Inicio Destacados Cuando a Mario Franco los militares lo quisieron tirar al mar. Un hecho poco conocido

Cuando a Mario Franco los militares lo quisieron tirar al mar. Un hecho poco conocido

Marzo tiene estas cosas para los que tenemos ciertos años. Recuerdos aciagos, amigos asesinados y otros desaparecidos. Aquel 24 de marzo marcó a fuego nuestros jóvenes de militancia y utopías.

Un hecho casi desconocido de nuestra historia política rionegrina es el recuerdo en primera persona cuando al destituido ex gobernador de Río Negro Mario José Franco, estando preso, los militares lo quisieron arrojar al mar. Esta es la historia, su historia, la historia de muchos.

“Tal vez la experiencia más amarga que tuve que soportar no fue propiamente un atentado, sino que estaba todo dispuesto  para que yo “desapareciera del mapa”. Preso en Viedma, en la misma cárcel que yo había inaugurado y que premonitoriamente había expresado: “No vaya a ser que tenga que venir a habitarla”, cuando no pasados dos años se hace realidad aquella manifestación”.

“Un buen día, algo antes que me trasladaran al hospital por un ataque de peritonitis, el director me dijo: “Franco, se va a tener que sacar toda esa ropa”. Me sacan entonces el anillo, el reloj y hasta el calzoncillo dándome una camisa de algodón blanca, un pantalón de algodón de color azul y un par de alpargatas. La secretaria mientras me hacía el recibo del reloj y del anillo para entregárselos a mi familia lloraba mientras me decía: “Señor Gobernador, tiene que tener mucha fe en Dios”. Le pedí que por favor le dijera a mi esposa que me había ido tranquilo, que no se preocuparan ni sufrieran por mí”.

“En eso estaba cuando llega el doctor Yuelson, médico de la cárcel, y me pregunta que estaba haciendo; le contesto que un avión me estaba esperando, entonces se toma la cabeza con las manos y diciendo unas palabras se retira. En Viedma da aviso de la situación al Dr. Néstor Larroulet, mi abogado, y a los doctores Jorge García Osella, Edgardo Bagli  y Jorge Frías que estaba también detenido y se movilizan inmediatamente. Como mi señora tenía el teléfono del director del Ministerio del Interior se comunica con el general Albano Harguindegui, el cual la atiende”.

“Siete horas estuvo esperando el avión y yo en el despacho del director de la cárcel hasta que me dice: “Franco, váyase nomás” queriendo disimular lo que había sucedido, pero yo lo había sobrado y ya en mi habitación  me vestí otra vez con mi ropa. ¿Qué era lo que querían hacer conmigo? Arrojarme en medio del mar. Después nos enteramos que por Bahía San Blas habían aparecido seis o siete cadáveres con los huesos nada más, sin saber nunca quiénes eran porque no se pudieron identificar”.

Pasado el tiempo me encuentro con el general Harguindegui en Copahue y cuando lo increpé me dijo: “Mire lo que son las cosas, nosotros siempre persiguiéndolos y en definitiva quienes nos han defendido son ustedes realmente, además hay que reconocer que ahora el peronismo es el partido que demuestra mayor seriedad y responsabilidad”.

“Yo le recuerdo cuando el avión estuvo esperándome siete horas en Viedma  desde el cual me iban a arrojar 15 o 20 millas mar adentro, previo colocarme una inyección como habitualmente se hacía”.

“Y me contesta: “Sabe lo que pasa, esas cosas eran impersonales”. “Si pueden haber sido impersonales para usted, pero para mí eran bien personales”. “No, Franco era como el juego de la ruleta rusa en que ponían a diez personas con acusaciones de toda naturaleza y al que le tocaba, le tocaba”. Harguindegui se puso más blanco que un papel, pero yo me saqué el gusto de decirle mis verdades, sin caer en improperios ni exabruptos”.

Yo recuerdo que desde Valcheta hacíamos colectas de dinero entre los compañeros de aquel entonces en forma clandestina y algunas veces me tocó llevarlas hasta la cárcel de Viedma donde estaba preso.

No faltaron tampoco algunos “compañeros” que dijeron en aquellos años de plomo  “algo habrá hecho” y que después fueron conspicuos dirigentes del peronismo y campeones en la defensa de los derechos humanos.

Pero, la memoria es implacable y como dice Eduardo Galeano: después de las crecientes a un lado quedan los bagres y al otro las tarariras”.

Por eso, marzo siempre trae al recuerdo estas cosas que pasaron y que se deben conocer para que nunca más en la Patria de los argentinos se vuelvan a repetir.

Nota: El relato de Mario Franco se encuentra en su libro “Mis reflexiones”, que tuve el honor de escribir el prólogo y componerlo.

Jorge Castañeda

Escritor – Valcheta

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