Alcides Biagetti, artista de Patagones para el mundo. “Salía a pintar a la calle, que fue su taller”

Alcides Biagetti nació en Carmen de Patagones el 28 de mayo de 1912. Su madre fue Emma Rostagno (1890-1938), hija de inmigrantes italianos, y su padre fue Luis Biagetti (1876-1964), italiano, quien llegó a La Argentina en 1900. Se radicó en Patagones, donde ejerció el oficio de carpintero y conoció a Emma, con quien contrajo matrimonio seis años después.

Alcides tuvo tres hermanos: Héctor (1907-1981), Atilio (1909-1987), ambos carpinteros; y Luis (1921-1972), mecánico.

El 2 de septiembre de 1942 se casó con Beatriz Manfredi, de Patagones. Tuvieron un hijo, Alcides Mario Biagetti, nacido el 16 de noviembre de 1944, quien actualmente reside en la ciudad de Viedma.

Trabajó desde la adolescencia como pintor de casas y “letrista”, pintando carteles y vidrieras en los comercios del lugar. Estos fueron los oficios que desempeñó hasta sus últimos días, los cuales le proporcionaron su subsistencia y la de su familia.

Su vocación artística comenzó a manifestarse desde temprana edad. En una entrevista que dio a la revista Mundo Argentino, en 1952, con motivo de su primera exposición en la Galería Argentina de Buenos Aires, dijo: “Deben saber ustedes que desde muy niño me sedujeron los colores y las formas”.

Nelly Coccé, una allegada suya, cuenta que “no tuvo escuela, ni sé de nadie que se haya acercado a él con mayores conocimientos como para orientarlo.” Norma Walter, otra allegada del pintor, recuerda que “él repetía y repetía que no había aprendido pintura, que haciendo cuadros y mezclando colores era como había aprendido, que era un autodidacto”. Y su hijo, confirma estas apreciaciones al relatar que su padre “no tuvo maestros; comenzó pintando y siguió avanzando solo en la pintura; luego habrá ido conversando, conociendo gente y otras cosas fuera de Patagones, como cuando estuvo en Buenos Aires”.

En Patagones no había escuela de arte. En la revista citada, él mismo confesó: “Como sucede a menudo, mi precaria situación económica jamás me permitió darme el lujo de asistir a ningún instituto de arte. De manera que, a fuerza de observación, amor y voluntad, pude, poco a poco, informándome, lograr una discreta cultura pictórica”.

Este detalle, referido a que su base fuera “la observación”, se reafirma con una anécdota -contada por Nelly Coccé- de una importante historiadora maragata, Juana Emma Nozzi. Una vez, Emma le llevó un libro sobre perspectiva y le dijo: “Alcides, le traigo este libro. Por ahí encuentra algo útil. Es para usted”. A los pocos días Alcides se lo devolvió diciéndole: “no… no me pongan a leer a mí.” Sobre este aspecto, Nelly describe a Alcides como alguien “completamente libre, autodidacto; incluso se negaba a leer nada… yo creo que era mejor”.

Evidentemente, la representación del paisaje se basó en la experiencia, y en ésta su condición de autodidacto. Por otro lado, sabemos por su hijo que no tenía biblioteca.

En la entrevista señalada, el pintor agregó: “A pesar de todo mi empeño, es poco lo que he podido aprender, pues en un medio tan pequeño como mi pueblo, donde no es posible ver cuadros, si no es en una que otra exposición que de tanto en tanto llega, la formación artística que pude alcanzar es muy pequeña”. Su formación en pintura, condicionada por las carencias del medio, fue el resultado de su experiencia e intuición. Su interés en el aprendizaje se expresó en la inquietud por conocer obra de otros pintores. Con motivo de su primera muestra en la Galería Argentina de Buenos Aires, con la humildad que lo caracterizaba, Alcides reveló a la revista Mundo Argentino: “Esto que les voy a contar deja de ser una anécdota para convertirse en un fogonazo en mi vida (…) Hace cosa de un año era tal mi deseo de venir a Buenos Aires para conocer pintura que no vacilé en contratarme en casa de un amigo residente en la capital para pintar su casa y, de este modo, financiar mi viaje y estada. Trabajé durante un mes todos los días, quedándome libres las horas del atardecer para saciar esa ansia mía de conocer pintura. Es así como pude ver algo de lo mucho que en materia pictórica posee esta maravillosa capital argentina”.

El lugar que frecuentó para pintar, como temática de su obra, fue la zona del Casco Antiguo de Patagones. Su hijo menciona que “salía a pintar a la calle; su taller era la calle”. Norma Walter recuerda que “él tomaba sus pinceles, el atril, un pedazo de cartón o la tela que tenía -porque no podía comprar otra cosa- y salía a pintar al aire libre y ahí imaginaba sus cuadros. Prácticamente él en su casa no pintaba nada. Tal vez terminaba de hacer lo que había hecho.

Salía con el banquito plegable, el atril y se ponía a pintar”. Edgardo Melluso, que solía observarlo, nos detalla que “él pintaba en la calle, todo era en el lugar. Salía en su bicicleta con el atril y su valijita con las pinturas. Y quizá llevaba algo en la memoria para darle luego en su casa algún toque final. Porque afuera hacía todos los rasgos”.

Alcides también trabajó con otros medios expresivos, como el dibujo y la acuarela, en la realización de caricaturas y retratos caricaturescos. En sus comienzos también realizó murales, que aún se conservan, en el interior de algunas casas de Patagones.

Una nota publicada en el diario Río Negro así lo describe:

Por entonces pianista informal y vocacional de un cuarteto típico formado en Patagones -Los Maragatos- y pintor de ‘brocha gorda’ como se autodenominaba. (…) Pudo llamarse, respetuosamente: bohemio empedernido. Alternaba aquella simple ocupación de pintor de obras con retratos caricaturescos realizados expresamente para los salones de baile y corsos, en la época de los carnavales, a los que agregaba hilarantes textos emanados de su humor e inspirados en la idiosincrasia de su pueblo al que tanto conocía. Fino humorista de una vena plena, rebosante de filosofía de calle y barrio, comenzaba por entonces el vuelo de su inigualable genio de fino y calificado pintor artístico.

En efecto, Biagetti también fue músico, tocaba el piano “de oído”.

Un conocido músico de Patagones, Miguel Sitanor, relata que “era un músico de muy buen gusto; no era un músico de esos profesionales que conocen el arte del ‘dos por cuatro’, la teoría, el solfeo… no; era un pianista excelso en el gusto. Esos hombres que, como decimos los músicos, tocan ‘de oreja’. Y cuando tenía la oportunidad de levantar la tapa de un piano, dejaba en la gente -que tenía la suerte de poder escucharlo- su gusto y su forma de tocar. Su estilo se caracterizaba por imitar a Carlos Disarli, ése era el gusto de él. Con un marcado compás en los bajos. Y su fuerte era el tango ‘La gran muñeca’.”

Francisco Ferría, un amigo suyo de la adolescencia, rememora que en 1930 con Biagetti tenían un quinteto: “éramos los hermanos La Pérgola -Tono tocaba la guitarra y José, que aún vive, el violín-; un amigo, Rial, tocaba la guitarra; Biagetti, el armonio; y yo, el bandoneón. (…) Nosotros teníamos la orquestita para ir a tocar a casas de familia. Entonces, había una fiesta e íbamos a tocar. (…)

Todos los carnavales hacíamos una murga. Biagetti nos pintaba a los del grupo -no había antifaz- y subíamos a un camión. (…) Entonces íbamos tocando arriba del coche y alrededor del palco”; y señala: “Biagetti tendría hoy noventa y tres años. Era dos años mayor que yo, que nací en 1914”.

En cuanto a su personalidad, la mayoría de la gente rescata su condición humana; su humildad y sencillez. Nelly Coccé se refiere a él como un ser “muy tranquilo, ésa era su personalidad, muy humilde… demasiado.” Esther Caminos menciona: “muchas veces lo vi pintando en la calle, pero nunca me animé a conversar con él. (…) En Biagetti veía la tranquilidad. Su forma de andar era pacífica y denotaba paz interior.” Edgardo Melluso nos ejemplifica sobre algunos aspectos de su personalidad:

Tenía mucho humor aun cuando estaba enfermo. No era de venirse abajo anímicamente. Siempre estaba con buen humor y era muy bien visto en todos lados. Sobre todo era una persona humilde. Un hombre que no tenía nada pero a la vez tenía mucho: el cariño de la gente. No tenía nada económicamente pero tenía mucho más que otros. (…)

Aunque era mayor que yo, lo trataba de ‘vos’ -eso que en aquella época no se usaba- y era un ‘vos’ con respeto a la persona que era. Se merecía ese ‘vos’ cariñoso. Era muy gaucho y fue una persona muy especial para la gente de Patagones. Comencé a tratarlo a los quince años. En casa ha hecho muchos trabajos de pintura. Papá lo llamaba porque era una persona de mucha confianza. Con los cuadros no me daba bolilla porque éramos amigos. Yo le decía: ‘Alcides, pintame un cuadro.’ Y él me contestaba: ‘no Peti. ¿Vos creés que cualquier día puedo pintar un cuadro?.’ Y así fue que nunca me lo pintó; y recién pude llegar a tener uno gracias a una rifa que organizó el Club Emilio Mitre, cuando Biagetti estuvo enfermo, en 1970. Y Dios quiso que pueda tener un cuadro de él de esa forma.

Y Carlos San Juan lo define como “un bohemio, el prototipo del bohemio. No le daba importancia a las cosas que no la tienen. Generalmente, uno en la vida le da valor a cosas banales. Él no le daba importancia a esas cosas, como el bienestar económico; él cultivaba más la amistad, y desde ya, su arte. Como te dije: era un elegido. Del que yo me enorgullezco de haber tenido esa relación de amistad con él.”

En 1934, con veintidós años de edad, participó junto a otros artistas plásticos de Viedma y Patagones de la Primera Muestra de Pintura de Aficionados Locales, organizada por el periódico local La Nueva Era, siendo elogiado por el público.

El periódico, a propósito de su pintura, escribió: “la obra de Alcides Biagetti expuesta en la primera muestra tuvo la virtud de ofrecer una demostración de la labor de uno de los valores más representativos y conocidos de Patagones. La reproducción que corre bajo el título de ‘Visión Macabra’ es una de las notas de mayor relieve. En presencia de este trabajo se llega a la convicción de que este aficionado tiene también un inmenso porvenir artístico.” Tres meses antes la organización de esta exposición ya trascendía en la ciudad de Bahía Blanca, por entonces un importante referente para el campo cultural local; el periódico La Nueva Era reprodujo la opinión del periódico bahiense La Nueva Provincia: “En la ciudad de Carmen de Patagones se está organizando una exposición de arte pictórico, lo que indica que en la lejana ciudad sureña se está gestando un movimiento hacia la formación de un núcleo de artistas plásticos, a semejanza de lo que se hizo en nuestra ciudad”.

Es entonces, a principios de la década del ´30, cuando en Patagones comenzó a gestarse un movimiento cultural. Ernesto Garrafa recuerda que los pintores “eran pintores solitarios; no es que tenían un lugar de encuentro. (…) Todos pintaban paredes, se dedicaban a eso. Biagetti se dedicaba a hacer letreros, era el medio de vida que tenía; y a la vez hacía esos cuadros que después empezaron a comprar.”

En 1936, junto a algunos pintores locales conformó la Agrupación de Artistas Plásticos Fernando Fader. En aquellos momentos, de debate y tensión entre la vanguardia y la tradición, Fader era un artista consagrado dentro de esta tendencia. El hecho de haber elegido a este referente nos indica la inclinación de los pintores locales por la temática del paisaje nacional, local y rural.

Aunque esta agrupación permaneció activa casi dos años, es importante señalar la iniciativa por parte de los pintores de generar un núcleo de reunión y proyectar actividades en un campo institucionalmente vacío en ese entonces; por ejemplo, la creación de una biblioteca de arte y la organización del Primer Salón Anual de Arte en la ciudad. Estas iniciativas contaron con el apoyo de la Municipalidad de Patagones. Para el campo artístico local, la creación del salón, además de significar un espacio de visibilidad de la actividad artística, también significaba un espacio de legitimidad institucional.

Entre 1948 y 1965 participó regularmente en varios salones regionales de Bahía Blanca, en los que fue destacado en varias oportunidades con distintos premios.

Un dato para destacar es que en 1952 realizó en Buenos Aires su primera exposición en la Galería Argentina. En una entrevista otorgada a la revista Mundo Argentino, con respecto a los pintores que atrajeron su atención, Alcides expresó: “de lo poco que he podido ver les diré que Gastón Jarry me parece simplemente maravilloso; los payasos de Enrique de Larrañaga me seducen, lo mismo que Fader, Bernaldo de Quirós y Quinquela Martín; los paisajes de Ditaranto me conmueven y la pintura nueva y joven me hace pensar.” En ese momento, en que la abstracción era el centro de atención, Biagetti tomaba como referentes a estos artistas, ya consagrados y vigentes dentro de la temática tradicionalista; que, además, representaban el gusto predominante de los maragatos.

Expuso en la Galería Argentina de Buenos Aires en 1952, en 1964 y en 1967, lo cual constituyó un hito importante dentro de su carrera artística. Esto influyó para que en los últimos años del pintor, la gente sintiera interés en adquirir muchos de sus cuadros. Norma Walter testimonia que “cuando él expone en Buenos Aires, los pintores que van a ver su obra eran todos famosos y conocidos y lo ven tan humilde, porque realmente era humildísimo.

Él decía: ‘yo no sé cómo me pagan por lo que pinto, si no vale nada’. Entonces nosotros le decíamos: ‘no; vale mucho’.” Al respecto, su hijo reflexiona que su padre “vendió cuadros recién en los últimos años de su vida, pero siempre se rompió el lomo blanqueando paredes, haciendo letreros.” Esta condición lo llevó a depender de sus oficios, trabajando como pintor de casas y letrista hasta sus últimos días.

En los años ’60, una década más tarde, Biagetti continuó fiel a su preferencia por la representación del paisaje: “me inclino por los paisajes lugareños, sin desechar las naturalezas muertas y bodegones.” Incluso, ante la pregunta sobre qué opinión tenía sobre la pintura moderna, él -muy modesta y sinceramente- declaró: “no me atrevo a emitir un juicio categórico, ya que es algo que no entiendo… ni creo entenderé nunca”.

En un libro publicado recientemente, Perfiles y Postales, de Carlos Espinosa, el autor lo ha llegado a comparar con Quinquela: “Alcides Biagetti fue para Carmen de Patagones como Benito Quinquela Martín para la Boca del Riachuelo, allá en Buenos Aires, con la diferencia (de) que en sus cuadros nunca aparecen seres humanos, sólo casas y calles desiertas.” Se cree, además, que llegó a tener un encuentro personal con el pintor Quinquela Martín, a quién admiraba. Al respecto, en una entrevista con su hijo, él afirma que “en uno de sus viajes a Buenos Aires fue a verlo.”

Alcides Biagetti murió en Carmen de Patagones el 24 de octubre de 1971.

FRAGMENTO:

SONIA PEZZANO RICKERT. TESIS “ALCIDES BIAGETTI: EL PINTOR DE LOS GRISES DE PATAGONES”, 2006.

CITAS:

Malisa Moretti Canedo, “Muestran a un pintor de porvenir las obras de Alcides Biagetti”, Mundo Argentino, 17/12/1952.

Nelly Coccé. Entrevista realizada por la autora. Viuda de Guillermo Rica. Ambos allegados del pintor.

Alcides Mario Biagetti (hijo de Alcides Biagetti). Entrevista realizada por la autora.

Juana Emma Nozzi estuvo durante muchos años a cargo de la dirección del entonces Museo Histórico Regional Francisco de Viedma (hoy llamado Museo Histórico Regional Emma Nozzi). Fue una admiradora de la obra de Biagetti, lo motivó y apoyó en su carrera y, además, mantuvieron una amistad. En el resto del texto aparece como “Emma”, puesto que así se la conoce en Patagones.

Edgardo Melluso. Entrevista realizada por la autora. Allegado del pintor.

José León Martínez, “La Mesa de la vidriera”, Noticias de la Costa, 04/05/1997.

Miguel Sitanor. Testimonio transcripto del video citado en Archivos Consultados. Músico maragato, creador del “Cuarteto Típico Los Ases”. Biagetti lo acompañó en el piano a en 1951. Hoy es el “Cuarteto Típico Amanecer”.

Ester Caminos. Entrevista realizada por la autora. Nuera de Julio Gironde, allegado del pintor.

Carlos San Juan. Entrevista realizada por la autora. Allegado del pintor.

S/a, “Se inauguró el domingo la Primera muestra de pintura organizada por La Nueva Era”, La Nueva Era, 24/03/1934.

S/a, “La exposición de artistas locales”, La Nueva Era, 16/12/1933.

Ernesto Garrafa. Entrevista realizada por la autora. Allegado al pintor.

Tomado de: S/a, “Ha recibido importantes adhesiones y ofrecimientos la Agrupación Fernando Fader”, La Nueva Era, 18/09/1937.

Basado en: S/a, “El Primer Salón Anual de Arte”, La Nueva Era, 11/07/1936.

Esta galería funcionó en la calle Paraguay 1312, de Bs. As. En ese momento su director era Luis Martín Castellanos.

Vila, “Reportajes y comentarios a Alcides Biagetti”, 1963. Archivo de Alcides Luis Biagetti.

Carlos Espinosa, Perfiles y Postales. Crónicas de la historia chica de Viedma y Carmen de Patagones, 1° ed., C. de Patagones, ed. del autor con auspicio de la Municipalidad, 2005.

Jorge Bustos. Entrevista realizada por la autora. Historiador. Desde 1997 es el director del Museo Histórico Regional Emma Nozzi.

Héctor Rey y otros, Historia del Valle Inferior del Río Negro, 1° ed., Buenos Aires, Editorial Plus Ultra, 1987, p. 119.

Emma Nozzi, Carmen de Patagones y su historia, págs. 24 y 25.

Los primeros africanos llegaron a Patagones en condición de esclavos, durante el proceso de la colonización.

Basado en Graciela N. Suárez, Historia del Valle Inferior del Río Negro, p. 138.

Basado en Emma Nozzi, Carmen de Patagones y su historia, p. 12.

El 18 de abril de 1986, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Almendáriz, por decreto provincial nº 2141, declara al Casco Antiguo de Carmen de Patagones como “Centro Histórico Provincial y Polo de Desarrollo Turístico de la provincia de Buenos Aires”.

El río Negro -denominado “Currú Leuvú” por los aborígenes y “río de los Sauces” por los españoles- nace de la unión de sus afluentes, el río Limay y el Neuquén, y desemboca en el Océano Atlántico.

Roberto Arlt, “El pueblo de Patagones, vida portuaria en Patagones”, En el País del Viento, 1° ed., Buenos Aires, Ediciones Simurg, 1997.

 

El río Negro, además de ser un importante recurso para el desarrollo productivo de la población, por mucho tiempo fue una amenaza para sus pobladores, testigos de importantes inundaciones. A pocos días de fundarse el fuerte, debido a una gran crecida del río, hubo que trasladarlo a la rivera más alta, donde hoy está Carmen de Patagones. En Historia del Valle Inferior del Río Negro, los historiadores Héctor Rey y Jorge Bustos cuentan que hubo crecidas extraordinarias como las de 1829; 1845-1847, la gran inundación de 1899, la de 1922, 1928. La sucedida en 1899 dejó bajo el agua a Viedma y también a la calle General Roca, de Patagones, situada a metros del río. Desde la construcción de la represa El Chocón, se evitaron estas extraordinarias crecientes y los consecuentes desbordes del río.

Marchesi, Juan. Entrevista realizada por la autora. Artista Plástico.

Nicodemo Agostino. Testimonio transcripto del video citado en Archivos Consultados. Peluquero maragato, contemporáneo a Biagetti.

Alcides Mario Biagetti, ídem 13.

El puente ferrocarretero, inaugurado el 17 de diciembre de 1931, cruza el río Negro, une las ciudades de Viedma y Carmen de Patagones y concede el cruce del tren de una provincia a la otra. Posee un tramo levadizo que permitió el ingreso de los barcos al puerto marítimo de Patagones durante su funcionamiento.

Jorge Bustos, ídem 39.

Pedro Biagetti. Entrevista realizada por la autora. Sobrino del pintor.

S/a, “Biagetti, dos pinceladas que pintan afecto”, Río Negro, 28/04/1996. .

Jorge Catellani. Entrevista realizada por la autora. Pintor paisajista. Aprendió a pintar con Alcides Biagetti.

Mario Pino. Entrevista realizada por la autora.

Juan Marchesi. Catálogo muestra / homenaje al pintor, 22/04/1990.

Mario Pino, “Biagetti, dos pinceladas que pintan afecto”, Río Negro, 24/04/1996.

Omar N. Livigni, “Aquella Paleta”, Diálogo, año II, N° 14, 1974.

Herberto Gironde. Entrevista realizada por la autora. Hijo de Julio Gironde, amigo del pintor. Con respecto a “La Carlota”, es un rancho colonial ubicado sobre una importante pendiente del Casco Antiguo.

María Elena Ayarra. Entrevista realizada por la autora. Ella hizo alrededor de cincuenta y cinco reproducciones fotográficas de su obra. Comenzó este registro en 1986. Según sus palabras, su intención fue hacerlo “lo más fiel posible a la obra” para lograr “una buena transmisión”. Varias familias de la comarca tienen una o más de estas reproducciones, colgadas en las paredes de sus casas y, en algunos casos, en espacios públicos (sus oficinas o estudios, etc.).

Ubicada sobre la calle Bynon, en una esquina frente al río.

Edgardo Catellani. Entrevista realizada por la autora.

Omar N. Livigni, “Homenaje al pintor de Patagones”, Clarín, 02/07/1976.

Difundido este lunes 14 de marzo de 2022 en Facebook

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