Viajó a Río Negro para hacer un dinosaurio y quedó varado a 2.500 kilómetros de su casa, en Jujuy

Jorge González es paleoartista y vive en Jujuy. Las autoridades de Ingeniero Jacobacci, Río Negro, le encargaron un trabajo muy especial: realizar la réplica de un dinosaurio. En pleno trabajo, se decretaron las medidas de restricción y quedó lejos de su hogar. Cómo pasa los días de aislamiento junto a sus colegas y cómo lleva adelante su particular tarea un dibujante y escultor de animales prehistóricos en tiempos de coronavirus.

Esta vez le pidieron un dinosaurio herbívoro de la familia de los hadrosaurios. Un Secernosaurus, específicamente. 

Jorge González es paleoartista: su trabajo consiste en hacer dibujos y esculpir réplicas de animales prehistóricos. Es uno de los más reconocidos del país en su especialidad –sus obras recorren el mundo y ha participado con sus dibujos en numerosos libros y publicaciones de prestigio– y vive en San Salvador de Jujuy.

Cuando le propusieron instalarse por tres semanas en Ingeniero Jacobacci, una ciudad de Río Negro, para realizar una escultura gigante de uno de los dinosaurios característicos de la zona no lo dudó: apasionado de su tarea, le gustaba la idea de quedarse unos días en la Patagonia, ese territorio que tanto había estudiado para desarrollar su arte. Nunca se imaginó que iba a quedar varado, en plena cuarentena, a más de 2.500 kilómetros de su casa.

“Hace más de dos años se presentó un proyecto con la gente de la Secretaría de Turismo de la provincia de Río Negro enfocado a mejorar el turismo en Ingeniero Jacobacci. Este proyecto tenía la idea de hacer réplicas de dinosaurios que se encontraron acá en la zona, a tamaño natural. ¿Por qué dinosaurios? Porque acá están los yacimientos paleontológicos de la última época de los dinosaurios, es decir, del período Cretácico superior. Son restos que tienen más de 70 millones de años. Estos dinosaurios son muy importantes y muy representativos de este lugar y muestran cómo eran antes de la extinción masiva”, señala apasionado González, en diálogo con Infobae desde el pueblo patagónico donde se encuentra varado.

“Se pusieron en contacto conmigo, porque sabían que yo realizaba esculturas a tamaño natural de animales prehistóricos, entre otras cosas. A fines del año pasado se aprobó el proyecto. La idea era viajar para hacerlos en el lugar. Yo vivo en San Salvador de Jujuy y era una gran complicación hacerlos allá y trasladarlos: iba a resultar muy caro. Ellos me decían que acá tenían las instalaciones como para afrontar este trabajo. Entonces formé un equipo para poder hacerlo en Ingeniero Jacobacci y me terminaron acompañando dos paleoartistas más, que son Diego Barletta y Andrés Rojas”, agrega.

El trío de artistas llegó a comienzos de marzo para ponerse manos a la obra. El propio González, que lleva más de 25 años en esta tarea, recorrió más de 2.500 kilómetros para llegar: “Vinimos el 2 de marzo. Teníamos pautado quedarnos tres semanas. La idea era realizar una escultura de 6 metros de largo. Es importante esto porque generalmente una escultura de este tamaño lleva más tiempo, pero logramos una técnica que nos permitía poder hacerlo más rápido y con muy buen resultado. Hasta que se empieza a hablar de la cuarentena en la segunda semana de trabajo, con el trabajo a medias”.

–Teníamos la posibilidad de volver y dejarlo incompleto, pero sentíamos que debíamos terminarlo: era un gran esfuerzo de parte de la municipalidad que auspicia esto y de la Secretaría de Turismo de Río Negro. Si nos íbamos sin terminar no lo iban a poder hacer porque no hay muchos especialistas en este rubro. Entonces decidimos quedarnos y hacer lo que nos gusta, aunque eso implica que no supiéramos bien cuándo íbamos a poder volver a nuestra casa.

–¿Cómo es la obra que les encargaron?

–Es un dinosaurio herbívoro de la familia de los hadrosaurios que se llama Secernosaurus. Son dinosaurios herbívoros de pico de pato, así se los conoce vulgarmente. Me pidieron este porque acá se encontró esa especie, característica de este lugar. Hay muy pocos lugares en la Argentina y Sudamérica donde se encuentran este tipo de dinosaurios. La idea es instalarlo en un lugar que se llama La Ruca, un paseo que usa la gente durante los fines de semana o en época de vacaciones.

–En realidad el trabajo está listo hace dos semanas.

–¿Tienen la posibilidad de hacer otros dinosaurios mientras tanto?

–Teníamos planeado empezar por esta obra y más adelante seguir: de hecho está contemplado en el proyecto hacer otro dinosaurio más, uno carnívoro. El problema que tenemos es que no llegan los materiales. Este es un lugar muy chiquito y eso es importante aclararlo: es uno de esos pueblos que no tienen infectados por Coronavirus porque, al cerrarse los caminos y sin tren, estamos completamente aislados. Entonces si no hubo casos en los primeros 15 días, como no entra gente nueva, es muy poco probable que haya casos en la zona.

De pequeño a Jorge González le gustaba dibujar dinosaurios. “Me gustaba verlos en las películas que había en aquella época, estamos hablando de antes de Parque Jurásico (se refiere a la película de Steven Spielberg de 1993). Creo que todo cambió mucho a partir de esa fecha porque la película tuvo una gran repercusión. Pero antes de eso, lo que a mí me motivó eran algunos dibujos animados, muchos documentales. Había algunas series también y muy pocos libros. Había varias cosas que eran un poco infantiles y, en algunos casos, científicamente incorrectas”.

Cuando estaba terminando la secundaria, en La Plata, se acercó un día al área de paleontología de un museo con sus ilustraciones. Al poco tiempo empezó a conocer en detalle el trabajo de los paleontólogos y encontró en aquello una verdadera pasión, que ya lleva 25 años.

El artista comenzó a dibujar a los 3 años. A los 17 llevó sus dibujos a un museo para que lo vieran los paleontólogos que trabajaban en el lugar.

–¿Qué es un paleoartista?

Los paleoartistas somos artistas dedicados a reconstruir cómo eran los paisajes y las formas de vida del pasado. Están casi dentro de los ilustradores científicos, pero tienen mayor libertad artística. Pero claro, hasta ahí nomás, porque tienen que saber mucho de paleontología, mucho de animales y plantas actuales, de geología. También tienen que poder reconstruir cómo eran estos animales a partir de ver los huesos.

–¿Tienen una formación especial?

No, mayormente la formación es autodidacta. No existe en la Argentina la carrera. Somos muy pocos: los tres que estamos acá creo que representaríamos el 25 por ciento de todo el país.

–¿Cómo es el vínculo con los paleontólogos? Porque imagino que vos desde lo artístico querrás ser creativo y del otro lado deben pretender ajustarse a lo científico.

–A mí me encanta la dinámica de trabajo con ellos porque aprendo mucho. Es muy loco que a veces el paleontólogo vuela más que el dibujante (risas). Porque fantasean a veces mucho más. Hay dos tipos: los que fantasean mucho y los que son sumamente estrictos con lo que se encontró, lo que te limita a la hora de representar al dinosaurio o al animal prehistórico de determinada manera. Por ejemplo, si ves ilustraciones de mamíferos prehistóricos, generalmente los hacen con la boca abierta. Y esto se debe a que los investigadores conocen muy bien los dientes. El tema es que el animal, en la vida cotidiana, cuando bosteza o cuando va a comer tiene la boca abierta. Entonces, por mostrar los dientes, a veces se hacen cosas que son muy poco naturales en la escena, o cuando se dibuja algún animal prehistórico. Con los dinosaurios carnívoros pasa lo mismo: nunca los hacen durmiendo la siesta (risas). Siempre están corriendo y con la boca abierta, súper activos. ¡Y el animal corría cuando lo necesitaba, no es que andaba por la vida corriendo! Yo soy muy conservador con los colores y el criterio artístico para hacer cosas como estas porque creo que es más acertado y me estoy acercando más a la realidad si lo encaro de un modo más serio.

–Pero a la vez no deja de ser una representación de lo que te describen quienes estudiaron los restos, ¿no?

–Claro, siempre estoy sujeto a la evidencia del momento. Cuando la evidencia cambia, la interpretación cambia. Y eso es súper dinámico.

–¿Cómo pasaste del dibujo a la escultura?

-Mayormente el que dibuja no esculpe y el que esculpe no dibuja. Yo hago las dos cosas. En mi caso se dio casi en simultáneo. Pasa que, cuando recién empecé, no tenía muchos conocimientos de escultura. Pero cuando terminé la secundaria me anoté en la escuela de bellas artes y fui aprendiendo. Ahí me di cuenta de que había muchas técnicas muy útiles para poder hacer este tipo de trabajo. Entonces evolucionó casi en paralelo. Pero siempre me resultó más fácil dibujar que hacer esculturas, de hecho es más rápido el resultado. Yo diría que son dos cosas que se complementan muy bien. Siempre hago un dibujo antes de hacer la escultura, no arranco improvisadamente, planifico mucho. Antes de empezar hago planos, escalas, varias vistas de lo que quiero esculpir para evitar errores.

–¿Qué materiales usás para tus esculturas?

–Telgopor y resina acrílica. Cuando son piezas más chicas, masilla epoxi.

–¿Quiénes te convocan? ¿Quiénes te piden dinosaurios?

–Por lo general van a parques temáticos o exhibiciones en el exterior. Desgraciadamente no son frecuentemente contratados paleoartistas profesionales en instituciones oficiales porque se llama a alguien pensando en que sale barato o se trabaja con lo que un paleontólogo dirige, si es posible. A veces se compran cosas ya hechas que no son muy precisas en cuanto al rigor científico. Ese es un problema, muchas veces, vinculado con el desconocimiento, porque no saben que existe gente que se dedica a eso. O, por un problema de recursos. Es gracioso porque no llegan a hacernos la pregunta de si somos caros o no (risas).

Otra de las obras de González, que exhibe en el exterior y es convocado por su gran conocimiento en el tema en todo el país

FUTURO INCIERTO

Pese a las nuevas disposiciones, como todavía no hay transporte de larga distancia habilitado, ni aviones, Jorge y sus compañeros todavía se encuentran en un limbo. Agradecen la hospitalidad de quienes los recibieron y todavía no tienen claro cómo será el regreso a casa.

–¿Dónde viven hoy?

–Estamos en una residencia de alumnos terciarios que nos facilitó la Municipalidad de Jacobacci, algo que estuvo planeado desde que empezamos el trabajo.

–¿Qué hacen mientras tanto? ¿Cómo pasan sus días?

–Como soy dibujante y Diego Barletta también, estamos adelantando proyectos personales y pedidos que nos han hecho via internet. Pero no es lo común. Como somos monotributistas, estamos en ese problema que tienen los que no pueden ir a los lugares de trabajo. La mitad de las veces puedo resolver algunas cuestiones por internet, pero la otra mitad no, ese es el problema. Hay trabajos que es imposible: si me piden una escultura no la puedo enviar.

Texto: Infobae (Capital Federal)

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