El sagrado molle. Productor de leña de alta calidad y otras bondades

Según el Diccionario Consultor Patagónico, “el molle es un arbusto perenne con ramas espinosas, disperso por toda la meseta patagónica. Alcanza alturas de 2 y 3 metros y es productor de leña de alta calidad y de postes para alambrados”.

En su ameno libro “Vivir en el monte”, el escritor de Río Colorado Jorge Oscar Balbuena, sobre esta planta tan característica del Sur patagónico, acota que “el molle es un arbusto espinoso de hojas aromáticas, que suele crecer como el chañar en grupo de muchos “individuos” y en lugares preferentemente húmedos. Es escasa la población de ellos en los montes de la zona Norte,  pero suelen aparecer grupos o “individuos” solitarios en los “bajos”. Eso ha servido para que algún lugar sea conocido como “el bajo de los molles”.

Tienen un aspecto sombrío y poco atractivo a la vista. Una curiosidad que vale la pena mencionar, es el hecho de que según algunos libros, una variedad de molle fue árbol sagrado de los mayas, los primitivos habitantes de América Central en la era precolombina”.

A su vez, el “Gran libro de la Patagonia” define a este arbusto cuyo nombre científico es “Schynus polygamus” “con una altura que alcanza de hasta tres metros, de hojas enteras muy aglomeradas en los renuevos y frutos de color rojizo-violáceo o azul oscuro”.

“Por su amplia difusión en el Sur del continente americano, se lo considera un importante recurso combustible”.

“Habita diferentes terrenos, en particular, terrenos altos de las mesetas basálticas, donde debido a los vientos, la nieve y la sequía adopta porte achaparrado y en cojín”.

Concluye diciendo que “en amplias zonas de la Patagonia hay indicios de la utilización de este especie como leña”.

Es una anécdota conocida que el salamanquero Bernabé Lucero que vivió habitando el Bajo del Gualicho cazando zorros e intimó con la Salamanca tenía gran afecto y respeto por las plantas de molle. Tal es así que cuando se encontraba agonizante estaba debajo de una población de molles y decía que los hombres como él se tenían que morir debajo de su sombra. Tal fue la profecía de este hermético personaje que muchos años después sobre su tumba en el cementerio de Valcheta misteriosamente creció una planta de molle cuyas ramas descansan sobre su lápida.

Cualquier conocedor de los campos y de la vida rural de nuestra Patagonia conoce cada una de las plantas de la región, su utilidad y sus beneficios, incluso para curar o aliviar determinadas dolencias.

Los poetas y escritores en sus libros han glosado a muchas de ellas y las “machis” se valían de ellas conociendo sus propiedades para tratar a los enfermos.

El poeta de Ingeniero Jacobacci, el amigo Elías Chucair, en homenaje a este humilde arbusto muy extendido en la Región Sur le dejó este poema:

MOLLE: Tanto pasaron los vientos/ que afilaron sus espinas; / y está chuceando a los cielos/ en actitud agresiva.  Cuando se cubre de flores/ y de hojas verdes tupidas/ disimula su bravura/ y su imagen se hace linda.  Entonces los animales/ buscan su sombra fresquita/ y el calor de ardiente siesta/ entre sus ramas declina.  Vegetal mangrullo del pago/ en permanente vigía/ que presta alturas al ñanco/ que la distancia domina.  A sus pies quedan culturas/ vestigio de lejanos días/ de tiempos que los tehuelches/ andaban en cacerías.  Desgarra el canto del viento/ cuando toca sus espinas/ y él tanto y tanto pasar/ parece que las afila”.

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

Foto: gentileza Salvador Luis Cambarieri

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