El traslado de los restos de Ceferino dejó un amargo sabor en la comunidad salesiana

 

Días atrás se conmemoró un nuevo aniversario del natalicio de Ceferino Namuncurá, considerado un Santo para aquellos que expresan su fervor por la religiosidad, como él mismo que desde pequeño se manifestó en ese sentido, incluido el deseo de llegar al sacerdocio para ayudar a su comunidad. Nos pareció entonces que era oportuno difundir algunas situaciones de la vida y algo ocurrido amas de un siglo de su muerte, que de ningún modo empañan su limpio y cristalino pensamiento.

Los restos de Ceferino Namuncuràá descansaban en el Santuario de María Auxiliadora de Fortín Mercedes desde 1924 cuando fueron repatriados desde Italia, donde había fallecido el 11 de mayo de 1905. En ese lugar estaban a cargo de los sacerdotes salesianos, pero se sabía que descendientes de la familia Namuncurá reclamaban ser ellos los custodios de los restos.

A pesar de tal deseo,  sectores de la comunidad de Pedro Luro adelantaban que evitarían por todos los medios que se lleven los restos  del Santito Indio y aseguraban que por más de veinte años los familiares ni se acercaron, pero ahora enterados que es “beato” y famoso se lo quieren llevar, para agregar que en Fortín Mercedes se lo custodió y cuidó y muchos enfermos llegaban para rezar ante él.

Por su parte, los familiares de Ceferino habían solicitado y realizado las gestiones ante la Iglesia para que los restos sean trasladados a San Ignacio a pocos kilómetros de Junín de los Andes en la provincia de Neuquén,  pedido que tuvo resolución favorable durante el Papado de Benedicto XVI.

Conocida la resolución en ese sentido, los intendentes de entonces de Villarino, Raúl Mujica y de Patagones Ricardo Curetti realizaron tratativas con el también por entonces gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli a efectos que impidiera el traslado.

En tanto, referentes de la Comunidad de Fortín Mercedes convencidos que la urna con los restos de Ceferino se iría nomás para Neuquén, porque se había anunciado el momento del traslado, solicitaban un poco de tiempo para organizar “la partida” con actos y ceremonias acordes a la importancia y trascendencia del suceso y el respeto que merecía la figura de Ceferino.

Nada de ello ocurrió y como contrapartida, según expresaron vecinos “estuvo muy mal manejado y provocó mucha bronca en la comunidad, porque todo se decidió  –dijeron- entre gallos y medianoche”.

Vecinos de Pedro Luro y Fortín Mercedes comentaron apesadumbrados que lo que tenía que haber sido una verdadera jornada de celebración “del Santito” como afirmaban, se convirtió en un hecho casi vandálico y pareció más un despojo o robo de los restos de la venerable figura de Ceferino que un ordenado traslado en el marco de una jornada y celebración religiosa.

Más aún, se escucharon voces, que en algunos casos se remontaban a tiempos pasados y surgieron entonces reproches, acusaciones y discusiones.        Estas, claro, se las relacionaban con la presencia y actitudes delictivas de los araucanos chilenos que llegaban a nuestra tierra a maloquear y obtener ganado que llevaban al otro lado de la cordillera.

Sostenían también los vecinos de Pedro Luro y Fortín Mercedes, que un reclamo de los familiares de Ceferino relacionado con el deseo y el derecho de tener en su comunidad al distinguido integrante de esa etnia, que había sido comprendida y respaldada por el propio Papa Benedicto XVI,  que de ningún modo se discutiría y si,  se debían acordar los actos y ceremonias para el retorno al seno de sus familiares  y no tomar sus restos en lo que se pareció bastante a un violento atropello a quienes habían sido sus custodios por tantos años.

Entre otras cosas además, los vecinos del lugar recordaban que si bien el Papa había beatificado a Ceferino en el 2007, cincuenta años antes los pobladores de la región y la Patagonia ya lo consideraban e identificaban como “el Santito”.

Creo por otra parte que es necesario dar un repaso a algunos aspectos salientes de la vida de Ceferino y “los Namuncurá” que en lengua “mapuche” o sea en “mapudungun”, significa (pie de piedra), que de alguna manera tiene que ver con la firmeza y convicción de sus acciones y pensamiento.

Según los historiadores, Ceferino nació el 26 de agosto de 1886 en Chimpay o en tolderías que se habrían instalado en la región, en la avanzada de la Araucanía chilena, sobre  tierras argentinas dominadas por los tehuelches en ese entonces.

El nacimiento de Ceferino se produjo en los finales de las extensas luchas de los hombres comandados por su abuelo Juan Calfucurá y su padre Manuel Namuncurá, con las tropas del Ejército Argentino  al mando del general Julio Argentino Roca.

Tras el desplazamiento de los Namuncurá de las tierras que habían ocupado Manuel Namuncurá reclamo entonces territorios para su pueblo y de acuerdo a datos de la historia el Congreso Argentino le habría prometido ocho leguas en la región de Chimpay que finalmente no le otorgaron.

Ante la situación en la que se encontraban, Ceferino planteó que para ser útil a su raza debía estudiar, por ello solicitó lo envíen a Buenos Aires a cumplir con esa premisa.  El primer paso de Ceferino fue ingresar a la Armada, donde no se adapto, razón por la cual el presidente Saénz Peña recomendó que estudie en el Colegio Salesiano, donde entre otras particularidades fue compañero de estudios de Carlos Gardel.

Tras unos pocos años de estudio, Ceferino comenzó a acusar problemas pulmonares que motivaron su traslado a Viedma  e instalarlo en el Colegio Salesiano de aquí, considerando que el clima de la región sería más favorable para su salud.

Como dato curioso podemos destacar que durante su estada en Viedma fue asistido por Artémides Zatti, quien también padeció tuberculosis, mal que el enfermero  pudo superar.  Según la misma información de la época, en esa circunstancia fue atendido por el sacerdote y Dr. Evasio Garrone

A todo esto el guía espiritual de Ceferino, Monseñor Cagliero fue nombrado arzobispo y en esa condición tuvo que viajar a Italia y entonces lo llevó con él donde continuó estudiando, pero al notar que su salud empeoraba escribió a su familia el deseo de retornar, lo que  pudo concretar después de su muerte que lo sorprendió como ya dijimos el 11 de Mayo de 1905 cuando solo tenía 18 años.

Posteriormente, un hecho trascendente es tomado como un milagro, debido a que la joven Valeria Herrera que padecía cáncer de útero logró superar la enfermedad tras atribuírselo a Ceferino ante quien había oraba en forma permanente.

La Iglesia no obstante, recién en el 2007 admitió el milagro a través de la Junta Medica del Vaticano por lo que decidió su beatificación, al tomar como cierta la curación de la joven Valeria, que tras su enfermedad pudo dar a luz a dos niños, culminando así un trámite que se había iniciado en 1957.

Según consideran también en la Iglesia, la evangelización y el ingreso de Ceferino al ámbito religioso motivo cambios sustanciales en su raza e implico modificaciones en el comportamiento, en la cultura y propias vivencias de la raza mapuche, que fueron quedando de lado.

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma 

Las Grutas – Rio Negro

 

 

 

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