Valcheta tiene su castillo. ¿Cualquiera se cree un señor feudal? Turistas sacan fotos

Valcheta en muchos aspectos –mi imaginación así lo dice- se parece al Macondo de Gabriel García Márquez. En plena Región Sur es un oasis donde los huevos de dinosaurios se enseñorean muy redondos y pesados. Los troncos petrificados nos miran a través de sesenta millones de años.

El pueblo, al igual que Aracataca, descansa a la vera de un arroyo mesetario que nunca se seca. Como en Macondo las viejas leyendas arropan las fantasías de sus habitantes: Guitarras que tocan solas, fantasmas que escriben sumarios en las viejas máquinas de la Comisaría, salamanqueros de fuerte impronta, gallinas pintadas de colores, estrellitas entre los arenales, norias que elevan el agua que corre por los canales, frutales con  tres injertos diferentes, esquinas donde concurren siete calles, casonas antiguas como las de Macondo, zapallos escritos, piedras talladas con cruces templarias, coprolitos fósiles, cortezas de palmeras petrificadas, viejas volantas de la época colonial y cuantas otras maravillas que nos hacen viajar al mundo onírico del realismo fantástico.

Pero –que maravilla- este hermoso pueblo donde vivo tiene hasta su propio castillo que surgió de la fértil imaginación de un director de escuela de apelativo Villacorta. Atracción de los visitantes, cualquiera puede pensar que está en la Edad Media a punto de presenciar un torneo.

Este hermoso castillo enclavado en medio de la estepa patagónica, es una postal del pueblo. Solamente faltaría encontrar un galeón entre los árboles de la ribera del arroyo para sorprendernos más. Esa ribera donde un náufrago del Graf Spee apodado Truman (por el presidente norteamericano) recorría enajenado en su mundo de guerra.

Lo cierto es que supo tener en sus buenas épocas un frondoso parque que lo circundaba con plantas enredaderas y abundante sombra en los veranos.

Como con el tiempo lo adquirió el poeta y artesano Julián Asconapé para todos los valcheteros se llama “el castillo de Asconapé”.

En su portón de entrada todavía se leen las iniciales del señor Villacorta, como se lo llamaba con todo respeto.

Pasan los años y el castillo sigue llamando la atención. Solo le faltarían el foso alrededor, los gallardetes y el puente levadizo.

Yo, por puro romanticismo me he tomado fotos en el lugar y me he sentido transportado a un tiempo de justas y torneos.

EL CASTILLO DE ASCONAPÉ: “Una estampa medieval/ más digna de la Borgoña/ en esta tierra bisoña/ supo asentar su real.  De trazo simple y sencillo/ con vitrales y almenadas/ sus virtudes enclavadas/ ha dejado este castillo.  Acuarela de Valcheta / supo ser de Asconapé/ y el tiempo que da su fe/ al castillo lo respeto.  El director Villacorta/ dicen lo hizo construir/ sin llegar a presentir/ lo que su fachada porta.  Quedaron sus iniciales/ en la verja del portón/ le dejaron su emoción/ los años que son vitales.  Los feudales y su brillo/ ya se fueron con la historia/ pero aún queda la memoria/ de Valcheta y su castillo.

Texto: Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

Ilustración interior: Pintura del castillo por el artista plástico Alito Mussi

 

Acerca de Raúl Díaz

Ver también

El fantasma sin cabeza. “Un tenebroso personaje que cobra vida para participar en hechos”

  Son abundantes las leyendas que hablan sobre la presencia de fantasmas, como también sobre …