Los viejos calentadores a kerosene. ¿Quién tendrá algún primus?

 

La calidad de vida ha mejorado ostensiblemente con el progreso de la tecnología y muchos objetos y muebles de nuestra infancia y juventud hoy son verdaderas antiguallas o ahora cotizadas piezas de museo. Yo en mi afán de coleccionista sin remedio tengo varias en mi colección.

¿Algún memorioso se recuerda de las viejas estufas y calentadores a kerosene? ¡Cuántos esfuerzos en los duros inviernos de nuestra querida línea sur cuando los velones de las fuertes heladas bajo cero quedaban pendientes de los aleros!!

Había que salir con el frío imperante hasta la estación de servicios munidos de varios bidones cuando llegaba el abasto de combustible y hacer la larga cola con gruesos gorros de lana, guantes, pulóveres y camperas a la intemperie. Porque el beneficio del gas natural era solamente para los grandes y lejanos centros urbanos, a pesar de producirse en nuestra querida Patagonia, fuente de toda riqueza.

Algunas estufas tenían un botellón de vidrio para la caga del líquido que luego se invertía y se colocaba detrás del artefacto para que por goteo mojara la mecha o alimentara las famosas velas y había que darles presión para que calienten más. Entre las piezas guardo uno de esos botellones.

Tengo también uno de aquellos antiguos calentadores Bram Metal de chapa, cuadrado y de color rojo, antepasado de los hermosos de bronce que con una lata de duraznos vacía arriba del mechero atemperaban los fríos inclementes de entonces. ¡Siempre el ingenio popular de los argentinos.

Todo se solía escarchar y se congelaba el agua en las cañerías y hasta el gas-oil y los parabrisas de los vehículos que hasta más allá de media mañana cuando comenzaba a calentar el solcito no arrancaban por nada del mundo, y eso cuando no nevaba.

Me acuerdo, eso sí, de los gruesos y pesados acolchados que abrigaban en esas duras noches invernales y donde costaba salir de la cama.

He visto en mis viajes por la zona los alambrados congelados aunque parezca mentira, pero indudablemente fríos eran los de antes, y sin embargo tanto no lo sentíamos.

Una de las últimas piezas que generosamente me han donado para mi colección es un hermoso calentador marca “Istilart” (la misma de las hermosas cocinas a leña) de color celeste con su correspondiente mechero y depósito de combustible. Una verdadera joya de otros tiempos.

Y al verlo me pregunto ¿Le habrán colocado arriba un jarro con hojas de eucaliptos para aromatizar el ambiente? ¿Dónde habrá prestado sus servicios, en el campo o en el pueblo?

Si ahora vendieran kerosene seguro que probaría de hacerlo andar, de puro gusto y nostalgia nada más.

Ya después vivieron los calefactores más modernos a gas oil con el tanque afuera hasta que llegó señorial y para quedarse para siempre su señoría el gas natural, que ahora se ha convertido en realidad en toda la región sur. ¡Bienvenido!!

Pero estos artefactos tan serviciales que hasta servían para cocinar se ganaron un buen lugar en el recuerdo de todos los que los conocieron y usaron.

Pregunta final ¿Quién tendrá algún calentador Primus?

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

 

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