El francés que quiso ser el rey de la Patagonia por acercamiento a mapuches chilenos

Este singular y pintoresco personaje que había nacido con el sueño de integrar alguna vez la realeza, se llamaba Orelie Antoine de Tounens, ya de niño aspiraba a ocupar alguna vez el trono de un Reinado.

Orelie había nacido en 1825 en la ciudad francesa de Dordoña, donde cursó sus estudios primarios y no sólo siguió estudiando hasta recibirse de abogado, sino que se preocupó por aprender distintas artes, ya que fiel a sus propósitos explicaba que debía adquirir los conocimientos dignos de un Rey.

No tardó mucho Orelie en comprender que su sueño sería imposible de poder cumplir en Francia, por lo que apareció su espíritu aventurero, que se estima estuvo  influenciado por el libro “La Araucana” de Alfonso de Ercilla, razón por la que se dispuso a viajar al sur de América  para llevar adelante su proyecto.

Este no era otro que conformar una confederación que se desarrolle bajo el imperio de una monarquía constitucional y con ese propósito viajo a Chile donde con la meta puesta en su propósito, busco la forma de relacionarse con las comunidades Mapuches y sentar las bases de su reinado.

Orelie llegó a Chile en 1858 donde rápidamente aprendió a hablar en español y también el lenguaje de los mapuches araucanos. Por otra parte, su pensamiento lo llevó a considerar  además, que estaban dadas las condiciones para llevar adelante su propósito y establecer el soñado  reinado.  Tras un par de años en Santiago viajó al Sur a efectos de hablar de sus propósitos  a los pueblos originarios (Mapuches).

Contó su idea a los jefes mapuches, que no era otra que constituir un estado independiente en la Araucanía Chilena y  que esta se integre a la Patagonia Argentina.  Orelie avanzaba tan vertiginosamente, al punto que redacto lo que sería la Constitución  del nuevo Reyno al que decidió llamar,  “Royaume de Nouvelle France”, (Reyno de la Nueva Francia).

Si bien al principio las autoridades Chilenas tomaban con cierto humor al “Francés loco y pintoresco”, que hablaba como los mapuches con un raro acento y vestía también sus ropas al que dejaron actuar y nada les importaba que anunciara la fundación de su Reynado, que nombro “Reyno que denominó Nueva Francia” estaba en marcha, no lo tomaban en serio y estimaban además que no representaba ningún peligro, no tardaron en cambiar de opinión.

Esto ocurrió cuando dudaron si en realidad Orelie era un grotesco, simpático y pintoresco loco, o en realidad estaba convencido y seguro de poder organizar y manejar un estado independiente.  Esta duda se plantearon cuando advirtieron que cada vez lograba mayor adhesión e influencia entre el pueblo mapuche.

El punto culminante y que sacudió  a las autoridades chilenas se produjo el 17 de noviembre de 1860, cuando Orelie presidió una asamblea de más de 3.000 delegados mapuches de distintas regiones.

En esa oportunidad, según se conoció,  se leyó la Constitución que él había redactado y se lo proclamó Rey de la Araucanía y la Patagonia, algo que inquietó y preocupó a las autoridades.  Mucho más, cuando los principales diarios  chilenos publicaron a grandes titulares que “el Reyno denominado Nueva Francia “estaba en marcha”.

El gobierno trasandino entonces, convencido que Orelie estaba causando muchos problemas, y al advertir que  hablaba de unificar las regiones, lo acuso de “alterar el orden público”, lo detuvo y condeno a diez años de prisión, aunque la cosa no iba a quedar aquí.

La razón fue  la popularidad que el francés había logrado, como así también la influencia obtenida, lo que obligó  a las autoridades chilenas a pensar o analizar, si no sería un peligro mantenerlo preso ante la posibilidad que desde el encierro aliente sublevaciones o protestas, con finales impredecibles. La decisión fue entonces indultarlo y derivarlo a un Instituto de Salud Mental en primera instancia y luego repatriarlo, advirtiéndole que si retornaba sería nuevamente encarcelado.

Como Orelie era de  fuertes convicciones, comenzó a trabajar intensamente desde su país,  en búsqueda de apoyos y financiamiento para futuras acciones, todas ellas en procura de lograr su sueño.  Entre sus acciones mantuvo reuniones con políticos y empresarios a los que les detallo el sueño que pretendía cumplir, el que debía iniciarse  a través de la independencia para Sudamérica.

A pesar de su tenacidad, que lo trajo otras veces a estas tierras, en 1869 inicio la comprobación  que aquella empatìa que había logrado con las comunidades mapuches en su momento, se fue desvaneciendo, esto porque el gobierno Chileno trabajo intensamente en la incorporación de las regiones de la Araucanía al Estado.  Orelie insistió e intento mejorar sus argumentos en las reuniones que mantuvo con los “loncos”, pero la férrea vigilancia de las autoridades trasandinas, lo obligo a abandonar su lucha y regresar a Francia.

Según consta en los registros de la época, las crónicas aseguran que Orelie intento en dos ocasiones más retornar a Chile, lo que no pudo lograr y junto con sus sueños tuvo que conformarse con deambular por  tierras francesas, donde murió en 1875.  El recuerdo de este personaje habla de un loco, simpático, visionario y  aventurero, que pretendió ser Rey en tierras ajenas con el discurso y la prédica de la libertad e independencia.

Hasta aquí, la síntesis del sueño de este singular personaje francés, para algunos un loco, para otros idealista revolucionario, no faltaron los que lo catalogaron como visionario, fue considerado también como un aventurero y para muchos un extraño individuo al que no sabían cómo calificarlo.

Pero para el final dejamos un pregunta o duda sobre uno de los símbolos ideados por Orelie; dijimos que redacto la Constitución de lo que sería su Reynado, el sistema de gobierno, el territorio que abarcaría, el escudo de su reyno y la bandera, que tiene bastante similitud, con la actual de la provincia que fue seleccionada en concurso al que llamo el gobierno provincial.

Participaron del evento 164 personas y el jurado selecciono y eligió la presentada por el abogado Daniel Cuomo de Allen, tras aclarar que el diseño daba cumplimiento  a lo especificado en las bases, según publica el diario Rio Negro en su edición del 28 de marzo del 2009.  La única diferencia con la bandera de Orelie es el rectángulo negro por el nombre de la provincia, que contiene 13 estrellas que representan los Departamentos diseminados en su territorio y justifican plenamente el resto de las franjas con los colores (azul, blanco y verde).

Cada uno tendrá su propia interpretación de este singular hecho y  hacer  su propia evaluación, solamente le agrego para el análisis que se tiene conocimiento que en algunos países, especialmente cercanos o bajo la órbita soviética que en algún momento reconocieron el Reynado de la “Nueva Francia” e incluso mencionan que funciona allí, una dependencia con rango de Embajada.

 

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista de Viedma

Las Grutas  –  Rio Negro

 

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