Valcheta y algunos de sus personajes: Pachanga, el más querido de todos, y Rosalino

Hay en todos los pueblos personajes populares que han dejado un precioso derroche de ingenio y agilidad mental, en un lenguaje vivo y auténtico. Así fueron quedando para siempre sus semblanzas engarzando anécdotas agradables y aleccionadoras, metáforas oportunas, riquezas de giros que reflejan la realidad circundante del contorno social donde se desenvolvieron sus vidas.

El pícaro, motivo central de toda prosa costumbrista y producto de un entorno real, encuentra en ellos una feliz superación  y un enfoque original, mediante una exposición desenfadada, que se inspira en un profundo sentido humano y sirve de núcleo central para asumir con acierto un anecdotario abundante y su lograda proyección literaria sobre ambientes y personajes que no pasará desapercibida a la evocación y vivencia de varias generaciones de vecinos.

Diferentes personajes de estas características han transitado las calles del pueblo dejando una fuerte impronta en la memoria de los vecinos.

De la “Vicenta” poco se sabe. Era una trashumante que hace sesenta años o más solía deambular por las calles del pueblo sin rumbo fijo y esperaba un plato de comida de alguna casa hospitalaria. Usaba ropas agrandadas y un eterno pañuelo de cabeza. Solía gritar fuerte anunciando su presencia y diciendo malas palabras a veces se reía a carcajadas. Quedó su estampa por las calles de tierra de un Valcheta que se fue.

De “Truman” no se conoció su nombre y apellido, solamente que era un alemán que vino al pueblo después de la Segunda Guerra –dicen que fue un náufrago del Graf Spee- y solía usar sombrero y unos botines desgastados, caminando siempre con un bolso por las riberas del arroyo hablando un mal castellano donde sólo se le entendía el apellido del ex presidente norteamericano Harry S. Truman, de allí su apelativo. Memoriosos vecino recuerdan que murió de hipotermia una noche de invierno en una acequia que pasaba por la Escuela N 15.

Ya más acá en el tiempo “Romero” fue muy conocido. Era un trashumante que dormía donde lo encontraba la noche. Solía usar barba y un birrete marinero que dejó su impronta risueña en una época del Valcheta que ya nunca más podrá volver.

El famoso “Linterna” Rapimán dejó una frase que muchos recuerdan. Después de conversar con él de cualquier tema su respuesta invariable era: “Justamente”. De allí quedó la frase: “Justamente, dijo Linterna.

“Polipoi”, muy ingenioso, dejó un puñado de anécdotas, recordando que una vez ya pasado en copas lo dejaron arriba de la caja de una camioneta y al otro día el dueño la puso en marcha y se fue a trabajar  en obras viales a la Línea Sur hasta que lo descubrió en la caja y se tuvo que quedar a trabajar por unos días.

Osvaldo Ibarrola, más reciente, solía conversar conmigo de los más diversos temas predominando la música de rock, su gusto por “Pescado Rabioso” y por la serie televisiva “El gran Chaparral” y a veces ejercitando un inglés  aprendido quién sabe cuándo y dónde. Se interesaba por el destino de las personas después de fallecer y hacía visitas al cementerio. Sacaba cebollas de su bolsillo y se las comía. Si bien falleció hace poco su recuerdo siempre estará.

“Rosalino”, otro personaje, hoy reside en el Hospital y ha sido motivo de poemas y dibujos. Tiene una gran inocencia y a veces se sienta afuera del nosocomio, como Pachanga.

 El bueno de “Pachanga” es sin duda el personaje más querido de Valcheta. Vive en el Hospital, escucha la radio, conversa con su amigo don Porcel y con su gran bonhomía es amigo de todos.

A PACHANGA: “Por las calles de mi pueblo/ viene el bueno de Pachanga/ con su torpe desaliño/ su delirio de palabras.  Se aparece por la esquina/ con la gorra revirada/ con sus perros callejeros/ y sus gritos a la nada.  Con sus grandes zapatones/ habrá andado madrugadas/ caminando por Valcheta/ con su figura cansada.  Solía juntar las botellas/ quién dijo que no hacía nada/ lástima que estaban vacías/ y que no podía llenarlas.  Era el cuco de los niños/ este buen de Pachanga/ con sus cosas incoherentes/ y sus gritos a la nada.  Hoy lleva con su ternura/ una vida reposada/ querido por todo el pueblo/ solo sabe de bonanzas.  El Hospital su querencia/ risueña la mirada/ Y como escucha la radio. / No se cansa de escucharla.  Personaje de mi pueblo/ compañero de la nada/ ¡Qué triste sería Valcheta / sin tu figura Pachanga”.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

 

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