Inicio Deportes Rionegrina licenciada en administración y ganadora de 9 medallas de oro en natación en Rusia

Rionegrina licenciada en administración y ganadora de 9 medallas de oro en natación en Rusia

La deportista rionegrina Ailén Lascano tiene 28 años y fue la única representante argentina en la Copa del Mundo del Campeonato de Natación de Invierno de la IWSA (International Winter Swimming Association) que se llevó a cabo en Tyumen (Siberia) el 5, 6 y 7 de diciembre. Ganó tres medallas de oro y seis de plata.

Texto: Anahí González
   agonzalez@lanueva.com

Sumergida en el agua helada de Siberia (Rusia) Ailén Lascano Micaz no piensa en nada. Solo en nadar. Nadar y avanzar lo más rápido posible. Nadar. Ganarle la pulseada al frío. Nadar. Una brazada más. Nadar. Avanzar. Nadar. 

Los pasados 5, 6 y 7 de diciembre la rionegrina se sumergió solo con su malla, sin ninguna protección térmica (como marcan las reglas de las organizaciones internacionales) en una pileta de 25 metros. Y se colgó 9 medallas: tres de oro y seis de plata.

Los nados cortos son muy explosivos. El agua está a cero grado. Sus ideas, en suspenso. Segundos antes de entrar en ella deja fluir los recuerdos, los usa como combustible.

“En ese momento mi mente es y debe ser pura motivación”, confió.

“Por más difícil que esté todo, la temperatura del agua o del ambiente, aunque esté cansada o con frío; mi cabeza me alienta, me recuerda por qué estoy haciendo esto, me lleva a los mensajes de cariño, me hace buscar la bandera de mi lugar”, contó.

La pasión que siente por esta disciplina es el fuego que contrarresta las temperaturas extremas. 

Fuera del agua, los 20 grados bajo cero que forman estalactitas en las escaleras de la pileta donde se sumerge, no doblegan su tenacidad

“Los nados más largos son más complicados, se siente más el frío. Comienza en las extremidades y de a poco va subiendo”, contó. 

 “Dejás de sentir cómo hacés las brazadas y quizás hasta duele dar la vuelta, que se hace tocando con la mano, porque las manos se ponen sensibles. Es difícil decirle al cuerpo que lo deje todo en estos nados extremos, pero se hace”, dijo la nadadora de 28 años.

 La nieve no deja de caer ni el viento de soplar fuerte y helado,  pero el corazón está encendido.

“Esta fecha fue difícil. La competencia pronosticaba temperaturas bajísimas. Ya había nadado en aguas a 0°C la temporada pasada en tres carreras y en dos de ellas había nadado la distancia más extrema que es 1km, pero no deja de ser complicado”, comentó.

“Es la primera vez que nado teniendo la sensación térmica a -14°C el primer día y a -20°C el segundo día y realmente se sintió así. Fue tremendo. Recién el tercer día la temperatura ascendió, y nadamos la prueba más extrema de la Copa (450 mts) a 0°C”, dijo. 

Este deporte no lleva aclimatación previa a la entrada al agua y tras cada prueba el cuerpo empieza a resistirse un poco más.

“El día 2 de la Copa nadamos cinco pruebas. Luego de cada nado era todo cada vez más difícil. Y es ahí cuando entra en juego la cabeza”, confió.

“Fue el día más duro y el más largo. El de mayor cantidad de pruebas y el día con menor temperatura. Además para un par de pruebas hubo muchísimo viento y nieve. La escalera de la pileta y los andariveles estaban congelados,  derretían el hielo con un aparato “, recordó.

Ailén fue oro en 200 m libres, 450 libres, 100 pecho y plata en 25 m libre, 50 pecho, 25 pecho, 25 mariposa, 50 libre, 100 libre.

La nadadora es guardavidas internacional y licenciada en Administración egresada de la UNS pero su pasión es nadar.  

“Estoy muy agradecida de la confianza y el cariño que recibo desde lejos. Todo ha sido una sumatoria clave para llegar hasta acá”, subrayó. 

El desafío, la competencia, es apenas la punta del iceberg; debajo hay un hielo enorme conformado por horas de entrenamientos, de sacrificios económicos que tuvo que hacer para llegar hasta acá. Y más allá de que a muchos kilómetros sus afectos le den aliento, en Rusia está sola.

Todas estas dificultades las ve como desafíos que la llevan a buscar su mejor versión.

“De la competencia me llevo un montón. Lo extremo y el frío pesan pero no son lo único. Se hace difícil la distancia, viajar y competir sola. Hay que pensar y manejar varias cosas, tanto del nado como de la recuperación, momento clave en esta clase de competencias”, dijo.

“Me siento muy acompañada pese a tanta distancia y siento mucho orgullo de representar a mi ciudad, provincia y país”, confesó la nadadora. 

También destacó el apoyo de su familia y amigos y de las autoridades de su ciudad y provincia. Han confiado en su proyecto Pedro Pessati, Río Negro Deportes y la Municipalidad de Viedma, además de familias amigas. Sin ellos no estaría donde está.

¡Ufff! Todavía tengo muchísimo que aprender y que entrenar. Las medallas me llenan de orgullo porque son para Argentina pero debo mejorar muchísimo. Esto fue una Copa del Mundo y, en febrero, participo del Mundial que será muy competitivo. Además sueño con realizar otros desafíos”, señaló.

 Ailén participó en noviembre de la primer Copa de la temporada en Jelgava, Letonia y busca mantener su posición en el ranking nuevamente como número 1 en su categoría, resultado obtenido en la temporada pasada. 

 “Nadar en aguas heladas requiere determinación y entrenamiento. Es un proceso personal, que lleva tiempo pero uno aprende a conocerse a sí mismo, a adaptarse, a cómo recuperarse y a reconocer las sensaciones que experimenta el cuerpo”, mencionó.

Las primeras brazadas de Ailén en este deporte extremo comenzaron hace dos años en las aguas frías de su ciudad (Viedma) inspirada en un grupo de nadadores locales y luego en los eventos de la asociación NAF, que durante la temporada de otoño invierno realizan tanto encuentros como competencias en aguas frías.

 “Esta actividad te hace salir de tu zona de confort”

Durante el año la nadadora entrenó en la pileta de Villa Congreso (Viedma), con la supervisión de Daniel Tomaselli y en el invierno lo hizo en el río Negro donde la temperatura del agua bajó hasta los 6 grados. En  primavera siguió aclimatando en tina con hielos. 

“Al principio muchas veces me cuesta meterme, pero el después es lo más lindo. Siento que el tiempo va más despacio, y tomo conciencia del aquí y ahora: disfruto cada segundo”, relató.

“Tomo conciencia de mi respiración y de mi cuerpo, siento cada centímetro de mi piel. Cuando salgo siento que el agua helada me despertó, me despabiló. Me siento más viva y me siento feliz de haber entrado al agua. Es como que a veces nos resistimos a hacer algo aunque sabemos que nos gusta y una vez que lo hacemos sentimos alivio y felicidad y agradecemos haberlo hecho”, dijo.

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