Aquellas viejas meriendas. ¿Quién no se acuerda del Vascolet, del Nesquik, del Toddy?

 

Siempre se dice que los tiempos han cambiado. Y es cierto. El progreso es dinámico y nuevas cosas se suceden a las antiguas, porque así es la vida.

Sin embargo, hay cosas que quedan indelebles en nuestra memoria y al igual que las magdalenas del famoso libro de Marcel Proust, algún aroma, alguna forma, algún sabor nos retrotrae a los años de nuestra infancia. ¿Todo tiempo pasado fue mejor? Tal vez para nosotros, ya algo mayores, haya sido así, porque a pesar de las privaciones propias de aquellos lejanos días éramos felices jugando con la Pulpo, llevando una llanta de bicicleta con una guía de alambre, remontando barriletes, corriendo en el carrito de rulemanes, jugando a la bolita, al hoyo pelota, a las figuritas, prendiendo fuego a las parvas de yuyos y cubiertas para la noche de San Juan y los más bueno de todo, ponernos los Sacachispas para jugar un picadito en los baldíos.

Pero después de esos juegos vespertinos venía el llamado insistente de nuestras madres para tomar la merienda, obligatoria de todos los días y generalmente amiguitos de invitados.

Y allí, de aquellos ya para mí lejanos tiempos me viene el recuerdo de la “cascarilla” que muchos memoriosos recordarán. Generalmente acompañado con tostadas con manteca, miel o mermelada.

Otra opción era el muy conocido “Vascolet” de riquísimo sabor a chocolate (la chocolatada Cindor venía en botellitas y se tomaba fría). El Toddy era similar, lo mismo del Nesquik que venía en hermosas latas hoy piezas de colección (tengo algunas) y en cajitas la Cocoa, entre las que me acuerdo.

Como una particularidad podemos decir que la propaganda nos hizo identificar el Nesquik con el dibujo del famoso conejo Quic.

Las tazas del sabroso chocolate eran otra cosa: una fiesta acompañadas por tortas o churros. Pero eso era solo para ocasiones especiales como cumpleaños.

Como un complemento de cereales era muy conocido el Nestum. Si acaso estábamos de suerte nos servían bollitos con crema pastelera que mojábamos en el delicioso brebaje achocolatado.

Sí, los tiempos cambian. La urgencia de la vida moderna casi omite la hora de las meriendas. Y aquellos productos alimenticios ya han sido reemplazados por otros. Por ejemplo por el Kero o por la exquisita Nutella.

Viajo con la imaginación en el tiempo hasta aquellos años en que aún usaba los pantalones cortos (los largos se comenzaban a usar recién a los doce años) y me siento a la mesa para merendar. Le pido a Irma mi señora una taza de cascarilla o de algún cacao de aquellos y me mira con ojos de asombro.

Pequeñas cosas y costumbres que dejaron una marca en cada uno de nosotros, pero el paso de los años es implacable y hoy solo nos quedan recuerdos y nostalgias.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta (Río Negro)

 

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