¿Casualidad, azar o mandato invisible? Vivencias de un rionegrino en una ciudad del Noreste

Días pasados viajé por la Mesopotamia para conocerla, acompañado de mi esposa y me ocurrió este, para mí, sorprendente episodio que les cuento.

Llegamos de paso de Mercedes a Curuzú Cuatiá y estacioné el auto donde pude hallar un lugar, problema que se repite en casi todos lados. Viajo a la antigua, con planos (de esta ciudad no tenía) y preguntas a pobladores, con eso me alcanza y de haber usado GPS este caso no hubiera ocurrido.

La cuestión es que le pregunté a uno de los cientos de transeúntes que poblaban calles y veredas dónde estaban la plaza, la iglesia, en fin, los lugares más interesantes para conocer. Amablemente me indicó y luego surgió el siguiente diálogo;

-”¿Ustedes son turistas?

-Si, venimos del Sur.

-Perdone que le pregunte, pero ¿de qué parte?

-Somos de Río Negro, más precisamente de Viedma.

-¡De Río Negro! Conozco Viedma, San Antonio y Conesa, porque yo viví varios años en Valcheta.

-¡En Valcheta!…tengo un amigo, Jorge Castañeda que vive allá y además conozco a muchos valchetenses, la mayoría camaradas de la Policía, porque yo soy retirado de la misma.

-Lo conozco a Jorge y a muchos pobladores más. Entonces usted debe haber conocido al comisario Antonio Nazareno Seballos.

-Por supuesto. Lo conocí y traté bastante. Guardo buenos recuerdos tanto de su desempeño en la Institución como de su curiosa forma de vida. Se retiró hace muchos años y nunca más supe de él. Supongo que ha fallecido porque era un hombre entrado en años cuando dejé de verlo, allá por 1975 en que era jefe de Cervantes.

-No sólo que no falleció, sino que vive acá, en Curuzú, y le digo más, está a tres cuadras de aquí. Si quiere pasar a saludarlo, lo llevo”.

Acepté con gusto, nos guió hasta su morada, entró a la misma para anunciarle nuestra visita y enseguida nos hizo pasar retirándose él a continuar con sus quehaceres luego de despedirse de nosotros. Nos saludamos con afecto, pero si bien conserva lucidez, se lo nota desmemoriado respecto a algunos nombres. Me preguntó por varios camaradas, manifestó pesar por algunos que se han ido y me dijo que está escribiendo un libro sobre religión.

Con 93 años vive solitario, con una mujer que atiende la casa porque enviudó 15 años atrás. Para caminar se ayuda con un bastón por “problemas en las coyunturas” me contó sonriendo.

Me alegró verlo después de tantos años. Tiempo después de conocerlo supe que era egresado de la Juan Vucetich, que era muy buen cantor, incluso con discos grabados en la década del cincuenta. Varias anécdotas rodean su vida, pero nunca se dudó de su honestidad, de su educación y de su bonhomía.

La persona que me guió es de apellido Vera (perdí su nombre) y su padre supo ser pastor en Valcheta.

Ahora paso al título de este escrito: ¿Casualidad, azar o mandato invisible?…¿por qué lo detengo justamente a él para preguntarle, habiendo cientos de personas pasando a su lado?…¿por qué me hallé en ese lugar y en ése momento a tan sólo tres cuadras de la casa de Don Nazareno?…¿por qué Vera me pregunta de dónde veníamos? Y por ultimo ¿por qué lo encuentro si no tenía ni idea de donde vivía y suponía que había fallecido tiempo atrás?

En fin, no tengo ninguna respuesta a estos interrogantes, pero concluyo en que “algo” hubo.

Presumo que varios camaradas han conocido a Don Antonio Nazareno Seballos. Para ellos también va esta sugestiva experiencia que he tenido y que servirá para recordarlo.

Abrazo de Roberto Cancio (autor de este texto)

 

Acerca de Raúl Díaz

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