Misterios en la estepa. Sorprenden a investigadores, que solo arriesgan dudosas hipótesis

 

La Región Sur, en especial el gran Bajo del Gualicho y la azulada Meseta de Somuncurá, encierra verdaderos misterios que sorprenden a los investigadores  que solo arriesgan  dudosas hipótesis, algunas rayanas en la fantasía.

Tal vez algo de ello debe haber porque al decir del malogrado escritor peruano Manuel Scorza “los hombres viajamos del mito a la realidad” y más aún en la inhóspita geografía de la estepa.

Según los estudios científicos se han encontrado huellas de asentamientos humanos en Somuncurá que datan de 13.500 años. ¿Qué pueblos trajinaron estas regiones? ¿De dónde venían? ¿Cuál era su cultura y su cosmovisión del mundo?

Y la gran pregunta: Antes de ellos, mucho antes ¿Quiénes trajinaban estas pardas tierras a<l decir del gran poeta de Chile Pablo Neruda? Nada se sabe, solamente en la fantasía de algunos osados. Pero, en fin, la Patagonia es una tierra de aventureros y “a los aventureros se los traga”.

En los mapas antiguos se la cita como la tierra de endriagos, de dragones. Y hasta en los viejos mapas del almirante turco Piri Reis, antes de Colón, ya estaba el contorno exacto  de estas tierras del Sur.

Acá caminan y saltan  las piedras (hay que leer al doctor Gregorio Álvarez);  la brújula se enloquece, las constelaciones se cambian de lugar, los frailes buscan la mítica “Ciudad de los Césares” y los frondosos bosques de araucarias daban sombra y comida a los dinosaurios del lugar.

Pero hay rarezas que tienen poca explicación y que han quedado como mudos testimonios de un tiempo que ha pasado.

Y se encienden las preguntas: ¿Quién talló una cruz de brazos iguales en una grande y pesada roca basáltica?

¿Qué manos artesanas esculpieron en un cerro una cabeza barbada? ¿Era alguna deidad de épocas remotas?

¿Qué comunican en plena Meseta de Somuncurá los llamados “pozos que respiran”? ¿Y el agua de la mística Gotera enclavada en la cima de un cerro, de dónde viene?

Todo es misterioso. La meseta es una tierra de recónditas claves al acecho. Al decir de Neruda:“Déjame arquitectura roer con un palito los estambres de tierra, subir todos los escalones del aire hasta el vacío y rascar la entraña hasta encontrar al hombre”.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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