con una cola larga y ancha como la de un castor. Claro que un castor no podría escalar más de 1,50 metros y en un hábitat tan desconocido para la especie como una chacra.

En consecuencia, todos se preguntan qué y quién es el que aparece cuando el sol no está en Paso Córdoba, Alto Valle. Y más allá de que la respuesta sea muchísimo más simple que las elucubraciones de los pobladores de esta zona rural roquense, lo cierto es que la ausencia de certezas derivó en un cambio de hábitos en la vida de las familias, que prefiere no dejar su casa de noche y si no hay más remedio que hacerlo buscan en un arma de fuego al mejor acompañante.

Ante el primer relato escuchado sobre el extraño fenómeno que se da desde el año pasado en las 200 hectáreas ubicadas al Noreste de la Escuela 107 es difícil escaparle al chiste fácil. El Chupacabras, un perro con el hambre en niveles superlativos, una liebre con escalera y decenas de otras ocurrencias han surgido para tomar a la ligera una sucesión de hechos que entre los vecinos de Paso Córdoba sólo provocaron cuotas cada vez más altas de nerviosismo y temor.

Ahora bien, pararse frente a las plantas, árboles y postes «visitados» por este desconocido acota la posibilidad de plantear una humorada y mucho menos si al lado está uno que todas las noches piensa cómo reaccionará si una vez le toca protagonizar un cara a cara con el bicho.

Objetivamente, caminando por las chacras 192 de Salvador Liguori y Aitor Garmendia se puede observar más de una veintena de pruebas sobre la presencia de un ajeno a las viviendas del lugar. Se trata de frutales que perdieron ramas por un efecto desgarrador, sin poder afirmarse todavía en qué proporción hubo mordidas y rasguños, ya que se advierten ambas acciones.

Antiguos álamos también perdieron buena parte de su corteza a causa del mismo responsable (¿será uno solo?) y postes que forman parte de las espalderas son otros que guardan registro de los filosos atributos del ejemplar.

Testimonios coincidentes

Ramón Tapia es empleado y vive dentro de las 75 hectáreas del establecimiento de Liguori. Su esposa fue una de las que pudo ver al «intruso» una noche, cuando operaba dentro de sus ligustrinas. En un segundo se convenció que lo último que haría sería atravesar la puerta de su casa hacia el exterior, optando por despertar a su marido. Sin embargo, cuando el hombre llegó a la ventana, afuera no quedaba nadie.

El martes por la tarde, la mujer de Tapia relató a este diario que «era un animal, alto como un perro (su mano se ubicó entonces a medio metro del suelo), negro y con la cola muy ancha en el final».

La descripción coincide con la del responsable del riego en la chacra de Garmendia, contigua a la de Liguori. El trabajador habló casi con las mismas palabras, aunque agregó que se desplaza muy rápido, porque a él le tocó enfrentarlo en el patio anterior a la zona plantada y observó cuando se escapaba. Después no vio nada más, porque él también escapó, hacia el interior de su casa.

De acuerdo al relato de los chacareros, las agresiones las plantas y postes comenzaron en octubre del año pasado, aunque en forma aislada. Desde la cosecha pasada hasta junio el número de casos aumentó notablemente y luego de una breve desaparición, desde hace un par de semanas sienten que otra vez lo tienen entre ellos.

Los vecinos de Paso Córdoba consultados afirmaron que al menos en dos chacras más de este sector cercano al río Negro y la ruta 6 también registraron la presencia del extraño.

«Los perros no lo enfrentan. Ladran, retroceden y terminan llorando. Qué quiere que le diga, nosotros ya preferimos no regar de noche y en la casa tenemos alguna que otra escopeta, pero igual hay miedo porque yo conozco la capacidad de mi arma pero no la capacidad de este animal», concluyó un compañero de Tapia, de apellido Inostroza.

El mismo trabajador aseguró que por las calles del lugar ya nadie anda cuando está oscuro y en el invierno pasado abundó el temor de padres cuando sus hijos salían temprano hacia la escuela.

En tanto, se supo que por ahora no hubo análisis en el campo por parte de técnicos especializados, pero la idea de consultarlos ronda desde hace un tiempo entre los vecinos.

Animal silvestre, fenómeno de la naturaleza o lobizón. Las hipótesis se reproducen en el ambiente de Paso Córdoba.

Explicaciones convincentes son esperadas como agua en el desierto, porque hasta ahora lo único que saben todos es que la tranquila vida que siempre llevaron fue cambiando lentamente y por las noches ya no es sólo silencio lo que se escucha.

Publicado por el diario RÍO NEGRO, hace 20 años

 

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