Los vascos inventaron el juego de Mus para divertirse. Un entretenimiento de mesa

 

Uno de los juegos de naipes llegados a nuestro país que ha tenido una gran aceptación y que aún tiene vigencia entre los amantes de los conocidos entretenimientos de mesa, es el “Mus”, que parece existe desde el siglo XVII.

De acuerdo a las referencias sobre el  origen del Mus, se afirma que es vasco y su denominación surge  de la palabra “Muxu” que en el idioma Euskera quiere decir “beso” y hace alusión a una de las señas del juego, ya que en un momento de la partida uno de los participantes simula arrojar un “beso” a manera de seña para indicarle a su compañero los naipes o baraja que dispone.

De acuerdo  a un diccionario publicado en 1745 en San Sebastián,  se afirma que se trata de un juego que ya está muy consolidado entre los vascos y navarros.

Según documentación de esa época indica que la mayoría de los juegos que se practicaban estaban inclinados a la violencia y se los consideraba del tipo incruentos.

Por tal razón, se dice que algunos vecinos y amigos coincidieron en la necesidad de idear o crear juegos que se orienten hacia la diversión y el ingenio, pensamiento  que motivó a Don Alonso de Tudela y Tomás del Pinarillo, quienes decidieron entonces crear o inventar el juego del Mus, cuyo fin era reírse y divertirse amigablemente.

La información disponible afirma que ese fue el fin primordial del “Mus” para sus inventores y quienes lo jugaran, reírse y divertirse entre ellos durante el juego.  Existen constancias que al Mus jugaban tanto personas humildes como también los pertenecientes a la aristocracia de la época y afirman además que desde sus inicios, al “Mus” se jugaba en las tabernas, aunque no por ello el juego era para quienes se emborrachaban o excedían en la bebida.

Todo lo contrario, ya que los propios participantes del juego se encargaban de no permitir el exceso de alcohol para evitar que se produzcan altercados, que perjudicara la partida o el divertimento.

No obstante, afirman que una canción muy popular de la época decía en una de sus partes, “los borrachos del cementerio juegan al Mus”, aunque por otro lado hasta quienes han bebido demasiado advierten que  los propios jugadores afirmaban que la bebida no se lleva bien con la dinámica del juego, ya que con la mente nublada no se puede jugar.

Según consta en escritos de la época, el “Mus” se tornó muy popular en toda España y de acuerdo a las regiones se le introdujeron variaciones en las forma de jugarlo, al igual que en sus normas originales.

Luego, con  el tiempo y a raíz de la gran inmigración española hacia la Argentina y otros países sudamericanos como Colombia, Chile, Venezuela y otros, el juego se extendió por todo el continente americano.

Quienes han seguido de cerca la evolución y el interés por jugarlo, sostienen que principalmente la motivación mayor  es la diversión, la gloria y la alegría por haber triunfado y en segunda instancia aparece  el beneficio del ganador de no pagar el consumo que en las tabernas era un café, un vino, un aperitivo o la merienda.

Quienes han escrito historias sobre el juego agregan que los ganadores, como suele ocurrir, harán alarde de su capacidad intelectual, la excelencia y habilidad para el juego que han desarrollado y no estarán ausentes algunas expresiones cercanas a las infaltables cargadas y algunas fanfarronerías.

Como hemos señalado, tanto en España como en nuestro país y otros, el juego presenta variantes según la región, aunque la esencia original no se pierde, por lo tanto en cada mano de naipes que reciben los jugadores, se apuesta a cuatro categorías diferentes.

Estas son, grande o mayor, que surge de los puntos de los naipes que dispone cada jugador, chica o menor en puntaje, pares y juego (siendo el mayor 31).  Las parejas obtendrán los puntos de acuerdo a lo apostado en cada una de las categorías

Para destacar hay que señalar que los jugadores a su turno pueden pedir “Mus”, que significa un reemplazo de un número determinado de naipes y que ello se produce si quien las distribuye acepta el pedido, ya que se puede negar a tal solicitud, ya que considera que las que èl dispone son valiosas para el juego.

Otra particularidad en la partida es lo que se define como “echar el órdago” que viene del vasco “hor-dago” que significa, “ahí está”, y equivale a que quien pide o echa el “órdago” propone definir el partido, ya que se trata de un envido ampliado a todo el juego.

Por lo tanto si el convidado acepta el “órdago” se muestran los naipes y el de mejor juego o más puntos se adjudica el partido, si el convidado no acepta, quien “hecho el órdago” se notara un punto o más si es una revidada.

Para finalizar debo contar que personalmente en procura de conocer la tierra donde nacieron mis abuelos, llegue a “Campillo de la Jara”, Departamento de Toledo, España una población que no llega a mil habitantes. Luego de recorrer esa comunidad visitamos el Bar El Molino, ubicado frente a la Plaza Mayor y el Ayuntamiento con la intención de comer y beber algo.

El lugar estaba colmado de parroquianos distribuidos en varias mesas donde jugaban al “Mus”, lo que me posibilitó comprobar que quienes lo hacían gozaban y se divertían comunicándose en voz bastante alta y además con las expresiones propias del juego venían también las chanzas, chistes, ironías y las risas.

Me permitió entonces comprobar que se estaba cumpliendo con la idea de los inventores del “Mus” que lo crearon para divertirse sanamente.

 Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma

Las Grutas – Rio Negro

 

 

 

 

 

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