A los 66 años se recibió de abogada: “Aunque sea con bastón, yo voy a terminar”

 

Eso le dijo María Teresa Pino a sus padres el día que se casó y priorizó su proyecto de familia. Muchos años después, retomó sus estudios y cumplió su objetivo. Una historia de superación y sacrificio.

Esta es la historia de María Teresa Pino. Una mujer dedicada a su proyecto de familia, con un deseo grande que nunca abandonó, aunque le cueste mucho sacrificio y largos años de su vida.

Nacida en Dean Funes, provincia de Córdoba, inició la carrera de abogacía en la mítica Facultad de Derecho que está sobre la hermosa Obispo Trejo. Su padre, sin ser abogado, gestionaba trámites en los juzgados para los profesionales que visitaban su pueblo; y cada notificación y mandamiento que llegaba a su casa despertaba su curiosidad de pequeña. Ella supo entonces que algún día le gustaría recorrer ese mundo de leyes que asomaba por la puerta de su casa.

Estudió casi cuatro años, y a fines de 1977 se casó con el padre de sus tres hijos, Pablo Scilipoti, italiano que llegó a la Argentina en barco, a los 4 años, y forjó su destino en Cipolletti. Se habían conocido a través de un amigo, y mantuvieron una relación de noviazgo a distancia, cuando la gente se carteaba o esperaba horas y horas una comunicación telefónica en la antigua Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTEL).

El día que se casó le prometió a su madre: “No se preocupen que algún día voy a terminar. Aunque sea con bastón, lo voy a hacer. Es lo que yo quise también que hicieran mis hijos, que terminen sus estudios”.

Teresa priorizó su familia, sus tres hijos y sus cuatro nietos; pero cuando pudo retomó sus estudios. No fue fácil, aseguró. “Costó mucho sacrificio”, agregó. Pero, en la medida que pudo y al cabo de 15 años de rendir materias, logró su objetivo. “Por suerte pude terminar sin bastón; y mi padre que ya falleció, me debe estar mirando desde una estrella en el cielo muy contento”, expresó.

Su madre estará presente en uno de los momentos más movilizantes.

Para Teresa, su carrera era “una asignatura pendiente”. Un “objetivo” que retomó después de 30 años de casada. Tuvo que arrancar prácticamente de cero. Probó suerte en la Facultad de Derecho que está en Roca y luego de unos meses decidió continuar en la Universidad Católica de Salta, con sede en Neuquén.

Rindió algunas pocas equivalencias, otras materias las tuvo que recursar por completo o actualizarlas porque los contenidos eran obsoletos. Fue así que la cursaba se extendió por 15 años, aproximadamente.

“Gracias a la suerte, a mi familia y a mi perseverancia logré la meta que había pospuesto en el tiempo. Costó mucho pero acá estoy, pude terminar gracias a Dios. Estoy muy movilizada. Finalmente, después de tantos años se me dio”, comentó, en la previa a su acto de colación del pasado viernes.

Ya recibió el título de abogada, de modo que la colación de este viernes fue un acto sobre todo simbólico que disfrutó en familia. La acompañaron su esposo, sus tres hijos, yernos y nietos.

La convocatoria estuvo programada para las 18, en el predio de la Universidad Católica de Salta, frente al acceso del aeropuerto de Neuquén, sobre Ruta 22. “Me queda un gran agradecimiento a la oficina de alumnos que nos acompaña, apoya y aconseja, brindando solución a los obstáculos que no son pocos. También al cuerpo de profesores”, reconoció.

Para Teresa, nunca es tarde. Tal vez no tenga necesidad de trabajar a sus 66 años. Pero no dice que no del todo. Primero gestionará la matrícula. “Luego veremos…me gusta mucho la parte de civil, familia y minoridad”, cerró la flamante abogada que es un ejemplo de superación para muchos.

 

Texto:  Guadalupe Maquedamaquedag@lmneuquen.com.ar

La Mañana de Neuquén y Cipolletti

Foto ilustrativa, no corresponde a la nota presentada

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