Hipólito Yrigoyen y sus mujeres. Rufina Cambaceres y un desgraciado suceso

 

Los libros de  historia no solo registran las acciones de los hombres que han participado de hechos vinculados con  el nacimiento y desarrollo de nuestro país, sino que algunos se han ocupado además de cuestiones relacionadas  con procederes y circunstancias de índole particular.

Aparecen entonces asuntos vinculados con  situaciones  de la vida privada de importantes personalidades que se desempeñaron o fueron protagonistas de trascendentes hechos en la vida de nuestra República.  Algunos surgen de la misma crónica histórica, otros como consecuencia  de anécdotas,  dichos,  trascendidos, interpretaciones o investigaciones.

Pocos días atrás publicamos en esta misma página una nota relacionada con la vida amorosa del presidente de la Nación Hipólito Yrigoyen, el primer mandatario de nuestro país en asumir soltero, al que se le suma ahora el actual jefe de Estado, Javier Milei.

En la nota anterior, hicimos referencia a las tres mujeres que compartieron por algún tiempo la vida con el presidente Irigoyen y han sido reconocidas como sus  grandes amores.  Al margen de Antonia Pavón, Dominga Campos y Luisa Baccici o Bacciche, otro episodio amoroso se lo vincula con Irigoyen y a pesar del tiempo transcurrido siguen apareciendo informaciones contradictorias.

Pero se suma la muerte misteriosa de una jovencita y la duda de haber sido sepultada en estado  cataléptico, lo que agregó  a la desgracia un dramatismo que a pesar del tiempo transcurrido perdura todavía.

De acuerdo a las informaciones que se conocen relacionadas con el tema, la joven Rufina Cambaceres, al igual que otras muchachas de su edad, se sintió muy atraída por la personalidad de Yrigoyen, a quien amaba en silencio.

Se sabe que la madre de Rufina era la bella bailarina austriaca Luisa Baccici, quien había estado casada con el escritor y diputado Eugenio Cambaceres y con la que, ya viuda, convivió con Yrigoyen durante años y con quien tuvo un hijo.

Algunas versiones hablan de dos hechos o circunstancias que podrían haber ocurrido en ese entorno, pero que los protagonistas centrales o principales ignoraban, por caso que la bailarina madre de Rufina haya sido amante de Irigoyen al tiempo que su joven hija pugnaba por lograr el amor del primer mandatario.

A pesar del mito que circulaba en la sociedad acerca de un romance entre Rufina e Yrigoyen la realidad fue distinta, ya que Rufina había encontrado en él una referencia paterna que había perdido tras el fallecimiento de su padre.

Otra versión indica  que Yrigoyen invitó a Rufina  a una velada en el Teatro Colón a escuchar un concierto y ello pudo haber alimentado la posibilidad, que luego de la función la joven concrete el deseado encuentro íntimo con su amado Yrigoyen.

Esa mañana se produjo un hecho inesperado que para algunos pudo haber precipitado a Rufina hacia su muerte y  a la dolorosa situación no develada a pesar del tiempo transcurrido, aunque sumó más misterio y dramatismo.

Informaciones de aquella época afirman que una amiga intima de Rufina le habría revelado un secreto que mantuvo durante largo tiempo y en el le confesaba a la joven que quien ella amaba era el amante de su madre.

Dicha noticia sostiene por otra parte la versión que provocó en la joven Rufina un impacto inesperado que derivó en una lesión  al corazón que le causó la muerte y sumó otro dramático condimento a la conflictiva circunstancia.

Rufina había nacido en París el 31 de mayo de 1883 fruto de la unión del escritor Eugenio Cambaceres y la bailarina austriaca Luisa Bassichi; la joven recibió un buena educación, destacándose en sus estudios que hablaba cinco idiomas y una vasta cultura general. Falleció el mismo día que cumplía 19 años en 1902 dramatizando más aún  su muerte la forma repentina, las posibles causas y los trascendidos posteriores.

Esto es como consecuencia de la posibilidad que la joven haya fallecido cataléptica  y enterrada viva, aunque estudiosos afirmaron que no existen pruebas que demuestren que su deceso haya sido producto de catalepsia.

No obstante, se conocieron informaciones dando cuenta que tras su inhumación, personal del cementerio de la Recoleta dijo haber escuchado extraños ruidos próximos a su tumba. 

 Se sospecha además, ante la posibilidad que Rufina haya sido inhumada con las valiosas joyas que disponía, ladrones profanadores e inescrupulosos podrían haber violentado el féretro para robar las alhajas, se abrió el sepulcro y se habrían hallado indicios que atribuyeron a posibles arañazos en el ataúd, lo que algunos consideraron los pudo haber provocado la joven, alimentando la posibilidad que pudo haber sido enterrada en estado cataléptico, agregando morbo y horror al desgraciado suceso.

Lo cierto entonces que, a pesar de las informaciones conocidas, versiones y trascendidos, nada resultó terminante o confirmado, por lo tanto siguen las dudas respecto a que ocurrió realmente, al tiempo que prolonga o mantiene vigente el misterio sobre el dramático caso.

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma

Las Grutas  –  Río Negro

 

 

 

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