¡Cuidado con los seres de luz! Aparecen de noche, hablan con personas y profetizan desgracias

 

Debo este relato a mi amigo el ingeniero agrónomo y escritor Carlos Abadie, inserto en su maravilloso libro “Cuentos al viento”, cuyo ejemplar tengo dedicado.

Esta misteriosa historia sucedió en el lago Paimún, Neuquén. En el epígrafe Abadie cita un breve texto de “Cuentos de espantos y aparecidos”  para dar marco a su relato que dice: “Cuentan quienes los han visto que estos espíritus aparecen en el reino de los vivos para indicar algo, para vengar ofensas, para castigar o para exigir que se les devuelva lo robado. Se presentan siempre al caer la noche, en parajes solitarios o en casas abandonadas. Siempre hay señales que los anuncian: un golpe de viento, el canto de algún pájaro, el crepitar del fuego o algunas pisadas”.

El texto tiene como protagonista principal a don Domingo Aita, que había nacido y vivido siempre en Huicuife, sobre la ribera  Sur del lago Paimún y era por ser conocedor como nadie de la región un baqueano  muy solicitado por los turistas que visitaba el lugar.

Es así que un periodista de la prensa regional estaba cubriendo una noticia relacionada con un conflicto de límites donde se debía de restituir los hitos fronterizos violentados.

Baqueano y periodista ya se conocían y ahora se reencontraban. Por la noche, dice Abadie, “la magia del fogón nocturno sirvió para que ambos hombres fueran conversando sobre otros tiempos. En una oportunidad, rememora el periodista, don Aila había empezado a hablar de sus encuentros con los “seres de luz”.

El diálogo que había ocurrido entonces lo tenía grabado en la memoria: “Cuido el parque porque las plantas son como gente. En el 78, en Puerto Conoa, unos militares y hombres de Parques nos reunieron y dijeron que todo poblador que muriera, su familia perdía derechos. Quedaba sin tierra ni títulos. Por desalojo. Yo me quedé triste y me volvía solo. Pero entonces se me apareció uno de los “seres de luz”…Vino y dijo un nombre de muerte: Humberto, así se llamaba… Humberto Vía Vida Lucero. Me habló de los hombres malos y dijo que vendría un tremendo terremoto. Por tres meses nevadas y tres crecientes… Se iban a quemar las cordilleras. Dijo que era uno de los catorce santos. Era todo chiquito, de cabeza, brazos y piernas. Después voló y se fue.

Me olvido dónde fue que lo encontré si estoy con gente. Si estoy solo me acuerdo. Coraje tengo a veces, otras no. Me da vuelta el caballo, pero Dios vendrá a cuidar y hacer crecer los árboles de nuevo”.

“-¿Por aquí hay otros seres de luz?

“-Sí. Humberto Vía Vida Lucero es un varón. También suele aparecer Juan de Dios Chaveto y Tierra Lago Sancuse. Hay otra, Elvira Luna Celeste que es mujer. Todos los “seres de luz” se me aparecen y me hablan”.

“-Y sus hermanas ¿han visto a estos seres?

“-No. La Rita y la Inocente están en la casa. Otra ya se murió.

“-¿Y tuvo otros encuentros?

“-Sí. Por allí cerca una tarde se me apareció Juan de Dios Chaveto. Tenías un aura de luz muy fuerte. Estaba enojado con la gente mala que no cuida el bosque ni sus animales.

Dijo que el 18 de Enero del próximo año intentarán poner un fósforo muy grande bajo la tierra para que corran ríos de fuego y broten llamas por todos lados, pero no podrán.”

Entonces –retoma el relato Abadie- al memorar la profecía del “ser de luz” contada por don Domingo Aila, el periodista pareció ensimismarse aún más, mirando fijamente las llamas del fogón. Con una leve exclamación recordó lo que le había en las calles de Pucón (Chile), cuando buscaba un teléfono público para saludar a su hija que cumplía años. Se había sorprendido porque la gente se agolpaba en algunos locales donde los televisores registraban los bombardeos en Irak.

Numerosos incendios de pozos y oleoductos se veían flamear en el desierto… El tubo del teléfono casi se le había caído de las manos al notar la increíble coincidencia: era el 18 de Enero de 1991”

¿Será que los hombres viajamos del mito a la realidad y viceversa” ¿Tendrá algo que ver con los duendes de la Comarca andina?

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

Acerca de Raúl Díaz

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