El Teatro Municipal de Bahía Blanca tiene sus fantasmas. Opina un escritor en Río Negro

 

Según se comenta, y hay al respecto historias, testimonios como también testigos, en la mayoría de los teatros habitan fantasmas. En este caso, atribuyen su permanencia en el lugar a un primer actor ya fallecido que actuó allí en distintas ocasiones y sus interpretaciones han quedado en la memoria de los asistentes por su calidad o la temática de la obra representada o el impacto que produjo entre los asistentes.

Otros que van más lejos con su imaginación arriesgan su opinión adjudicando la permanencia del espectro del personaje principal de la obra representada, que impactó tan fuertemente entre los asistentes que permanece en las dependencias del edificio.

El Teatro Municipal de Bahía Blanca se construyó por iniciativa del intendente municipal de fines del siglo pasado, Jorge Moor; el proyecto del edifico pertenece a Jacques Henri Dunanty Gaston y Louis Malet, arquitectos suizos-franceses que estaban trabajando en la construcción del Hotel de Sierra de la Ventana y quienes se encargaron de los trabajos en el teatro fueron los ingenieros Pietro Bernasconi y Francisco Luisoni.

Según datos de la historia, las tareas se iniciaron en 1911 y culminaron en 1913, habiéndose inaugurado oficialmente el 9 de julio de ese año con la participación de músicos locales del Conservatorio Williams y la organización del Tiro Federal.  En la oportunidad los músicos de la Compañía Italiana de Antonio Marranti interpretaron la ópera Aída de Giuseppe Verdi, la misma obra con la que se inauguró el Teatro Colón de Buenos Aires en 1908.

Si bien dijimos que la iniciativa de la construcción del teatro correspondió al intendente Jorge Moor y se ocupó de ello, no pudo lograrlo y quien si lo concretó fue el intendente Valentín Vergara.

La historia confirma además que en primer lugar se propuso designar al teatro con el nombre del Fundador de la ciudad, es decir coronel Ramón Estomba, pero como surgieron voces opositoras se decidió denominarlo solamente Teatro Municipal de Bahía Blanca

Por este centro cultural catalogado como uno de los 10 más importantes del país, pasaron prácticamente los más trascendentes actores teatrales, músicos y cantantes como el mimo francés Marcel Marceau, Carlos Gardel, Atahualpa Yupanqui, como asimismo orquestas de todos los géneros tanto nacionales como extranjeros. La historia registra asimismo que Eva Perón en una visita a Bahía Blanca utilizó los balcones del teatro para hablar a los vecinos que se habían congregado en el lugar, hecho que se hizo costumbre o generalizó cada vez que una importante visita llegaba a la ciudad o un representante local retornaba a esta tras haber obtenido un logro significativo.

Como ustedes habrán advertido, todavía no nos hemos referido al “fantasma” del teatro, que como solo adelantamos habita en el lugar como en tantos otros centros culturales de esta clase.  De acuerdo a lo que cuentan quienes se han referido a la historia del teatro, confirman que en este caso se trata de alguien especial.

Entre las distintas presentaciones realizadas en ese lugar, tuvo gran difusión y despertó un generalizado interés en la población, el anuncio de un espectáculo circense con la participación entre otros, de malabaristas, trapecistas y equilibristas.

Para que estos pudieran desarrollar su tarea, hubo que instalar una serie de elementos como trapecios y cuerdas necesarios para el trabajo de los artistas y gimnastas.

Mientras este espectáculo se desarrollaba sucedió lo imprevisto e inesperado, ya que una de las agarraderas o sostén del extremo del cable por el que más tarde tendría que caminar el equilibrista se soltó y la mala suerte o vaya saber que, el peso que sostenía ese elemento saliera disparado hacia el sector de los palcos y golpeara en la cabeza a un espectador.

Las primeras curas las recibió en el mismo teatro y luego de ser  auxiliado en el lugar fue trasladado a un centro asistencial, donde a pesar de los cuidados recibidos el hombre dejo de existir.

Cuentan que en funciones posteriores muchos asistentes al espectáculo y trabajadores del edificio observaron al fantasma del muerto que desde detrás de los cortinados de los palcos seguía con atención la exhibición.

Los relatos sobre este hecho se añadió a otros que siempre sostuvieron trabajadores del teatro y también algunos de quienes allí actuaron, respecto a que en ocasiones divisaron figuras de personas, actores o personajes de piezas teatrales que tras dejarse ver por breves instantes desaparecían.

La gran diferencia en relación a otras leyendas o historias de fantasmas, es que en el caso de los teatros y en especial en esta circunstancia, la presencia de los espectros no generaban rechazo o miedo, ni tampoco actitud maligna, ni temor o escalofríos  por su presencia, eso sí, sorpresa e inquietud, al tiempo que también crecían los comentarios o referencias a la posibilidad que quienes aún hoy visitan el magnífico teatro, pueden enfrentarse u observar en algún momento con algunos de los perpetuos residentes del lugar.

Texto: Eduardo Reyes, escritor y periodista

Las  Grutas 22 –03 -2022

 

 

 

 

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