Inicio Destacados Platos voladores en Valcheta y en otro lugar. ¿Hechos fantásticos? Dos historias

Platos voladores en Valcheta y en otro lugar. ¿Hechos fantásticos? Dos historias

Según cuenta Alejandro Alonso “algunos dirán que es una paloma que vuela a posarse sobre la torre o los cables del tendido eléctrico, otros dirán que es una hoja de diario al viento. Lo cierto es que Valcheta, provincia de Río Negro, apareció un auténtico Objeto Volador no Identificado y para colmo lo hizo mientras por las calles del pueblo peregrinaban los participantes del Taller Itinerante hacia el Centro de los Confines”.

Una nota periodística de Buenos Aires señala que “la foto en cuestión corresponde a la visita que los participantes de dicho taller hicieron al pueblo de Valcheta, en la provincia de Río Negro, en las márgenes del recorrido del Tren Patagónico. La imagen fue tomada por Alejandro Alonso el 25 de septiembre de 2004, en algún momento entre las 7,30 y las 9,00 horas.

El descubrimiento fue durante la preparación del artículo “Viajando hacia el Oeste”, lo que motivó una serie de consultas a otros fotógrafos que hasta ahora no han podido confirmar dicho avistamiento. Como sostienen algunos que han tenido acceso al documento, lo más probable es que sea una paloma. Sin embargo, si le faltaba algo de mística al encuentro, aquí está. Porque, paloma o no, la imagen es lo suficientemente sugerente como para despertar sospechas”.

El otro relato relacionado con los Objetos Voladores no identificados tuvo como testigo a Barboza, célebre por ser el protagonista de la famosa zamba “Pastor de Nubes” de Manuel J. Castilla y Fernando Portal.

“Mirando pasar las nubes, encima del cerro me quedo; y de golpe me parece que soy yo el que se está yendo…”

Barboza siempre vivió en su querido Santa Rosa de Tastil y gracias a ser famoso por dicha zamba llegó a conocer a muchos personajes de la cultura.

Pastores como Barboza, puede ser que estén habiendo, pero ninguno como él, que de amor ande muriendo…”

En una nota periodística Barboza cuenta que “los cerros guardan cosas que pocos saben, y yo pude verlas. Una noche venía solo, yo, mi caballo y mis ovejas. Cuando de pronto levanté la vista hacia el cielo y vi un círculo grande, como si fuera una rueda de una chata (así le llaman a esos carros de cargas grandes que eran tirados por bueyes, cuya circunferencia es mayor a los carros tradicionales) que tenía tres colores. Esa cosa pasó a toda velocidad y se perdió por detrás de los cerros. Yo agarré mi caballo pensando que se iba a asustar, pero nada, al igual que mi rebaño, que siguió caminando como si nada”.

El Pastor de Nubes decía que se iba a morir en Tastil porque “aquí estuve toda mi vida y es el lugar que me enamoró. Un día me iré de este mundo y quizá me encuentre con Manuel J. Castilla allá arriba”.

“Cada cardón de la falda –dice el poeta- se le parece por dentro; un  poco por las espinas, pero más por el silencio”.

Dos historias en regiones antípodas por la geografía, pero que fueron protagonistas de hechos fantásticos vinculados en los platillos volantes. ¿Verdad o fantasía?

Jorge Castañeda

Valcheta – Escritor

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