Cuando el “cuero” se comió un caballo. Sale a la playa a buscar comida. Un misterio

 

El mito del temible “cuero del agua” ha sido tratado y desarrollado por varios investigadores y es muy común tener conocimiento del mismo sobre todo en las zonas lacustres, o en cercanías de ríos, arroyos y lagos. Una tradición valchetera sugiere. Por ejemplo, que esta extraña identidad maléfica del panteón mapuche, supo asentarse en el paraje de Punta de Agua, donde desembocan las aguas del arroyo Valcheta.

El presente relato que mantiene intacto el estilo del narrador, fue recopilado por la escritora e investigadora Dora Fornaciari y publicado junto a otros textos de mitos y leyendas en la “Revista Patagónica”.

He aquí el relato en primera persona del informante anónimo: “Mi abuela contaba que una vez acá arriba, en la punta del Mascardi terminando el Gutiérrez, ahí en esa costa para adentro, en la punta del Mascardi, un hombre de mucha edad, él contaba que se le había perdido un potro oscuro y lo andaba campeando, y un día él dice que iba por la orilla, la costa del lago para adentro para ver si lo encontraba y vio un potro pero oscurito, oscurito, y estaba tirado ese potro… y eran como las once y media, a esa hora salen los animales del agua afuera siquiera a tomar sol y lo vio él ahí, pero no lo sintió el potro ese. Y en eso él le soltó el lazo y le echó una atropellada para enlazarlo, y cuando se tira a parar el potro oscuro ese, lo enlazó, Y así cuando estaba en lo seco no tiraba nada fuerte y un poquito que pisó en el agua nomás se lo llevaba, más o menos ya lo llevaba al agua para adentro. Y tuvo que cortar el lazo porque no tuvo otro remedio, porque si no quién sabe, se lo lleva nomás el potro oscuro ese”.

“Un verdadero cuero era ése. Hay de todos colores. Como hay animales en el campo, ¿vio?, como animales domésticos. Un cuero de potro, de vacuno, nada más que lo que tiene es que está todo rodeado de garras, de uñas, y en el medio tiene la boca, del lado de arriba, porque este cuero del agua se tiende abierto, y todo animalito que va cayendo al cepo de él, lo arrolla y lo apreta y se muere y ahí lo traga, espira la sangre. Y dice mi finada abuela, que era bastante anciana y le conversaba el padre, que con una rama de esas espinudas de esas que hay acá que le decimos nosotros “montenegro” o “chacay arrastrau” que le decimos, que tiene una hoja como de diez centímetros de largo, y si no abierta como una uña de gato así que también espinuda… esa se tira con una soga larga y se tira dentro sobre el cuero, pero lo más seguro es la espina negra, porque el cuero no devuelve, no afloja más, una vez que apretó no afloja más, hasta que nota que lo que tiene adentro lo ha molido, por eso sale cuando el sol, cuando está bueno el tiempo, bien despejado, a eso de las doce, las once, por ahí sale sobre el agua, y después sale a la playa a tomar sol, pero muchas veces a buscar comida”.

Hasta aquí el relato que coincide en muchos particulares con otros avistamientos similares. Para los interesados en el tema entre la abundante bibliografía existente merece destacarse el estudio “El cuero del agua – Mito Patagónico” de la investigadora de San Carlos de Bariloche Perla Álvarez.

“Te he visto de plomizo gris, / en rebeldía; / y otras veces planchado/ de azules mansedumbres. / ¿Qué corrientes ordenan tu lecho misterioso/ y esa espuma que juega/ en las piedras descalzas? / Desde lejos me llegan voces milenarias/ relatos y sucesos/ entre siglos de tiempos/ que agrandan tu misterio. / Una gaviota pasa como un  presagio alado/ y anuncia que en la orilla/ siniestro manto en calma/ tendido en trampa mortal/ acecha el cuero del agua”. Hermoso poema de Hugo Duraczek, justo colofón para esta breve nota.

Texto: Jorge Castañeda

Valcheta – Escritor

Ilustración: Chingolo Casalla

 

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