Cuando un juez de Paz se “fumó” datos. Tabaqueras y el librillo de papel para armar cigarrillos

 

Todos los pueblos de la Región Sur rionegrina tienen anécdotas, casi todas risueñas, que han quedado para la historia. Y muchos verdaderos personajes que dejaron improntas y cuyas frases y actitudes son recordadas a pesar del paso de los años.

Una muy conocida e insólita fue cuando un árabe en el mostrador del entonces Banco Provincia se comió los cheques para la sorpresa del empleado que no lo podía creer.

Para ilustrar nuestra crónica, en aquellos años de mediados del siglo pasado era muy habitual fumar cigarrillos armados.

El papel venía en un librillo rectangular y el tabaco, generalmente de marca “Caporal”, en un estuche o en un atado de papel plateado. Con el tiempo vinieron esas “maquinitas” más modernas, para el armado. Debemos decir que la gente de campo se fabricaba sus propias tabaqueras, verdaderas piezas artesanales. Mi padre, que era afecto a fumar “Brasil o Particulares” ,en ocasiones solía armar sus propios  cigarrillos y sabía pegar con saliva (como se acostumbra) el fino papel del librito.

El siempre recordado escritor rionegrino Elías Chucair, en su ameno libro “Anécdotas de un rincón patagónico” dejó un relato sobre un juez de Paz que se “fumó” los datos de un recién nacido.

Cuenta Elías que “Hace unos años, hablaba con mi amigo Oscar Antonio Abatte sobre la importante cantidad de ciudadanos que no figuraban en los registros de nacimiento”.

“En el caso particular de las mujeres, existen antecedentes de que los padres se negaban en algunos casos a asentarlas, contrariados porque no llegaba el hijo varón de la familia, que daría continuidad al apellido”.

“Pero a veces, y por una circunstancia especial no eran asentados en el libro de los nacimientos porque los Jueces de Paz le “fumaban” los datos y al diablo con las anotaciones”.

“Al respecto, nos contaba Abatte, quién fuera maestro allá por 1939 en Quetrequile, que a veces llegaba un padre para asentar el nacimiento de un hijo fuera de la hora de atención”.

“Entonces, para localizar al Juez, se iba al bar del lugar y allí encontraba al funcionario jugando a las cartas”.

“Y allí, sin protocolo alguno, lo entrevistaba por las razones del caso. Entonces, sin más trámites el Juez extraía una hojita del librillo de armar cigarrillos y procedía a realizar las anotaciones del recién nacido”.

“Pero por ahí se daba el caso de que el funcionario, distraídamente armaba un cigarrillo con la hojita de papel que tenía las anotaciones… ¡Y al diablo con los datos!”

“Es así que a más de uno de aquellos que no aparecen en los viejos registros, se los “fumaron”.

Atractivo relato costumbrista surgido de la pluma del maestro y amigo Elías Chucair.

Lo del árabe que se comió los cheques ya será motivo para escribir otra historia, pero por ahora solo rescatamos esta, la del juez que se  “fumaba” los datos.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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