El Maruchito: El niño asesinado que originó leyenda de fantasma y veneración de santo popular

Mucho se ha publicado respecto a Pedro Farías, el Maruchito asesinado de dos puñaladas por Pedro Onofre Parada, propietario o capataz de una tropa de carros, que allá por 1919 recorría la Patagonia llevando mercaderías y trayendo productos como lanas y cueros.  De acuerdo a lo que se sabe al respecto, el Maruchito cometió la imprudencia de tomar la guitarra de Parada para pedirle que le retorne en melodías la pasión que sentía por el instrumento y pago con su muerte.

Esta historia ha sido contada de muchas maneras, por lo que existen distintas versiones y, aunque parecen ser suficientes, considero que siempre queda algo por decir.

Según lo que se sabe, el Maruchito era un niño de 12 años de nombre Pedro Farías que integraba el personal de una tropa de carros que se movía en la zona de Río Negro y Neuquén, donde cumplía con las labores consideradas menores pero que en realidad no eran tales.

Se encargaba, entre otras cuestiones, de las mulas o caballos de recambio de los carros, juntar leña para cocinar, ayudar en ese menester y colaborar en otras tareas que los mayores le solicitaban.  Entre los sueños de Pedro, sus gustos y el mayor de sus deseos, figuraba tocar la guitarra.

Entre los carreros el capataz del grupo, Pedro Onofre Parada llevaba una guitarra en la que interpretaba temas y cantaba canciones tradicionales, en los momentos en que detenían la marcha para descansar, alimentarse y reponer fuerzas, tanto ellos como los animales. Cuando la guitarra se encendía con las ejecuciones del capataz, también resplandecía de felicidad el rostro del Maruchito y su corazón sensible lo iluminaba de cuerpo y alma.

La trágica historia comienza cuando el niño hizo conocer sus deseos de buscar esos sonidos que tanto amaba de la guitarra y la advertencia amenaza del capataz Parada, quien le prohibió que lo intentara con la de su propiedad.

Pero un día después del almuerzo, que algunos ubican en octubre de 1919, se desató la tragedia, Pedro Farías, el Maruchito, aprovechando que todos se habían retirado a descansar, tomó la guitarra del capataz y al reparo de uno de los carros guiado por su amor a ese instrumento, con suaves caricias en las cuerdas intentaba que la madera le retornara en música toda su vocación de guitarrero.

Sin embargo, la intolerancia se hizo dueña de su destino, porque el capataz Pedro Onofre Parada al descubrir al niño con su guitarra, le recordó su advertencia y apuñaló al tierno Maruchito que cayó herido de muerte abrazado al instrumento.

Hubo reproches del resto de carreros y peones por el agresivo y desmedido ataque de Parada y con toda premura trasladaron al niño hasta el rancho de Doña Catalina Rieuser, curandera afincada en la región, quien pese a su empeño y esfuerzo no pudo evitar la muerte del niño, que los carreros sepultaron a la vera del camino.

A partir de la muerte del Maruchito nace entonces la leyenda, ya que quienes pasan por el lugar se detienen para dejar sus ofrendas, rezar una plegaria y pedirle que los ayuden en su viaje, como también por los niños, en especial por aquellos que no son respetados en sus derechos.

Como siempre ocurre en estos casos, las creencias populares y los mitos se arraigan en aquellos pobladores que respetuosamente se aferran a ellos.  Una prueba contundente se reflejo en la comunidad de esa región de Aguada Guzmán, Departamento de El Cuy que en 1924 construyeron una Alpacheta en la que los vecinos o viajeros dejan, mensajes, pedidos, agradecimientos, flores, velas y hasta dinero, según  testimonios de Don Elías Chucair uno de los más notables escritores, historiadores  y poetas rionegrinos que mucho se ocupó del Maruchito y otros temas de nuestra Patagonia.

Chucair en algunos de sus escritos al respecto sostiene que el Maruchito es un “mito folklórico” auténtico de la Patagonia que no ha sido impuesto por organización alguna ni finalidad determinada, como hay otras. Añade Chucair que las creencias sostienen que quien no cumple con el requisito de propiciar el espíritu del Maruchito asesinado, como por ejemplo no detenerse o exteriorizar su tributo, se expone a las consecuencias y arriesga una contrariedad o accidente.

No faltan tampoco quienes aseguran que al ver cumplido un pedido al niño, respecto a determinado tema, dicen haberlo visto o advertido su presencia.

Otro notable escritor rionegrino, Jorge Castañeda en referencia al Maruchito el mito y las creencias sostiene también que es muy conocido aquello que “aquel que no se detiene al pasar frente a donde están sus restos, indudablemente tendrá mala suerte, ya sea porque se quedara su auto o perderá sus animales.

Afirma además Castañeda que la “fe es la certeza en lo que no se ve” y recuerda que algunos paisanos le han contado que hay noches en las que se escucha “el rasguido de una guitarra que proviene de un monte de algarrobos de Barda Colorada.”

Testimonios de este tipo abundan entre los pobladores de la región, muchos de los cuales además afirman haber sido beneficiados con la concesión de los pedidos efectuados al “mito folklórico” o “santo protector como muchos lo denominan o identifican.

Entre quienes han escrito también sobre el Maruchito figura el notable periodista, historiador y escritor Pablo Fermín Oreja, quien en su relato, entre otras precisas apreciaciones sobre el muchacho asegura que la “sombra de Pedro Farías ronda entre los algarrobos y de vez en cuando el sordo rasgueo de una guitarra surge en el lugar de la tragedia.”

Entre los testimonios recogidos de los vecinos, Norma de Sierra Colorada afirmó que su mamá que estaba enferma le comentó haber soñado “que el Maruchito se acercó, le acarició las manos y le dijo que se iba a poner bien y que le llevara ropa”, Norma concluye su relato confirmando que su mama se sano y ellos cumplieron llevando ropa al lugar donde descansan los restos del Marucho.

Dora en tanto cuenta que ella le pidió trabajo y en poco tiempo consiguió ingresar como auxiliar en la Escuela 194 de Aguada Guzmán, que fue bautizada con el nombre de El Maruchito. Bristela en tanto le pidió también por su salud y no paso mucho tiempo en curarse.

Julio, director de la escuela del lugar, afirma “emocionarse como une a las personas y le da sentido a una historia trágica, que con el tiempo se transforma en algo mágico en lo que las personas creen”.  Delia habitante de la región, afirma enfáticamente que ella “cree desde que era muy chica y siempre le pedía ayuda cuando tenía que dar examen y que para muchos es como un santo protector.”

Ricardo cuenta que una vez le pidió ayuda porque se había anotado en un concurso como docente, algo que era bastante difícil y fue nombrado, entonces eligió la escuela de Aguada Guzmán.  Como dato más que interesante agrega que conoció a la Machi de Aguada, Catalina quien lo informó que por lo general “los maruchos eran huérfanos, guachos de amoríos de los patrones que los soltaban al campo para que se hicieran, los maltrataban y los hacían cagar de hambre, asi eran las cosas.

Por su parte, los religiosos Xavier y Carlos “admiten que la fe popular es difícil de medir, de dimensionar. La costumbre de los que transitamos los caminos es que si queremos que realmente nos vaya bien, necesitamos para y referenciarnos al Maruchito para que nos acompañe y proteja en el trayecto.”

Finalmente, se puede concluir en que al principio si no se cumplía con el rito de pararse frente a donde descansan sus restos, para dejar una ofrenda o una plegaria, tendría problemas o sería victima de la mala suerte. Con el tiempo los rezos, ofrendas y plegarias se transformaron en pedidos diversos, que la mayoría confirma que los mismos se cumplen.

Texto: Eduardo Reyes, periodista y escritor de Viedma

Las Grutas – febrero 22- 2022     

 

 

 

 

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