El último ladrido. El perro que murió está vivo, un relato de Pablo Lautaro

Pablo Lautaro es un escritor nacido en Villarrica (Chile) y radicado en la ciudad de Neuquén. Es miembro de la Junta de Estudios Históricos del Neuquén y tiene varios libros publicados. Su trayectoria literaria puede verse en You Tube.

De su libro “Ficciones entre océanos”, que tengo dedicado de su puño y letra, me permito reproducir uno de sus relatos más impactantes que cuenta una historia donde lo fantástico se mezcla con lo real y cotidiano: “El último ladrido”:

Ahí estaba él, como cada fin de semana, descargando su kayak y lo necesario para recorrer el lago de sus amores. Revisó y repasó cada una de sus pertenencias. “Está todo”, dijo.

Minutos más tarde, entraba al agua y emprendía un recorrido como los anteriores, pero con un dolor punzante. La partida de su amigo Balder lo sumía en una tristeza que pocas veces había experimentado.

Miró como pudiendo ver en el  horizonte una mueca de su perro, sonrío y se hizo la señal de la cruz. Empezó a remar a un ritmo lento pero constante. No había nada de viento, el lago era un cristal transparente y azul. Se recostaba el bosque en sus aguas. El pronóstico anunciaba viento sudeste para las once de la mañana, así que él estaba tranquilo.

Rafael había remado durante tres horas. Se detuvo en medio del lago. Se colocó la mano en la cintura y suspiró. Sacó una banana, una naranja y una bolsa del estanco. Comió las frutas, juntó los sobrantes en la bolsa y los volvió a meter.

Un ruido lo sorprendió en medio en medio de la calma. Miró para todos lados y lo único que pudo observar fue lo círculos en el agua. “Debo volver”, se dijo en voz alta.

Emprendió el regreso y luego de unos veinte minutos se empezó a picar el lago. Trató de visualizar una orilla cercana, pero las distancias le resultaban iguales. Se ajustó el chaleco y emprendió a remar a toda fuerza. Las olas empezaron a levantarse y el viento, con su ronquido cruzaba hacia el norte del lago.

Navegaba cortando las olas a toda fuerza, hasta que una hondonada lo hizo desaparecer.

En la tarde una ambulancia llegaba a la orilla baja. Alguien había llamado anunciando el naufragio de una persona. Le practicaron reanimación y trabajo para que soltara el agua, hasta que reaccionó. Mostraba, también, síntomas de hipotermia. Lo trasladaron al hospital. Le llevó tres días recuperarse.

Cuando volvió en sí, lo esperaba al lado de la cama su madre. Se había dormido en la espera y él la despertó con un “Ma”. Ella se sobresaltó y se enderezó para decirle que no hiciera esfuerzos.

Una semana más tarde, ya en su casa, mientras estaban en el living su madre le preguntó si recordaba algo de ese sábado trágico.

Le contestó que un ruido extraño lo sorprendió antes de que se desatara la furia del lago, y que después de remar hacia una de las orillas no recuerda más hasta despertar en el hospital.

-Cuentan algún as personas que un pero negro te arrastró hasta la orilla, hijo.

-Balder, dijo él.

-Tiene que haber sido Balder.

-Pero si murió hace un mes, dijo la madre sollozando.

Se levantaron del sillón y se fundieron en un abrazo”.

Hasta aquí el ameno relato de Pablo, que para el próximo mes de mayo junto a dos prestigiosos escritores mexicanos estará en San Antonio Oeste y Las Grutas por gestión del grupo de escritores locales “Letras de viento y sal”.

 Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta (Río Negro)

 

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