Y así nació la Hesperidina. Melville Bagley dejó huellas con otros productos argentinos

Por un lado podemos decir que “Melville Sewel Bagley, nacido en la ciudad norteamericana de Bangor, en el Estado de Maine, tenía 24 años cuando arribó a Buenos Aires en 1862”. Y durante su vida iba a dejar huella en las costumbres de los argentinos, marcando con sus productos toda una época hasta el día de hoy.

Si bien su fuerte fueron las galletitas, cuyos nombres de fantasía las identificaban, siendo tal vez la más consumida las incomparables “Criollitas”, entre otras.

Su producto más emblemático fue sin duda la Hesperidina, creada por este inmigrante que “aplicó ingeniosos métodos publicitarios para su producto. En 1865, a pocos meses de su lanzamiento, Hesperidina, impulsada por una intensa campaña promocional en todos los diarios de la época, ya era todo un éxito”. Y su nuevo slogan publicitario fue todo un acierto hasta el presente: “Si es  de Bagley, es bueno”.

Aparte de las ya mencionadas Criollitas, aparecieron otras: Variedad, Tertulia, Soda y las ya clásicas y deliciosas obleas, descollando la más conocida llamada Opera, como complemento para el helado y el champán. Hoy podemos ver y consumir las Merengadas, Sonrisas, Rex, Mellizas, Amor, Rumba, Chocolinas, Traviata y muchas más.

Según cuenta Daniel Balmaceda que “durante el carnaval de 1874 se presentó la comparsa “Hesperidina”, que desfilaba al ritmo de una composición escrita especialmente para promocionar el aperitivo: Hermosas hijas del Plata, / de sus riberas caudal, / tesoro que avara oculta / la nueva Roma Oriental / de bellas y puras porteñas, / rosas del mismo rosal, / unid vuestras armonías / saludando al carnaval.  Ven con nosotros, / niña divina, la Hesperidina, / ven a tomar: / vivas de Melville, / el grato invento, / Viva el contento, / Viva el amar.   De alegres festines vamos / en procura, y el amor / a vosotras ofrecemos / de las copas, al rumor: / Cantemos, niñas, cantemos, / el aire hienda al amor / de las voces y choquemos / nuestras copas de licor”.

Dice la leyenda que en aquellos años compró una quinta en Bernal y fueron los propios vecinos de la ciudad de Buenos Aires quienes proveyeron la materia prima para su genial Hesperidina, o sea las naranjas.

Acota Balmaceda que “a mediados de los años cuarenta nació la idea de la venta enlatada de dulce de membrillo y de batata”. Puedo decir como digresión que mi colección de antigüedades tengo una lata de dulce de membrillo Bagley.

El dato más curioso es que el nombre del aperitivo Hesperidina era una “evocación del mítico Jardín de las Hespérides, con el árbol cuyo fruto eran las manzanas doradas que en varias interpretaciones figuraron como naranjas”.

También en mi colección de botellas raras tengo una muy añeja de este tradicional bitter estomacal que contiene todavía un poco de esta bebida.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta (Río Negro)

 

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