“Valcheta está lleno de fantasmas. Andan por la Comisaría, Escuela 15 y Bosque Petrificado”

 

¿Qué pueblo o ciudad que se precie no tiene sus historias de esos seres fantásticos, a veces temibles, llamados vulgarmente fantasmas?

Están los famosos del barrio de Clínicas en la ciudad de Córdoba, los afincados en los viejos castillos de Transilvania, los de la Casa de Gobierno en Viedma y los más temibles y malos que se asientan en la  vieja estación del paraje O’ Connor, también está tal vez el más simpático y conocido: el mentado fantasma Benito.

Miles de anécdotas pueblerinas cuentan como algunos chistosos envueltos en una sábana por las noches sin luna merodeaban por los barrios periféricos asustaban a noctámbulos incautos que los transitaban. A veces, al ser descubiertos, estos avivados se llevaban una buena paliza.

En Valcheta se cuenta que un árabe recién llegado del Líbano fue víctima de estos bromistas, pero como allá no se conocían, les preguntó quiénes eran y al decirles que eran fantasmas él les dio la mano y les dijo: -Mucho gusto, yo Kamel Yousef.

Estos episodios han provocado relatos y contadas en rueda de fogones y de sobremesa. Cada cual se jacta de haber visto un fantasma y hasta un vecino sabía contar que había visto en el campo una “verdadera porretada”.

Pero como no podía ser de otra forma, Valcheta es célebre por sus historias de fantasmas, inofensivos pero molestos.

En la Escuela Común 15 los muy atrevidos de noche abren y cierran puertas, encienden las luces y las apagan, corren a destajo por los pasillos, desordenan los cuadernos y hacen ruidos raros en la cocina.

Otro lugar donde estos personajes se aposentan es en el pintoresco y antiguo edificio de la Comisaría local, asiento de la Unidad 15 de Policía.

Según muchos testimonios de los uniformados, en especial de los retirados que allí han prestado servicios, estos imaginarios personajes deambulan por los antiguos calabozos, siempre de noche, pero generalmente tienen alma de “sumariantes” porque aporreaban las máquinas de escribir a su antojo. Se los sabía escuchar reírse en forma socarrona y a veces con la premura de un relámpago mirar por entre las cortinas de las ventanas. En aquel entonces, como la luz de la Usina se cortaba a la una de la noche, nadie quería hacer guardia, era preferible salir a la calle.

Un fantasma muy moderno dicen que anda a destajo por los senderos del Bosque Petrificado y se divierte asustando a los turistas, pero se enoja en serio si algún avivado se quiere llevar como al descuido algún trozo en sus bolsillos. (Tienen 60.000 millones de años y es el más septentrional de país).

Debemos decir que los verdaderos fantasmas no son esos que mentamos sino los interiores que el arquitecto, escritor y amigo Rubén Cabo Presta, glosara en su interesante libro “Historias de fantasmas”.

Algunos dicen que esas apariciones son creadas por la mente humana o que en el lugar que ambulan ha pasado una historia trágica.

Yo, como los refutadores de leyendas de Alejandro Dolina que escribió también sobre los fantasmas, no le doy entidad a estos fenómenos. Por lo menos nunca me topé con ninguno. Pero me gusta escribir sobre ellos.

Fantasmas, espantajos, apariciones, luces malas, duendes, elfos, brujas volando en escobas, vampiros, “vade retro”.

 Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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