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Mucho interés por declarar monumento histórico a una tradicional casa de Allen

 

Los legisladores Jorge Ocampos (Cipolletti) y Daniela Agostino (Bariloche) presentaron un proyecto de ley para declarar monumento histórico, en los términos de la Ley F Nº 3656, de protección y conservación del patrimonio cultural de la provincia de Río Negro, a la casa histórica construida en el año 1910 en la esquina de las calles Alem y Eva Perón, de Allen.

Esa casona albergó sucesivamente a la pionera familia Torruella, tradicional almacén de ramos generales “Casa Aragón”, la mítica Casa de Don José Bentata y actualmente el reconocido “Café Aurelio” de la ciudad.

Agostino y Ocampos se refirieron a “un sitio de interés histórico para la comunidad de Allen, el que hubo de tomar aún mayor visibilidad pública a partir de una muy oportuna y reciente divulgación que hiciera uno de los medios periodísticos más representativos de nuestra provincia el diario Río Negro, a través del periodista Benjamín Ríos”.

Se trata de Café Aurelio, que funciona en una casa construida en 1910, en la esquina de las calles Alem y Eva Perón, lugar donde los lugareños que pasan a tomar un café, almorzar o cenar, ingresan hacia un viaje en el tiempo y puede ver cómo eran las cosas hace más de 100 años en la localidad altovallense.

“Las fotos antiguas de los primeros dueños, las radios de la época y el piso de madera pinotea, mantienen esa esencia de clásico. Un pedazo de la historia de Allen está en las vitrinas y paredes de esa esquina. Originalmente el edificio construido en 1910 fue la casa de la familia Torruella y más tarde funcionó allí “Casa Aragón”, un almacén de ramos generales. Pero muchos la identificaron después como la casa de Don José Bentata, un inmigrante proveniente de Marruecos que a partir de 1935 vendió diarios, cigarrillos y artículos escolares hasta avanzada la década del 80”.

“El lugar fue comprado y recuperado por Lorenzo Brevi en 2012, un vecino preocupado por atesorar el patrimonio histórico de la ciudad. Luego de la remodelación le puso como nombre Café Aurelio en honor a su padre. Desde el 28 de julio de 2017 pasado Ana Balmaceda y Luis Heredia alquilan la casa que funciona como un resto-bar”.

“Sus actuales administradores recuerdan que hace unos 20 años el lugar estaba abandonado hasta que lo compró la familia de Lorenzo Brevi y comenzaron a restaurarlo. “Fue un trabajo minucioso el que hicieron. Para recuperar el techo tuvieron que dividirlo en recortes porque había muchas partes frágiles. El piso es el original de pinotea, lo lijaron y acomodaron”, detalló. Luego, los vecinos llevaron objetos de época, de galpones de empaque y fotos”.

“Es como si fuera un museo. Muchos se acercan y nos entregan recuerdos”, contó emocionado. El lugar cuenta con una parte superior donde también se atiende a los comensales. Además, allí hay una vidriera con objetos de porcelana antiguos. Luis contó que quieren armar “una pared para que la gente exhiba durante un tiempo sus recuerdos”.

En las fotografías que se muestran hay una de José Bentata junto a su esposa. También otra donde figura Patricio Piñeiro Sorondo, el fundador de Allen. La decoración la completan patentes antiguas, latas de galletitas viejas, radios, espejos y una hélice de un avión del siglo XX.

“A eso de las cinco de la tarde llegan a tomar el té abuelos de 70 años y más. Cuando entran ven las fotos, el lugar y recuerdan lo que fue antes este café. Les da nostalgia”.

Algunos ingresaron cuando era una librería otros al almacén que en su tiempo era de ramos generales. “Los clientes le cuentan a los mozos sus anécdotas que vivieron en este lugar. Es tanta la magia y los sentimientos que esto produce que vuelven”, cuenta emocionado Luis.

“Allí compré mis primeros útiles, cuando comencé a estudiar en 1940”, contó Ignacio Tort, un vecino de Allen que ahora tiene 85 años. Don José atendía el negocio e Ignacio iba a comprar todos los viernes las revistas que llegaban de Buenos Aires en tren”.

“La que más pedían los chicos era la deportiva El Gráfico. “Ahí nos enterábamos cómo había salido el domingo pasado el automovilista Juan Manuel Fangio que corría en Europa”, contó con nostalgia Ignaci . “Teníamos la radio pero había mucha interferencia y cuando terminaba la carrera no sabíamos quién había ganado”, recordó. La librería tenía sus vitrinas pero no había góndolas como hoy”.

“Hoy, allí, emulando tal vez otras admirables experiencias de rescate de sitios muy preciados desde su significancia histórica, cultural y social en el país, tales como el propio Bar Tito, el Rancho Época de Quesos o la mismísima Peña Boliche Balderrama en las ciudades de Lamarque, Tandil y Salta respectivamente, funciona como un resto bar”.

Hace un año, al nombre le agregaron Aroma Urbano y el café es un arte para el lugar: “Trajimos un barista para que trabaje sobre cómo se tiene que hacer y servir un café”, señala su administrador.

Hay distintos gustos. Incluso hay café irlandés y colombiano, que es una mezcla con granos brasileños. También se contrató una chef de trayectoria para elaborar el menú.En la carta hay platos elaborados, pizzas, milanesas, bifes jugosos y hasta mariscos.También, ofrecen pastas caseras y el clásico pastel de papas. Finalmente el infaltable whisky para que el que quiera tomarlo después de la cena. De 19 a 21 horas se abre una happy hour con precios especiales y promocionales que atraen a más gente a disfrutar de su encanto.

 

Fundamentos del proyecto presentado por los legisladores Jorge Ocampos y Daniela Agostino.

 

Foto: diario Río Negro

 

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