Los versos del truco: “Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda…

 

Entre los juegos de barajas el del truco es uno de los más ingeniosos y difundidos en el Río de la Plata y glosado por poetas y escritores, incluyendo a nuestro Jorge Luis Borges que dejó un poema admirable sobre dicho juego.

Creo que casi todos sabemos cómo se juega y lo hemos jugado antes o después de comer un buen asado, en ratos de ocio o en campamentos donde se jugaban apasionantes torneos y donde ser campeón o campeones era una verdadera proeza.

Mis padres fueron muy buenos jugadores y mi madre junto a mi amigo el Beto Noy supieron ganar varios torneos en la Galería Casablanca del balneario Las Grutas. Yo soy un aficionado de regular destreza y me gusta contar los porotos de cada chico.

Pero lo importante de esta breve nota lo constituye los admirables versos que el imaginario popular ha creado para cantar una flor, o sea cuando al agraciado le tocan tres cartas españolas del mismo palo. Se siente, por supuesto una profunda emoción y más aún si los contrincantes se destapan con una “contraflor al resto”.

Yo era muy pequeño cuando desde mi dormitorio escuchaba a mi padre decir muy entusiasmado el siguiente pareado digno de figurar en una antología de la poesía española: “Lanolina y leche/ una flor en escabeche”.

Otros versos bien telúricos dicen: “Alambrado de siete hilos/ postes de ñandubay/ molino marca Guanaco/ y una flor del Paraguay”. Los puristas afirman que el alambrado de siete hilos era sin duda el mejor y por supuesto el más caro y que aún quedan algunos molinos de esa hermosa marca que alude al guanaco.

Y ya que estamos en hablando del país de Roa Bastos otra rima asevera que “Viniendo del Paraguay/ en una lancha a motor/ casi me caigo al agua/ por recoger una flor”.

Este otro, más picaresco confiesa que “Yo soy como el viejo Anduco/ para jugar al cuco/ y siempre anhelo tener fama de buen cantor/ orejiando detrás de un palo para cantar una flor”.

Este es digno de los viejos romances españoles: “La plaza tiene una torre/ la torre tiene un balcón/ el balcón tiene una dama/ la dama una blanca flor”. Hermoso.

Este que voy a citar es casi me preferido por lo ingenioso: “Viniendo de Buenos Aires/ pasando por Temperley/ vide cantar una flor/ de sota, caballo y rey”. Flor barata si las hay.

Este alude pertenencia: “Soy nacido en Tartagal/ y cristianado en Acambuco/ de nombre me han puesto Flor/ y por apellido truco”.

“Al pollo me gusta comerlo/ con pimienta y poca sal/ y me gusta entrar al baile/ con una flor en el ojal”. ¡Que suene nomás la cordiona!!

Quedan muchas versiadas que aluden al canto de la flor en el juego del truco en el tintero, que seguramente los lectores conocerán porque las habrán cantado alguna vez.

Y ahora, ya más literatos, el admirable poema de Jorge Luis Borges: “El truco”.

“Cuarenta naipes han desplazado la vida. / Pintados talismanes de cartón/ nos hacen olvidar nuestros destinos/ y una creación risueña/ va poblando el tiempo robado/ con las floridas travesuras/ de una mitología casera. / En los lindes de la mesa/ la vida de los otros se detiene. / Adentro hay un extraño país: / las aventuras del envido y del quiero, / la autoridad del as de

espadas, / como don Juan Manuel, omnipotente, / y el siete de oros tintineando esperanza. / Una lentitud cimarrona/ va demorando las palabras/ y como las alternativas del juego/ se repiten y se repiten, / los jugadores de esta noche/ copian antiguas bazas: / hecho que resucita un poco, muy poco, / a las generaciones de los mayores/ que legaron al tiempo de Buenos Aires/ los mismos versos y las mismas diabluras”.

 

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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