Hace un tiempo este cronista, periodista especializado en temas patagónicos, se ocupó de los mensajes radiales al poblador rural. Este sistema de mensajería pública no ha perdido vigencia, aunque las comunicaciones telefónicas móviles mediante antenas celulares van conquistando distancias en el extenso territorio de la Patagonia. Esa permanencia, que se refleja en el hábito y el uso por parte de los residentes en las regiones más apartadas, se sostiene también en la amplia difusión de un valioso libro fotográfico, que desde hace casi seis años se lee y comenta en distintos ámbitos y sigue siendo una pieza documental sustancial en relación con este tema.
Nos referimos a la obra “Mensajes al poblador rural, más de 70 años en el aire de la Patagonia” de Jorge Piccini, fotógrafo y recopilador de historias, entrerriano de origen, patagónico por adopción, radicado en San Carlos de Bariloche.
Este trabajo de 112 páginas, con muchas reproducciones de los papelitos que llegan a las emisoras radiales con el pedido de los referidos mensajes, textos poéticos y relatos acerca de las peculiaridades de la mensajería, magníficas fotos del ámbito campestre y un breve pero importante análisis del tema desde el punto de vista semiótico, ya acumula cinco ediciones consecutivas desde la original del año 2019.
Hay una nota introductoria por parte de la dramaturga chubutense Ana Laura Suárez Cassino, donde sostiene que los aludidos mensajes son “relatos fragmentados que se entretejen develando un mundo visible-audible detrás de ese vacío que se prefigura como desierto, sin un camino establecido para recorrerlos y ni siquiera un principio o fin”.
Más adentro se despliegan las fotos de cientos de papelitos, escritos a mano por las personas que se han acercado hasta los estudios radiales para pedir que se emitiera su mensaje. Este asombroso catálogo de historias mínimas se completa con bellas y descriptivas imágenes en blanco y negro donde el artista fotográfico Piccini compone sus propios relatos: sobre rostros, paisajes y ambientes, manos, animales, objetos y prendas de vestir, para instalar vívidamente el escenario rural de donde provienen y hacia dónde van los comunicados.
No se puede comentar este ameno y valioso trabajo sin transcribir unos cuantos mensajes al poblador rural, exponentes prácticos de lo que se acaba de decir. Aquí van, tomados casi al azar, respetando la grafía original con sus particularidades. Con respeto.
“Se comunica a Adela Muñoz y a Carolina Morales de Pichi Leufu que mañana viernes va Carlos que lo esperen con la yegua de su hermana en el río”.
“Felipe comunica a Pochi Reuque de Chacay Huarruca que haga el favor de ayudar a Millán a sacar una vaca empantanada, deben darle pasto, ya que es imposible de viajar”.
“Se comunica a Evaristo Linconiu de Laguna Blanca que Viviana no pudo viajar de ninguna manera los mineros tuvieron muy mala voluntad para yevarlaasta la casa. Espere nuevo aviso”.
“Ce comunica a Polidoro Marco de Arroyo Chacai que el día veinticuatro por la tarde bampasajeros solicitan los esperen dos caballo encillado y un pilchero que a vice al señor Franco por la entrada al vote”.
“Alejo Laciar comunica a Daniel Cunipí de María Sofía y a Carlos del Valle de Corralito que si desean trabajar en alambrado que viajen a su casa en Bariloche antes del día 7 del corriente para viajar el día 8 a Santa Cruz. El jornal por ocho horas es de 60 pesos también debe llevar dos hombre de campo puesteros para una estancia. El sueldo es de mil peso mensual se paga aparte la casa de zorros y pumas muy bien pagado es en Río Gallego es a 100 kilómetro Pico Trocaro y Comodoro Rivadavia.”
“Para el payador Irineo Aguilera, donde se encuentre, la comisión le pide que hoy a las 20 horas esté en Las Plumas y que no olvide la guitarra”.
“Se hace saber a Carlos Cayunao de La Horqueta que el ternero no está en el callejón. Delia le encarga la vaca para que no se vaya”.
“Señor Umberto Rodrígues de Pasos de los Molles se le comunica que el día 23 de junio viaja Ignacio con 40 litros de vino lo único que tiene que aportar usted es el agua para refinar el vino y venderlo”.
“Pichileufu, Rosa le dice a Walter que lo quiere mucho y lo estraña y espera verlo pronto porque sin el es como si el sol estuviera en penumbras”.
“Se comunica a Raúl Pallaleu de Pichileufu que le haga entrega del recau que le sacó al caballo de Rabanito, ya que hay testigos que lo vieron que el se lo llevo”.
“Para las salinas Juan Rodríguez le comunica a Silberia Mila que a las 4 de la tarde de hoy le ocurrió algo grave fue una morajia de sangre pero ahora está bien”.
“A Daniel y Claudia de Paraje La Porteña que el sr. Kily Gallardo no viaja por falta de su instrumento llamado guitarra”.
“Se comunica a los pobladores de la zona rural de El Bolsón, Mallín Ahogado y Los Repollos que si ven un potrillo entero pelaje gateado crina y cola larga avisen a la flia. Boreau”.
“Se le comunica a la señora Matilde de Perito Moreno que no viaje porque lo que quedaba se fio todo y no quedó para hacer lo convenido cuando se cobre todo lo fiado le comunicara por este medio”.
“Se le avisa a Mariela Aravena de La Fragua que su padre no va a poder hir a buscarla por no tener rueda de auxilio ni naspta para el auto, que se venga en el camión de la mercadería”.
En estos relatos breves se reflejan circunstancias de las vidas de lejanía y sacrificio, con mensajes de buenas y malas noticias. Intentando la superación de la distancia y el aislamiento a través del milagro cotidiano de la radio. La totalidad de los textos rescatados por Jorge Piccini tiene más de dos décadas de antigüedad y es muy probable que algunos de los protagonistas de estas instantáneas ya no pertenezcan al mundo de los vivos, pero sus rastros siguen existiendo aunque sean difíciles de localizar.
Para un cronista urbano el tema se engloba en aquello genéricamente llamado “la nota color”, de tono costumbrista y curioso, que puede provocar la risa burlona acerca de las vivencias del paisano de campo adentro.
Para el cronista patagónico, en cambio, se trata de fuertes testimonios de entre 10 y 15 palabras de extensión máxima, con significativos elementos descriptivos sobre las dificultades y carencias que deben sobrellevar los habitantes de parajes ubicados a cientos de kilómetros de los principales poblados, sin conexión a Internet o o con muy baja señal, al costado de caminos pedregosos que se tornan intransitables por las lluvias y las nevadas. Estos mensajes son fragmentos de historias de vida, de vidas valiosas y respetables, que corresponden a seres humanos invisibilizados.
El poeta, periodista y docente Jorge Spíndola, patagónico de pura cepa, se ocupó de estos mensajes hace ya varios años, a través de una inolvidable ponencia en uno de aquellos míticos encuentros literarios de Puerto Madryn, después publicada en la revista Confines, en mayo del 2009.
Spíndola sostiene que se trata de “poemas humanos”, y que por “su lenguaje cotidiano, sus códigos y temas, construyen una forma de oralitura”, expresión que le toma prestada al poeta mapuche chilenoElicuraChihuailaf, y añade que son “parte de la identidad rural/ urbana de la región”.
Puntualiza que los mensajes “durante todos estos años han estado allí, en un lugar y horarios precisos como esos colectivos que van y vienen cada semana por los caminos polvorientos del interior, llegando siempre, sin estridencias, con su infinita carga de humanidad”
“La larga permanencia en el aire no ha fosilizado su discurso, por el contrario, ha ido cambiando, modificando su recepción y sus márgenes de interés. Ha desarrollado un entramado de voces por momentos poético, con un lenguaje y registros propios. Para los frecuentes usuarios es natural hablar de “lo convenido”, “lo acordado”, fórmulas establecidas y necesarias para preservar cierta privacidad ante la exposición pública y masiva de la radio” comenta después, muy acertadamente.
DiceSpíndola, más adelante, que “el mensajero al poblador se construye como un discurso extraño, poético y escindido de los lenguajes dominantes en las radios AM, y más ajeno aún para los registros de uso en las FM”.
“Tal vez los nombres de las personas que habitan este segmento, en su mayoría de apellidos paisanos, mapuches y tehuelches; o los lugares que dan cuenta de una toponimia ajena al entramado urbano, (parajes como Meseta Somuncurá, Bajo El Caín, YalaLaubat y muchos otros que pertenecen a antiguas y orales formas de nombrar la tierra), sean algunas de las claves para acercarse y comprender a este lenguaje de otra atmósfera que provoca extrañamiento ante los discursos híper codificados de los mass media”.
“Este lenguaje de otro tiempo, con nombres de personas y lugares que habitan este tiempo, articula la espacialidad rural/ urbana en que se mueve un extenso universo humano que es visible- audible a los otros desde sus propios registros y por sus propias necesidades discursivas. Lenguaje que no cede de nombrar un mundo que existe plenamente detrás de ese supuesto “vacío silencioso” que crece al costado de las extensas rutas de asfalto o de polvo”.
“El mensajero es una marca de persistente oralidad que cuestiona el vacío con que se empalagan las visiones de los viajeros; una poética de fractura que se contrapone a los relatos escritos del desierto” subraya Jorge Spíndola.
Por todo ello y mucho más los mensajes al poblador rural mantienen su vigencia y afortunadamente los siguen difundiendo las filiales patagónicas de Radio Nacional, vaciadas de contenido periodístico local por órdenes emanadas de la dirección superior del organismo en Buenos Aires; y también se propalan diariamente en la radio provincial de Sierra Colorada y varias emisoras privadas de la Patagonia.
Los interesados en adquirir el libro de Piccini pueden contactarse al sitio web www.jorgepiccini.com
Texto: Carlos Espinosa, periodista de Carmen de Patagones y Viedma, marzo de 2025
Más Río Negro Noticias de la Provincia de Río Negro