Dos hermanos trabajan en chacra de Río Negro para recibirse de profesores universitarios

 

La familia Guzmán sabe de sacrificios y que en la vida todo cuesta. Es por eso que hace 15 años Inés Beatriz Cajal y Juan Marcelo Galván decidieron viajar desde Tucumán a trabajar a una chacra y radicarse definitivamente en el Alto Valle.

Con ellos llegaron Nahuel y Benjamín, sus dos hijos que hoy tienen 21 y 23 años. Acá estaba el futuro, pero había que poner el hombro y ganarse el peso para subsistir. Las tareas que demanda la chacra ha hecho posible el sustento económico y las ganas de salir adelante del matrimonio cuando hay empeño y voluntad.

Los Guzmán viven actualmente en Ingeniero Huergo. Nahuel y Benjamín, vinieron de chiquitos con sus padres, es decir tuvieron protagonismo escolar en primaria y secundaria con las mejores notas, mejores compañeros y fueron abanderados también.

“Estamos agradecidos de Río Negro por darnos trabajo y permitir que podamos consolidarnos como familia”, dice orgullosa Inés, quien cuenta que acá nació Bautista, que ahora tiene tres años de edad y suele juguetear entre los bines de fruta.

Pero no todo empieza y termina acá. Sus hijos Nahuel y Benja estudian en la Universidad del Comahue en Neuquén. A Nahuel de 23 años le quedan cuatro materias para recibirse de profesor de Historia, en tanto Benjamín pasó a tercer año y estudia para profesor de Geografía.

“Ellos trabajan en la chacra para pagarse los gastos que demandan sus estudios”, agrega Inés. “Todos los días, durante algunos años el pasaje era carísimo y ni hablar si tenían que comer algo. Siempre se nos complicaba. A veces, cuando la plata no alcanzaba, debíamos optar para que viaje el mayor y el menor se quedaba en casa. Era una lucha constante, pero era la realidad que vivíamos”, apunta.

La madre recuerda que “para ayudarnos a nosotros cuando el dinero no alcanza, Nahuel y Benjamin salen a limpiar acequias en el invierno o como ahora que vienen a ralear o a cosechar la pera y la manzana. Todo lo que hacen es para guardar esa platita y ayudarse con los gastos extras de sus carreras. Dicen ellos que quieren recibirse para ayudarnos en lo que se pueda”.

Juan, el jefe de la familia, fue tractorista muchos años y por problemas en los riñones ahora solo cosecha. Inés cosechaba duraznos y los descartaba, pero ahora solo colabora con algunas actividades, ya que Bautista, el más pequeño, demanda tiempo y atención. A decir verdad, la familia está unida y no baja los brazos. Sabe que vienen tiempos donde todo el esfuerzo y sacrificio realizado dará sus frutos.

 

Texto y fotos: Miguel Ángel Parra

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