Un empleado de la Legislatura de Río Negro

 

El periodista Adrián Pecollo, jefe de la agencia Viedma del diario Río Negro, señaló ayer en un editorial la situación del secretario general del gremio APEL, sentenciado judicialmente hace un año por defraudación a la administración pública, y remarcó que “lo peor es que la Legislatura devolvió los terrenos a APEL, permitiendo que el condenado recupere el manejo y la iniciativa del loteo de la defraudación”.

Agregó: “…el caso Gatica no podría ser otra cosa que la consecuencia de la inacción estatal en favor de un gremialista histórico y poderoso, que goza de los amparos y las indiferencias de la política y la Justicia”.

El texto que se refiere a este tema consigna textualmente:

Hay desvaríos cotidianos que abonan al desmerecimiento ciudadano. Por caso, en Río Negro, el presente del titular del gremio legislativo Alejandro Gatica que fue condenado -hace un año- por defraudar a la administración pública. La permisividad estatal, con aportes de los tres Poderes, enciende alarmas y explica por qué el colectivo ciudadano descree de sus autoridades.

Un repaso. En el 2010, la Legislatura destinó aportes públicos para que el gremio que lidera Gatica construyera viviendas. Cuatro años después se detectaron irregularidades, siguieron en denuncias y acusaciones de los fiscales, que concluyeron en acuerdos con empresarios y empleados públicos para que restituyan fondos al Estado.

El último debate recayó en Gatica, quien aceptó su rol central en la maniobra y acordó una pena de tres años en suspenso, bajo la condición del pago de 15 millones de pesos a la provincia. El monto es un debate en sí mismo, pero fue ese resarcimiento convenido entre el gremialista con la Fiscalía penal y el gobierno (Fiscalía de Estado). El fallo otorgó, a su vez, la opción al condenado que ese desembolso se reemplace por cinco terrenos ofrecidos de un barrio cerrado de Viedma, con valuaciones equivalentes al monto fijado.

El gremialista Gatica fue condenado -hace un año- por defraudación estatal, pero la Justicia no lo inmutó. No pagó lo convenido y sigue en el cargo. Ahora recuperó los lotes de la maniobra.

La pena, firmada el 22 de agosto del 2020, no inmutó aún a Gatica, producto de desidia judicial. Sus partícipes detectaron, recién a los seis meses, que la resolución condenatoria de Marcelo Álvarez era imprecisa en el plazo del resarcimiento, que -evidentemente- debía concretarse enseguida. En abril se iniciaron los remiendos, acordados por las partes y con el aval de la jueza de Ejecución, Shirley González, fijándose un cómodo cronograma para que el confeso cumpla con lo desconocido hasta entonces y, además, se le permitió que los cinco lotes prometidos del barrio cerrado se modificaran por seis en otro lugar, con un posterior cambio de dos. El “culpado” continúa negociando.

Su exoneración -que originaría la lógica situación de no seguir cobrando del Poder al que se defraudó- se desprende de la inhabilitación constitucional para toda persona condenada por “delito contra la administración”. El abogado del sindicalista, Damián Torres lo admitió en el debate penal al explicar el acuerdo judicial, pero un año después, la Legislatura no concretó ese apartamiento.

En concreto, Gatica no cumplió con la “reparación” convenida, sigue como empleado público y titular del gremio. Lo peor es que la Legislatura devolvió los terrenos a APEL, permitiendo que el condenado recupere el manejo y la iniciativa del loteo de la defraudación.

Esa manifiesta impunidad derivó en una ofensiva judicial de Gatica, que ahora apeló el otorgado desafuero, como parte del trámite para su exoneración. Resiste dejar su cargo público. Otro hilo suelto en el entendimiento de la fiscalía penal.

En semejante situación, el caso Gatica no podría ser otra cosa que la consecuencia de la inacción estatal en favor de un gremialista histórico y poderoso, que goza de los amparos y las indiferencias de la política y la Justicia.

Ni la del domingo, ni otra elección serán suficientes para reconciliar a la sociedad con el Estado mientras se mantengan estos yerros.

Texto: Adrián Pecollo

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