Sábado 25 harán visita guiada a estancia San Adolfo, construida en una época de lujo

El sábado 25 a las 17 en el campo piloto de CORFO se realizará una visita guiada a la estancia San Adolfo, en el Partido de Villarino.

En la ocasión, se hará la presentación de la futura Comisión Centro Cultural Casona San Adolfo Asociación Civil.

La actividad tiene auspicio de CORFO y Casa de la Cultura, en adhesión al 109° aniversario de la localidad de Hilario Ascasubi.

La reserva de lugar se efectúa a través del WhatsApp al 2915705997

Esto publicó masrionegro el 21 de diciembre de 2020

Estancia San Adolfo: De una época de lujos al abandono. Vecinos quieren recuperarla

 Es la casona de la Estancia San Adolfo, un antiguo tesoro que sobrevive en el Sur del Partido de Villarino, provincia de Buenos Aires.

Está ubicada a pocos kilómetros de Hilario Ascasubi, al Norte de Carmen de Patagones y Viedma, en el campo piloto de Corfo Río Colorado. Fue construida como residencia de campo y perteneció a Carlos Luro Pradere, uno de los hijos de Pedro Luro y Juana Pradere.

Muchos de los materiales utilizados para su construcción fueron traídos desde Europa por una trochita que unía un puesto de la estancia con la Caleta Brickman, al Norte del balneario La Chiquita, donde aún se conservan restos del muelle de lo que fue el Puerto El Chara, que utilizaban los Luro para comerciar sus productos rurales que salían de esta zona con el resto de la provincia.

Fue el símbolo de una época de vacas gordas, de tertulias y fiestas interminables con apellidos de mucho peso a nivel zonal y nacional. Grandes ventanales, galerías, tres niveles de construcción, aberturas, pisos y dicen que tenía hermosas luminarias de estilo, tapices importados y bellos muebles de maderas traídos desde Europa, luz eléctrica, criados disponibles a toda hora y miles de historias entre las conocidas y las que nunca llegarán a contarse.

La Casona de San Adolfo fue construida a principios del siglo pasado, entre 1910 y 1912, cuando la familia Luro era dueña de gran parte de lo que hoy es el Sur del Partido de Villarino, en un área que iba desde la traza de la ruta 3 hasta el mar y del río Colorado hasta Cabeza de Buey. En medio de toda esa zona se encuentra la Estancia San Adolfo, a 1.000 metros de la ruta, frente hacia donde está la localidad de Hilario Ascasubi.

El imponente edificio, de estilo neoclásico italiano y con cortes  coloniales, fue terminado en 1924. Los trabajos habían sido conducidos y supervisados por un constructor italiano de apellido Buzzi, quien también construyó otras casas de la familia que se levantaron por aquellos tiempos.

La edificación cuenta con 850 metros cuadrados de superficie, 26 habitaciones entre planta baja y primer piso, un sótano de 60 metros cuadrados con dos troneras para ingresar mercadería. Las alas Este y Oeste fueron rematadas por la figura de un ramo de cardos grabados en el revoque; por esta razón, el  lugar coincide con otro de los establecimientos de Don Carlos Luro en el partido de Dolores conocido como Stud Los Cardos, dónde se criaban caballos de raza.

En el centro de la construcción, en la planta baja, hay un gran salón con piso de parquet, en el cual se encuentran un inmenso fogón con detalles de molduras y la única escalera de madera que aún se conserva en excelente estado y que conduce hacia el primer piso. Son 12 habitaciones contiguas y distribuidas entre los dos enormes balcones rodeados por balaustres de hormigón.

Se puede deducir, según la poca historia escrita del lugar, que nunca fue una vivienda estable para la familia; era más bien una casa de campo y de esparcimiento para los dueños y su familia.

Contaba con otras instalaciones como caballerizas, un galpón con vivienda para los empleados y una bodega donde se almacenaba el vino que se hacía con las vides que había en la estancia, ya que según algunas descripciones los campos linderos al casco estaban cultivados por viñedos y entre el personal de la Estancia había un enólogo italiano.

Las tierras se fueron repartiendo entre los 14 hijos de Pedro Luro y los campos de San Adolfo le correspondieron a Carlos, el último en nacer. El funcionamiento de los campos tenía estrecha relación con los demás establecimientos: El Chara, por ejemplo,  a unos kilómetros al Norte de La Chiquita, por donde entraba y salía mercancía mediante un tren de trocha angosta para el transporte de materiales desde y hacia La zona conocida como Planchada.

En el Consumo, otro sector así denominado, se producían los vegetales y frutas para el resto de los establecimientos. Además de vides, San Adolfo contaba con carnicería y panadería, y en aquellos años muchos de los habitantes de Hilario Ascasubi compraban el pan y la carne allí.

La foto más antigua se encuentra en un libro escrito por Pascual Paesa: El cauce del Colorado y en la página 156 se muestra al primer auto que hubo en Villarino estacionado fuera del casco de la estancia, cuando la galería Norte aún no estaba cerrada.

Pero la bonanza no fue eterna. El Banco de la Provincia de Buenos Aires se quedó con la estancia a principios de los 40, y en la década de 1950 el gobierno de Juan Domingo Perón se lo cedió al ministerio de Asuntos Agrarios y varios años más tarde el Ministerio le cedió las tierras a Corfo Río Colorado, entidad que administra el agua de riego en la zona.

No hay registros oficiales, pero la versión más difundida y aceptada asegura que Carlos Luro perdió todas sus tierras en un casino en Montecarlo y debió entregarlas para pagar la deuda. La casona dejó de pertenecer a los Luro, aunque mucha de la gente que trabajaba en ella se quedó viviendo en el lugar hasta que se fueron mudando a los pueblos de zona.

Con el correr de los años, el edificio pasó a ser utilizado por varias entidades  locales y regionales y eso dispuso que fuera habitada por muchas familias que hoy en día aún comentan su paso por la Casona, entre recuerdos y anécdotas curiosas que enmarcan una época de mucho desarrollo.

La Casona y sus instalaciones funcionaron como vivienda para varias familias, pero a su vez se ubicaron las oficinas del Ministerio de Asuntos Agrarios, de la UNS y Colonia San Adolfo, ya que por esos años se estaban subdividiendo los campos y planificando lo que se encuentra a 8 km de allí, La Aldea San Adolfo.

En la década del ’70 también funcionó la Escuela Mono-Técnica, en la que se enseñaban conocimientos sobre mecánica y tareas rurales, muchos de los profesores vivieron allí con sus familias y a su vez varios alumnos permanecían de lunes a viernes. Años después, a mediados de los ’80, quedaría plenamente en manos de Corfo.

Desde esa época, la Casona se encuentra sin ningún tipo de mantenimiento y en total abandono. Solo sirvió para resguardo de materiales e insumos rurales. Las oficinas de CORFO se construyeron en la parte de atrás y la casona quedó totalmente desolada.

 El Municipio de Villarino protegió, en su momento, la fachada del edificio al declararlo patrimonio histórico, pero nunca se habló de su interior y tampoco en un posible uso o puesta en valor. Con el correr de los años fueron desapareciendo muebles, pedazos de pisos, se guardaron herramientas, bolsas de cereal o fertilizantes, y el lugar se fue poblando de ratas, lechuzas y demás.
Por fortuna, permanecen la escalera de madera, los vitrales internos y el hogar del salón entre otros detalles de su arquitectura. De lo que una vez fue un símbolo de riqueza hoy quedan ventanas con vidrios rotos, viejas puertas que apenas abren, pisos inundados por excremento de palomas y persianas que, a duras penas, soportan el viento. La bodega, que alguna vez almacenó el vino de los Luro, fue demolida hace un par de años porque corría peligro de derrumbe

En el año 2013, luego del centenario de Pedro Luro, Noelia Sensini, guía de Turismo Local y docente, creó el grupo de Facebook “Amigos de la Estancia San Adolfo”, un grupo que se formó como una suerte de museo virtual y que hoy cuenta con más de 2.000 miembros. El grupo surgió a modo de pedido para que las autoridades le otorguen al edificio un mejor uso: que se convierta en museo, centro cultural, hotel rural, instituto de formación o sede de una entidad oficial. Lo importante es no permitir que se siga perdiendo un lugar fundamental de la historia de Villarino.

Algunos arquitectos especialistas en patrimonio que la han visitado comentaron que la construcción se encuentra en buen estado estructural de conservación, haciéndose evidente el desgaste y deterioro de muros y revestimientos”.

La causa principal, concluyen, es la falta de mantenimiento.
Por eso, aún hoy se sigue pidiendo un rápida solución, tanto con Corfo como con el Municipio de Villarino para que se determine un proyecto de tratamiento adecuado y eficiente para la casona.

La Casona fue declarada patrimonio histórico municipal en 2013, pero se presentó en la Cámara de Diputados de la Provincia, en 2019, el proyecto que se estima la declare patrimonio a nivel provincial; con esa resolución se puede pensar en adquirir algún subsidio para su puesta en valor.

Mientras tanto, Corfo no cuenta con presupuesto para hacer las reparaciones adecuadas. Además, más allá de algunos encuentros o visitas que se han llevado a cabo, la Casona se ubica dentro del campo experimental de Corfo y no se puede ingresar.

La buena noticia es que en el año 2017 la docente y un grupo de alumnos de la Escuela Secundaria 8 de Hilario Ascasubi, que cursaban tercer año realizaron una investigación que se basó en entrevistar a una gran cantidad de familias locales que habían vivido o trabajado en la Estancia. A todas esas entrevistas se les sumaron otras investigaciones realizadas por la docente y con toda esa información lograron confeccionar un libro de más de 100 páginas y que hoy se encuentra a la venta en algunos kioscos locales su segunda edición. Su venta es a total beneficio de la Cooperadora de La Escuela y se denomina “Anécdotas y sueños de la Estancia San Adolfo”.

El libro, además de brindar una sólida información del lugar y de su historia, generó en la población local un cambio en la mirada hacia el patrimonio; los vecinos se empezaron a preocupar un poco más por mantener los edificios históricos y también se comenzó a tener  un poco más de conciencia colectiva en relación a la historia para que los jóvenes se involucren y conozcan mejor su lugar.

Aún falta mucho por hacer, pero es importante destacar el interés de muchos villarinenses por difundir este tipo de lugares, para lograr darle un uso concreto y sustentable ya sea para fines turísticos o culturales, además como herramienta para generar puestos de trabajo y, sin dudas, para conservar lo propio, lo intangible, aquello que de perderse nunca se podrá recuperar.

Texto y fotos: Noelia Sensini

 

Acerca de Raúl Díaz

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