Río Negro: Por la ruta nacional 23, donde la estepa patagónica se ofrece sin límites

 

Por Carlos Espinosa, periodista de Carmen de Patagones y Viedma, marzo 2025

Durante varios días del reciente mes de febrero este cronista recorrió la ruta nacional 23, entre su nacimiento en el cruce con la 3 hasta la localidad de Comallo. Los sucesivos apuntes, ya publicados en una red social, están compilados en la nota siguiente.

Introducción

Fue el tema de la primera nota que con mi firma apareció en el quincenario “La Calle” el 30 de junio de 1980. Comenzaba así: “Ah, el día en que se pavimente la ruta 23…” Esta expresión de deseos la escuché una y mil veces en el recorrido por la Línea Sur de Río Negro. Claro, el día que se concrete tan ansiada pavimentación muchas cosas podrán cambiar para esa región rionegrina en la cual uno se introduce con cierto temor, pensando en la posibilidad de romper un parabrisas, una rótula o un neumático”.

Han transcurrido casi 45 años desde aquella crónica, y hace pocos días estuve recorriendo la 23 desde su arranque en el cruce con la 3 hasta Comallo, atravesando tramos que todavía esperan el pavimento y los riesgos siguen vigentes. Los cambios han sido importantes en poblaciones como Valcheta,  Ramos Mexía, Sierra Colorada, Los Menucos,  Ingeniero Jacobacci y la misma Comallo; pero otras localidades más pequeñas -Aguada Cecilio, Aguada de Guerra, Clemente Onelli- y Maquinchao  -que fuera durante hasta mediados del siglo 20 el principal centro lanero de la región- parecen detenidas en el tiempo y, en algunos aspectos, deterioradas y abandonadas.  La desaparición del Ferrocarril General Roca (antigua Línea del Estado de cuya puesta en marcha desde San Antonio Oeste se estarán cumpliendo 120 años dentro de poco) fue un fuerte factor negativo para todos los pueblos de la ruta 23.  El Tren Patagónico, que empeñosamente sostiene y hace funcionar el gobierno de Río Negro, sólo cubre el aspecto turístico y en menor medida el social, con apenas una frecuencia semanal de ida y vuelta entre Viedma y Bariloche, con algunas paradas intermedias. Pero el tren dejó de ser el medio de transporte de cargas diversas, reemplazado por los camiones, que destruyen el ansiado pavimento y horadan los tramos de ripio, como el ominoso desvío en el cruce con el arroyo de Nahuel Niyeo, cuyo puente defectuoso fue destruido por una creciente hace más de 13 años y nunca fue reparado (olvido vergonzoso de Vialidad Nacional). Varias de las estaciones y apeaderos del primer tramo de la vía desde San Antonio Oeste fueron clausurados en la década del 90 (Cinco Chañares, Mancha Blanca, Musters, Nahuel Niyeu, y Faulkner)  y van por el mismo camino las ya mencionadas Aguada Cecilio y Aguada de Guerra (sitios y denominaciones emblemáticos por lo que significaron en tiempos pretéritos antes de la llegada del ferrocarril hace más de un siglo)  Esta crónica es la primera de una serie que se publicarán de aquí en más, con una mirada superficial pero afectuosa sobre los pueblos y estaciones ferroviarias de la Ruta 23.

Aguada Cecilio

Aguada Cecilio es la primera población que se encuentra a la vera de a RN 23 cuando se comienza a transitarla desde Km. 0 en la intersección con la ruta 3. Su nombre se relaciona con la figura de don Cecilio Crespo, que nació en Carmen de Patagones en 1863 y hacia 1890 se instaló en la localidad de Colonia San Martín (hoy José de San Martín, en el noroeste de Chubut) donde desarrolló una importante actividad ganadera lanar. Hasta principios del siglo 20 el traslado de los animales desde Patagones se realizaba en grandes arreos, y las aguadas eran las paradas obligadas. En este punto de la estepa patagónica don Cecilio Crespo halló una fuente de agua generosa y en torno al sitio fue creciendo una población, y cuando se trazó la línea ferroviaria del Estado en ese lugar se levantó la estación, probablemente entre  1910 y 1920. La localidad alcanzó prosperidad y mereció, en 1937, la inauguración de un importante edificio para comisaría y vivienda del comisario, en el plan de obras del ingeniero Adalberto Pagano, gobernador del Territorio Nacional de Río Negro. Esta construcción, todavía en uso, tiene un atractivo estilo montañés, con el uso de piedra de la zona y techo a dos aguas. La estación es de chapas y se encuentra abandonada, así como la vía secundaria y un viejo vagón de hacienda allí estacionado. El servicio del Tren Patagónico solamente se detiene si se le avisa al conductor de la locomotora que hay algún pasajero en espera. Un poblador le contó a este cronista que actualmente viven en el pueblo unas 50 personas, el agua que justificó el nombre es muy escasa –como consecuencia de la intensa sequía – y quedó en el olvido la huerta que tuvo en otro tiempo, en el propio predio de la estación, con verduras y frutales de todo tipo.

Valcheta y Nahuel Niyeu

Cuando avanzamos por la ruta nacional 23, dejando atrás el pequeño pueblo de Aguada Cecilio  en el kilómetro  82 de la RN23 se encuentra  Valcheta, interesante localidad nombrada habitualmente como “el oasis de la región sur”. Y este simpático pueblo lo es, sin dudas, por el beneficio del arroyo con su mismo nombre, que asegura riego con abundancia de chacras, sembrados y arboledas. Según varias fuentes, entre ellas el muy completo libro “Valcheta, un pueblo con historia” del cronista   Jorge Castañeda, la denominación proviene de la lengua del pueblo tehuelche y quiere decir “lugar que se colma”. Esto se explica si se entiende que en el vallecito ubicado en ese sitio, cuando bajan las aguas del deshielo y de las lluvias desde la Meseta de Somuncura el ya mencionado arroyo desborda su  cauce natural.  El paseo que acompaña al simpático cauce es muy bello, y constituye la principal atracción de Valcheta. Llama la atención el importante edificio de la comisaría, que data del año 1937 y corresponde al plan de obras que realizó el gobernador del Territorio Nacional de Río Negro, Adalberto Pagano.  Pocos saben que esta construcción, al igual que otras ejecutada por impulso de Pagano en diversos puntos de la provincia, fueron calificadas como “monumentos histórico culturales” por la ley 3.945 de la Legislatura de Río Negro del año 2005.

La estación ferroviaria de Valcheta, originalmente perteneciente a la Línea del Estado  fue inaugurada el 20 de marzo de 1910, y está  próxima a cumplir 115 años de servicios continuados bajo las sucesivas administraciones del Ferrocarril General Roca, hasta 1994, y del Tren Patagónico, desde entonces y hasta la actualidad. Esta parada ferroviaria e encuentra en excelente estado y es muy interesante visitarla.  Lo que no se entiende (y este cronista no encuentra explicación) es por qué se encuentra tan distante del centro de la población.

También está alejado del centro –pero bien vale la pena acercarse- el Bosque Petrificado que tiene la particularidad de presentar una importante cantidad de árboles acostados horizontalmente, convertidos en piedra por efecto de erupciones volcánicas que se produjeron en el período Cretácico, hace unos 80 millones de años. Los ejemplares que pueden apreciarse en esta Área Natural Protegida llegan a medir hasta 30 metros de largo, lo que señala la antiquísima existencia de un bosque tropical. El sitio se puede visitar a pie o en bicicleta, no se permiten ingresos de autos o motos. En la modesta opinión de este cronista hacen falta más y mejor cartelería, que brinde mayor información y haga más ameno el recorrido.

Avanzando unos 40 kilómetros, por la misma RN 23 en dirección a Bariloche se llega al arroyo y paraje Nahuel Niyeu (voces mapuches que pueden traducirse como “Lugar del tigre”) y no sabemos si por allí aparecen pumas (lo que es muy probable) pero en cambio puede asegurarse que para quienes transitan por esa ruta en ese sitio existen peligros similares al eventual  encuentro con un felino de gran tamaño. Ocurre que el cruce del arroyo, que baja manso la mayor parte del año pero se enfurece cuando se producen fuertes lluvias, necesita un puente de importante dimensiones y hace más de 13 años que está faltando. Cuando se pavimentó ese tramo de la RN23 el puente se construyó y fue habilitado en el 2008, pero a principios del 2012 una fuerte crecida lo destruyó totalmente. La misma suerte corrió el puente ferroviario pero en pocas semanas la empresa Tren Patagónico lo reparó, y en cambio Vialidad Nacional todavía no cumplió con esa tarea, lo que produce inconvenientes y accidentes en el precario desvío que reemplaza a la estructura ausente.

El casi extinguido pueblito de Nahuel Niyeu (según el censo nacional de 2022 con sólo 57 habitantes) tuvo una posta en la que paraban arrieros, carreteros y  camioneros (según el paso delos años) para esperar la bajante del arroyo y ayudarse cuarteando en el cruce si fuese necesario. Cuando llegó el ferrocarril (por 1910/12) se construyó una estación que atendía a la dispersa población rural. Hace unos años que está fuera de servicio y totalmente abandonada.

Ministro Ramos Mexía

Si avanzamos 62 kilómetros por la RN23, después de dejar atrás el paraje Nahuel Niyeu  se llega al pueblo de Ministro Ramos Mexía, un sitio con interesantes atractivos, una verdadera joyita sureña.

El nombre le fue impuesto en 1939, más de 25 años después de la llegada de la línea ferroviaria del Estado, que en 1905 había comenzado a avanzar desde San Antonio Oeste; pero  antes la localidad y la estación se llamaban Corral Chico (Pichi Malal en mapudugun), por la zona donde se encerraba ganado ovino para la invernada en un pronunciado bajo irrigado por vertientes naturales, al abrigo de los fuertes vientos.

La denominación imperante desde 1939 rinde merecido homenaje a la figura de Ezequiel Ramos Mexía, influyente político que ocupó los cargos de ministro de Obras Públicas y de Agricultura en las presidencias de Julio Argentino Roca, Manuel Quintana y Roque Sáenz Peña, entre los años 1900 y 1913. Fue un visionario planificador del país interior que impulsó las leyes de Fomento de los Territorios Nacionales, de los Ferrocarriles del Estado (entre ellos la Línea San Antonio Oeste-Bariloche) y de Irrigación, que desarrolló el Alto Valle de Río Negro.

La estación de Ramos Mexía del actual Tren Patagónico está bien conservada y bajo su alero se encuentra un mural de singular recordación histórica: porque en abril de 1950 allí se detuvo el tren presidencial, que llevaba de regreso a Buenos Aires al presidente Juan Domingo Perón y su esposa Eva Perón. La parada, no prevista en el protocolo inicial, fue por pedido de los vecinos, para reclamar la construcción de un edificio adecuado en reemplazo de la escuela rancho existente en ese tiempo. La respuesta fue favorable y la Escuela Primaria número 13, “Pichi Malal” está funcionando desde 1954.

Enfrente de la estación se encuentra la notable comisaría de Policía, realizada durante la gobernación del Territorio Nacional a cargo de Adalberto Pagano, inaugurada en 1937, y declarada “monumento histórico cultural” por la ley 3.945 de la Legislatura de Río Negro del año 2005.

Sobre la RN23 está ubicado un Centro de Atención al Visitante, levantado por iniciativa de la secretaría de Turismo de Río Negro y atendido por personal de la Municipalidad de Ramos Mexía. La estructura montada sobre un antiguo vagón de cargas del ferrocarril está muy bien realizada, con criterio estético y atracción visual. Otras postas de información turística similar se encuentran en Valcheta, Sierra Colorada y Los Menucos.

La breve visita a Ministro Ramos Mexía no puede pasar por alto el “Bajo de Ramos”, esa depresión verde que puede observarse desde un magnífico mirador. Bajando, por un camino de ripio en buen estado, se llega a Tunquelén, un parador turístico bien atendido, se puede hacer un descanso a la sombra de añosa arboleda y apreciar antiguas pinturas rupestres, con las  huellas de alguno de los pueblos originarios de la región. Por todo, y más también, Ramos Mexía es una joyita sureña.

Sierra Colorada y Los Menucos

Seguimos el recorrido por la Ruta Nacional 23, paralela a la antigua línea del Ferrocarril del Estado, que se trazó y construyó en las primeras décadas del siglo 20, en el marco de un plan de fomento de los Territorios Nacionales que no ocultaba el objeto de beneficiar a las grandes estancias de capitales británicos instaladas en la zona. El riel llegó a los pequeños pueblos que, en algunos casos ya se habían generado por iniciativa de comerciantes nativos e inmigrantes, y en otras ocasiones fue el propio ferrocarril que fundó localidades en medio de la estepa. Las estaciones, que en su mayoría aún prestan servicio al Tren Patagónico, están separadas por las distancias necesarias para asegurar el aprovisionamiento de agua en las calderas de las locomotoras a vapor. El trazado de la línea, que no avanzó en forma recta dese el mar hacia la cordillera sino que lo hizo viboreando de manera curiosa, respetó por un lado la topografía del terreno y por el otro  fue buscando las fuentes de agua dulce que esas poderosas locomotoras necesitaban.

A 44 kilómetros de Ministro Ramos Mexía se encuentra Sierra Colorada, población que naturalmente debe su nombre a los hermosos cerros de color rojizo que la rodean. La estación ferroviaria está cuidada. Tiene una amplia playa de maniobras, en la que seguramente se cargaban miles de kilos de lanas esquilados en la cercana estancia Talcahuala, de la Compañía Argentina de Tierras (ArgentineLandCompany). En la actualidad se pueden ver allí un abandonado vagón de transporte y vivienda de personal de vías y obras. Sería interesante su rescate, con la finalidad de instalar quizás una muestra fotográfica sobre la historia ferroviaria de la Región Sur.

Se transitan otros 45 kilómetros y se llega a Los Menucos. El nombre del pueblo y de su estación proviene del mapudugun, la lengua del pueblo mapuche, y se traduce al castellano como “lugar de pantanos”, lo que guarda relación con las lagunas que se forman (o se formaban) en las cercanías como consecuencia de las lluvias en la zona y en la cercana meseta de Somuncura, cuyo drenaje deriva hacia la línea férrea y la RN23. La antigua estación ferroviaria, que data de 1920, está conservada pero fuera de uso porque el Tren Patagónico se detiene unos pocos metros más adelante donde se ubica la Estación de Micros levantada por la Municipalidad local. En el andén de la estación se conserva un viejo carretón manual para carga de encomiendas y equipajes, que de tanto en tanto es utilizado para su finalidad pero ahora es cómodo para tomarse unos mates en la pausa de la recorrida.

En el barrio ferroviario de Los Menucos, paralelo a las vías y una bien cuidada avenida con hermosos parques de resplandeciente verdor (mérito de la gestión municipal) se puede apreciar una magnífica construcción con durmientes de quebracho, demostración de la ingeniería del ferrocarril. Se estima que tiene no menos de 90 años de antigüedad y se conserva exteriormente en muy buenas condiciones.

Se recomienda visitar a Los Menucos en horas de la noche, para poder observar el enorme mural luminoso de homenaje a los inmigrantes, realizado hace varios años por el artista plástico Diego Scarfó, y emplazado en un lateral de la rotonda de acceso principal y junto al paso a nivel de los trenes. De día sólo parece un enorme muro de chapa con curiosas hendiduras, pero de noche: es una maravilla!

Último comentario sobre este mojón ferroviario y de la RN23: desde Los Menucos hay dos importantes accesos a la Meseta de Somuncura, por Praguaniyeu y por Comicó. Los interesados en llegar, con un servicio de vehículos adecuados y guías conocedores de la región pueden comunicarse con Real Patagonia en Facebook.

Aguada de Guerra

En dirección a Bariloche, a 35 kilómetros de Los Menucos por la RN 23 encontramos la localidad de Aguada de Guerra, con no más de 250 habitantes permanentes, un enorme puente peatonal sobre la ruta (que no usa nadie, porque “uno se cansa mucho y además no hay mucho tránsito” según le dijo a este cronista un poblador ya entrado en años); y una pequeña estación ferroviaria, con  más de un siglo de existencia, que actualmente está abandonada por el Tren Patagónico, que se detiene sólo cuando avisan que hay algún pasajero.

Es un pueblo pequeño y pacífico, enclavado entre cerros y atravesado por la mencionada RN23. Hace cinco año un equipo de investigación de la carrera de Arquitectura de la Universidad Nacional de Río Negro sede Alto Valle, dirigido por la arquitecta Florencia Gómez Saibene, realizó un estudio integral territorial  que llegó a la conclusión de que “en Aguada predomina el vacío, el espacio público está olvidado a pesar de que la comunidad busca continuamente espacios de contención y excusas para encontrarse y relacionarse” (Citado en el portal Mejor Informado, publicación del 12 de noviembre de 2019)

La estación se ubica a pocos metros de la RN23, exactamente al costado del puente peatonal y es, de todas las existentes sobre el trazado de la ruta que cruza del mar hacia la cordillera la totalidad de la provincia de Río Negro, la única que se puede apreciar desde la misma cinta asfáltica. Aún a pesar de su deterioro constituye una atractiva y sencilla muestra del tipo de construcciones ferroviarias de los apeaderos de principios del siglo pasado.

Si se procurara mejorarla, con la reposición de vidrios rotos, pintura que respete los colores originales, reparación de techos y algún arreglo forestal con especies botánicas autóctonas (por ejemplo las jarillas que son tan vistosas en primavera) quizás este espacio público puede convertirse en lugar de encuentro para la comunidad, puede albergar una feria de artesanías, por ejemplo, y atraer al turismo que transita la RN23.

Si la vieja y modesta estación de Aguada de Guerra fuera refaccionada se constituiría en un punto fotográfico interesante, suscitando la curiosidad de los viajeros, posibilitando incluso algún pequeño emprendimiento gastronómico para un refrigerio. ¿Acaso este paraje, con la aguada de la familia Guerra no fue durante muchos años de fines del siglo 19 una posta obligada de los carreteros y pastores que atravesaban la estepa?

Maquinchao

Tras avanzar 36 kilómetros desde Aguada de Guerra por la RN23 se llega a Maquinchao, población cuyo nombre proviene la lengua de los gününaküne –también llamados tehuelches septentrionales- y se puede traducir al castellano como “lugar de invernada”. Según los relatos de viajeros europeos de fines del siglo 19 este sitio de la estepa era elegido por comunidades originarias para pasar los duros inviernos, aún antes de la introducción del ganado lanar o caprino que trajeron los europeos. En lengua mapuche a la zona también se lo llamaba EpuLafquen  (“Dos lagunas” en castilla)  y hubo hasta un proyecto de “colonización” con la mensura para dividir una enorme extensión de varios miles de hectáreas en parcelas de explotación familiar. Pero las tierras pasaron a poder de una sola  empresa, de capitales británicos, la compañía  ArgentineSouthernLandCompany (ASLCo), que en 1890 comenzó a instalar la estancia Maquinchao, y en 1907 trajo los primeros carneros merino australiano. En 1912 el gobierno nacional favoreció a los ingleses con la construcción de la estación ferroviaria de la Línea del Estado dentro de los campos de la estancia, a pocos kilómetros del casco y las instalaciones principales. A partir de ese momento se desarrolló el pueblo, junto a las vías. Pasaron muchos años y hacia fines del siglo 20 las autoridades locales decidieron adoptar la fecha del 19 de marzo de 1905 como momento  fundacional de Maquinchao, que por lo tanto acaba de celebrar 120 años de existencia.

El pueblo se ubica a 887,95 metros de altura sobre el nivel del mar, a 1,476 kilómetros de Buenos Aires , a 561 kilómetros de Patagones, y a 379 del puerto de San Antonio (en todos los casos la distancias son por vía férrea). Estos datos son aportados por un cartel ubicado bajo el alero de la prolija y bien conservada estación del actual Tren Patagónico. La construcción es la original, con más de 110 años de uso contínuo. Llama la atención que el borde de los andenes está contenido con antiguos durmientes de quebracho, en lugar de placas de hormigón como es lo más común. En ese sitio también puede apreciarse una balanza o báscula de importantes dimensiones, de un tipo no usual en estas instalaciones ferroviarias, que sin dudas ha sido colocada allí para su exhibición, pero sin ningún cartel informativo. Otra curiosidad: la pizarra que indica el lugar donde trabaja la cuadrilla volante de Vías y Obras tiene como fecha de anotación más reciente la del 9 de septiembre del 2014. ¿Será que nunca más se han efectuado tareas de mantenimiento de vías y material balasto?

Dentro de la playa de maniobras se encuentra, con avanzado deterioro por el paso de los años, una edificación de mampostería de ladriilos  y techo de chapa que perteneció a la empresa Lahusen (varios testimonios lo certifican) y era la oficina comercial donde realizaban el registro de los cargamentos de cientos de fardos de lana en los trenes, con destino a los puertos. Esta construcción era contigua a un enorme galpón de chapa que en algún momento, ya en la década de los 90 de la centuria pasada, fue desmantelado para la posterior utilización de sus materiales en otras obras. Pero sobre lo que fue el piso de esa barraca quedó al descubierto una especie de sótano o fosa, con un arco de ladrillo de medio punto ejecutado por manos expertas hace muchas décadas. Un nativo de Maquinchao le dijo a este cronista que “allí estaba la báscula para pesar los fardos de lana antes de subirlos al tren”. ¿Será el mismo aparato que se conserva en la estación? Las dimensiones de esa antigua fosa parecen corresponder a una maquinaria de tamaño más importante. Es interesante que se conserven esas huellas de los tiempos de esplendor de la ganadería lanera que permitieron que Maquinchao fuese un centro de actividad comercial muy importante, entre los más destacados de la Patagonia.

Vayan dos recomendaciones, para quienes corresponda: 1) colocar algún vallado de protección, para evitar el riesgo de la caída de algún visitante al lugar, pero permitiendo que se pueda observar la construcción; 2) instalar cartelería informativa, que ponga en valor este patrimonio histórico cultural que enriquece a la localidad de Maquinchao.

Sobre una de las paredes de la edificación donde funcionaron las oficinas de Lahusen hay un cartel de letras blancas que dice: QUO VADIS.

Se trata de un grafiti muy antiguo, que mereció análisis en el interesante libro “Maquinchao, hilvanando recuerdos” que allá por 2007 publicó el recordado periodista Gabriel “Galo” Martínez, que era nativo de esta localidad y desarrolló extensa carrera profesional en Viedma y Carmen de Patagones.

Decía Galo que en sus juegos de pibe (fines de la década del 30, principios de los 40) la inscripción ya estaba y, naturalmente, llamaba la atención por estar escrita en latín y contener un interrogante: “¿Adónde vas?”

No agrega que la frase completa es “¿Quo vadis, dómine’” (¿Adónde vas, señor?”) y es la  pregunta que, según la Biblia, le hizo San Pedro a Jesús después de la Última Cena y que el maestro le habría contestado “adónde voy tú no puedes seguirme ahora, me seguirás  más tarde”. En cambio Galo Martínez trae el recuerdo de un tal Nazario Cejas, ganadero instalado en los 30 en un campo de la cercana zona de RucuLuán, famoso por su cultura y la abundante biblioteca que tenía en su casa, cuyo establecimiento se llamaba precisamente “Quo Vadis”. “Seguramente fue él quien, vaya a saber con qué motivo, escribió o mandó escribir Quo Vadisen la vieja pared maquinchense” asegura en la página 83 del libro mencionado, donde también figura una foto de ese muro.

Un año después de la aparición del libro, en ocasión del centenario de la fecha inaugural instituida oficialmente, un grupo de escritores se reunió en Maquinchao y fue repintado el histórico grafiti, agregándole un vistoso mural del arroyo local,  realizado por la artista plástica Mariela Ancatén. Ojalá sea restaurada la antigua oficina de Lahusen, para evitar la destrucción por el paso de los años.

Maquinchao tuvo épocas de buena vida, con la actividad lanera en su mejor momento y la generación de muchos puestos de trabajo y actividad mercantil de todo tipo. En las avenidas que bordean a las vías ferroviarias es posible observar importantes casas particulares y de comercio de imponente construcción que se pueden datar en las tres primeras décadas del siglo 20.

Allí está el hotel Naydun (vocablo árabe que se traduce como “estepa”) que tiene cien años pero está convenientemente mantenido y es atendido con suma cordialidad por un matrimonio descendiente de inmigrantes libaneses. Sobre el frente de este edificio, en la calle que lleva el nombre de José de San Martín,  está colocada una placa de bronce en homenaje al ilustre militar considerado el Padre de la Patria, en oportunidad de cumplirse el centenario de su muerte, en agosto de 1950. No es una placa cualquiera, fue fundida en Buenos Aires a pedido de “los habitantes de Maquinchao y su zona” y tiene la firma de un importante escultor argentino: Luis Perlotti.

Perlotti, fallecido en 1969, realizó cientos de obras en bronce y otros materiales en homenaje a San Martín y otros próceres. En Viedma –en la esquina de las avenidas Guido y Rivadavia- se encuentra emplazado el conjunto escultórico en recordación del enfermero San ArtémidesZatti, realizado en 1954.  El célebre monumento a Alfonsina Storni en Mar del Plata, frente al mar en el sitio donde la poeta se suicidó, también es obra de Luis Perlotti. Es probable que las autoridades y vecinos de Maquinchao ignoren que en una de las calles de su pueblo se encuentra un Perlotti auténtico, original y firmado. Es conveniente asegurar su preservación.

Ingeniero Jacobacci

Siguiendo por la Ruta Nacional 23, hacia Bariloche, a 74 kilómetros de Maquinchao llegamos a Ingeniero Jacobacci, la localidad que con alrededor de 10 mil habitantes (según estimaciones de los mismos residentes) es la más poblada de toda la Región Sur de Río Negro. Desde mediados del siglo 19 este sitio era conocido, por pobladores originarios y viajeros, como HuahuelNiyeo. Esta expresión del mapudugun puede traducirse a la castilla como “donde hay una garganta”. Los estudiosos no se han puesto de acuerdo, para unos se refiere a la garganta o cogote de un animal (seguramente un guanaco) que puede haber sido hallado o perdido por allí; para otros se trata de una garganta o cañadón entre los cerros del lugar. Lo cierto es que este nombre fue el usado hasta 1926, unos diez años después de la llegada de la Línea Ferroviaria del Estado, cuando las autoridades nacionales decidieron que el pueblo se llamase Ingeniero Jacobacci, en honor y reconocimiento a don Guido Jacobacci, profesional de la ingeniería de nacionalidad italiana que dirigió la primera etapa de las obras ferroviarias.

Una antigua entidad social y deportiva del actual Jacobacci mantiene el nombre original: el Tiro Federal Argentino HuahuelNiyeo, que hace más de cuatro décadas albergaba al único cine de todo el pueblo y desde hace veinte años alquila instalaciones al casino. Todos la llaman simplemente “el Huahuel”.

El 14 de septiembre de 1916 se estableció como fecha de fundación de la localidad , porque ese día se completaba el tendido de los rieles.

La estación ferroviaria es imponente y se encuentra muy bien conservada por el personal del Tren Patagónico, este cronista no ha podido encontrar documentación sobre la fecha de inauguración de este edificio actual, pero en algunos sitios de la web se menciona el año 1948.  Puede inferirse que, efectivamente, se construyó en los tiempos en que ya se había habilitado el ramal de trocha angosta que unió a Jacobacci con Esquel (que se inauguró el 25 de mayo de 1945 y comenzó a llevar pasajeros en 1950) cuando el enlace entre el “tren grande”, procedente de Plaza Constitución, y  “la trochita” local, movilizaba gran cantidad de pasajeros y encomiendas. Por el estilo, con importante techo de tejas y cierto aspecto inglés, espacio generoso para la sala de espera del público, revestimientos de piedra y carpintería de primera calidad, pueden encontrarse semejanzas con edificios públicos vinculados al turismo social que el Estado Nacional erigió entre fines de los ’40 y comienzos de los ’50, como los complejos hoteleros de Embalse Río Tercero y Chapadmalal,  y Hotel Nacional de Turismo en Viedma, que quedó inconcluso y se convirtió en la sede del ministerio de Economía.

Lamentablemente no hay una exposición de material de locomotoras y coches de pasajeros de La Trochita, que solamente circula cada dos semanas en viajes reducidos entre Jacobacci  el Empalme. Muchos turistas que arriban a la localidad –yendo o volviendo de Bariloche- quedan desencantados por ello, aunque pueden apreciar una máquina fuera de uso en una simpática plazoleta ubicada en uno de los extremos de la estación. En el otro extremo de la enorme playa de maniobras la Municipalidad instaló dos antiguos vagones de carga de la trocha angosta en un “punto limpio” de acopio de materiales descartables útiles para el reciclaje. Es interesante observar los detalles de esos sólidos pero reducidos vagones, fabricados en Bélgica hace más de un siglo.

Para representar aspectos de la rica historia ferroviaria que tiene en Jacobacci profundos rastros (llegó a tener  casi 400 trabajadores de las diversas ramas del ferrocarril) existe un proyecto de museo, que el Tren Patagónico está instalando en el andén de La Trochita, en cercanías de la confitería que funciona en el mismo espacio.

La población de Jacobacci está en pleno crecimiento, con la influencia del pavimento terminado de las rutas nacional 23 y la provincial 6, que facilita la vinculación con Viedma, toda la zona Atlántica y Viedma,  así como el asfalto en una gran parte del tramo hacia Bariloche estimula el movimiento turístico. Hay desarrollo comercial y de servicios claramente visible,  y los habitantes se muestran optimistas con respecto a la superación de varias décadas de parálisis después de la cancelación del Ferrocarril General Roca en 1993. También se vislumbran tiempos mejores por el desarrollo de la industria de explotación mineral, pero al mismo tiempo la contaminación ambiental que ocasionan las moliendas de diatomea (las algas fosilizadas que tienen distinto uso industrial, el más común como “piedritas para los gatos”) genera problemas de salud y aumenta la aridez natural del paisaje.

Dos apuntes más: 1) sobre lateral derecho de la playa ferroviaria (en sentido ascendente, hacia Bariloche, sobre calle Belisario Roldán) se encuentran varias barracas y otras construcciones de chapa, con más de cien años de existencia en algún caso, que deben ser preservadas por su gran valor histórico patrimonial. Podrían generarse  allí zonas de atracción turística. 2) del otro lado de las vías, sobre la avenida San Martín, se conserva la casa que perteneció al médico Rogelio Cortizo, que arribó a la localidad en 1923 enviado por el Ferrocarril. En los últimos meses del año 2024 la Municipalidad la restauró integralmente y adquirió enorme valor patrimonial.

Otra expresión de deseos, para el final. El devenir de los años en Jacobacci está recopilado en el libro “Historiando a mi pueblo, HuahuelNiyeo, Ingeniero Jacobacci (Ediciones del Cerro, 2006) del prolífico autor jacobacino Elías Chucair (1926-2020). Quienes lo conocimos y gozamos de su amistad sabemos que Elías dejó cientos de páginas literarias con preciosas estampas poéticas y narrativas sobre Jacobacci y la región. Vaya como sugerencia, entonces, que en los alrededores de la estación y otros sitios por donde transitan los visitantes, se coloquen murales impresos con fragmentos de sus textos ilustrados con fotos o dibujos.

Clemente Onelli

Seguimos por la RN 23 en dirección oeste, y a 50 kilómetros de Ingeniero Jacobacci (ver nota anterior) llegamos a la localidad de Clemente Onelli, situada en un pequeño valle entre cerros donde actualmente viven menos de 100 personas pero supo tener alrededor de 500 habitantes en lejanos tiempo de esplendor de la ganadería lanar.

Circulando hacia Bariloche lo primero que se encuentra, a la izquierda de la pavimentada RN23, es el pequeño cementerio rural donde llama la atención la tumba de un ciudadano alemán que, el 15 de febrero de 1953, falleció de muerte natural a bordo de un tren del Ferrocarril Roca que circulaba hacia Plaza Constitución. El trágico suceso ocurrió en el interior de un coche camarote pocos kilómetros antes de Onelli y el guarda dispuso, en cumplimiento del reglamento ferroviario, que el cadáver se bajara del tren y quedara en resguardo bajo la responsabilidad de las escasas autoridades del pueblo: el jefe de estación, un cabo de la policía del Territorio y el encargado de la estafeta postal. La joven mujer del fallecido y sus dos hijos (un varón y una niña) siguieron viaje a Buenos Aires y la historia permaneció olvidada (al igual que la tumba) por casi 60 años, hasta que cobró notoriedad por una nota escrita por este cronista en el portal de la agencia Télam y reproducida por el diario Río Negro, en enero de 2013. Fue en aquellos días que la hija del pasajero alemán llegó especialmente de Europa para visitar el sepulcro de su padre y  recuperar esa triste historia familiar. Quienes quieran leer (o releer) aquella crónica pueden poner en el buscador de internet: “La tumba misteriosa del cementerio de Onelli, en la Línea Sur de Río Negro” y hallarán la reedición de ese material efectuada en el pasado mes de enero por el portal Más Río Negro.

En el mismo acceso al cementerio se recomienda tomar a la derecha, por un camino de tierra, para ingresar al pueblo que fundó el mercachifle libanés Elías Chaina (libanés y no “turco”),  cuando llegó al paraje hacia 1914, tres años antes que las vías de la Línea del Estado.

La incipiente población creció rápidamente cuando empezaron a correr los trenes, que paraban en la estación denominada “Kilómetro 501”, pero no faltaban quienes se referían al incipiente poblado circundante como “lo de Chaina” y también como “Estación Chaina”; aunque por otra parte la zona se conocía como “la de los tres ojos de agua”, en referencia a la existencia de esas vertientes, que seguramente contribuían a la fertilidad de esas tierras.

El pueblo creció, pobladores mapuches y criollos se fueron acercando al punto en donde encontraban aprovisionamiento y canje de cueros, lanas y plumas; y se produjo la llegada de otros inmigrantes libaneses, alemanes, polacos y de otras naciones europeas, que se relacionaron con los nativos, creando familias de sangre y culturas ensambladas.

Pasaron los años y el paraje seguía siendo tanto el “Kilómetro 501”, según el cartel junto a las vías, como la “Estación Chaina” según el hábito de los pobladores. Pero el 17 de marzo de 1926, más de una década después de la “fundación” el pueblo fue bautizado oficialmente como Clemente Onelli, a través de un decreto del Poder Ejecutivo, con la firma del presidente de la Nación, Marcelo Torcuato de Alvear.

Es muy probable que causara sorpresa y algún desagrado la designación de la estación y localidad con el nombre del naturalista que había dirigido el Jardín Zoológico de Buenos Aires durante 20 años, pero nunca había pisado ese punto de la meseta patagónica.

Casi un año después el periódico La Nueva Era, que se publicaba en Carmen de Patagones, insertó en su edición del 27 de enero de 1927 un artículo titulado “Cambio de nombre a las estaciones del Estado”, que contiene reparos a esta cuestión, desde un punto de vista peyorativo y casi ofensivo para el paraje rionegrino que acababa de recibir el nombre del naturalista.

La nota comienza expresando que “El Poder Ejecutivo ha dictado un decreto designando con el nombre de Clemente Onelli a la estación ubicada en el kilómetro 501 de la línea a Nahuel Huapi, paraje que se denominaba Tres Ojos de Agua. Se ha querido rendir homenaje, por cierto muy merecido, al que fue por tantos años director del Jardín Zoológico de la Capital, distinguido naturalista y escritor ameno y espiritual”.

El redactor del suelto opinaba enseguida que “Desde el cielo, donde sin dudas se halla, el señor Onelli sólo podrá deplorar que su estación quede 140 kilómetros antes de llegar a la zona del lago que tanto conocía y admiraba . No queriendo esperar un mayor avance de las obras, el homenaje resulta  precipitado”.

“Desde la estación Clemente Onelli no se alcanzan a divisar los manzanos florecidos, los prados cubiertos de frutilla silvestre, los tupidos bosques de cipreses y cohigües,  ni los magníficos panoramas que ofrecen los lagos andinos. Hay apenas un mallín estrecho y amarillento, donde el sol abrasa en el verano y se cubre de nieve en el  invierno; una serie de interminables pantanos que matizan los caminos de acceso a la estación; una o dos construcciones de chapa con el inevitable boliche; y alguna manada de chivas y cabrones que perfuma el desolado paisaje,” completaba el anónimo periodista su despectiva descripción.

Los años fueron pasando y los sucesos de la vida cotidiana en Onelli no trascendían a muchos kilómetros de distancia, hasta que hacia fines del año 1993 ocurrió un hecho importante y beneficioso para la población: la instalación del primer teléfono público, ubicado en la sede de la Comisión de Fomento. La empresa Telefónica de Argentina –que poco antes había privatizado a la Entel nacional-  publicitó la inauguración del servicio, que contó con la presencia de altas autoridades, y lanzó a través de la televisión de todo el país un corto comercial  que mostraba aspectos del pueblo y a sus habitantes acercándose al teléfono, donde un improvisado actor –Sabino Morales, agente de policía del destacamento local- simulaba una comunicación y largaba la frase “Hola vieja! ¿a qué no sabés de dónde te estoy llamando?” que terminaba con una graciosa mueca.  Morales se hizo famoso y apareció en algunos programas de televisión de Buenos Aires y la misma popularidad  alcanzó la localidad, que era reconocida por los viajeros  como  “el pueblo del aviso de Telefónica”.

La alegría por la facilidad de la comunicación telefónica –aunque fuera a través de un solo aparato en todo el pueblo- quedó empañada al año siguiente, 1994, cuando el gobierno nacional dispuso el cierre del Ferrocarril General Roca. Esta decisión privó a Clemente Onelli de transporte ferroviario hacia las ciudades de Buenos Aires y Bahía Blanca, y produjo el despido dela totalidad del personal afectado a la estación local.

Unos pocos meses después volvió el servicio ferroviario, ya convertido en Tren Patagónico bajo administración provincial,  con una sola frecuencia semanal en ambos sentidos y un tren especial a Bariloche.

Otra enorme tristeza, también vinculada al ferrocarril, sacudió a todo el pueblo ocho años más tarde. Fue en la madrugada del 27 de febrero de 2002, cuando un incendio accidental produjo la destrucción total de la vieja estación ferroviaria, que había sido construida alrededor del año 1931. El “Negro” Chaina, que era por entonces el Comisionado de Fomento dijo  que “el fuego se llevó una parte muy importante de la historia de Onelli”.

La reacción de las autoridades de la provincia y del Tren Patagónico fue inmediata. Se levantó la estructura de una estación fuera de servicio en proximidades de Viedma, se la trasladó hasta Onelli  y el seis de diciembre de ese mismo año se procedió a reinaugurar el necesario cobijo para los pasajeros.

Los actuales habitantes de Clemente Onelli disfrutan ahora de la facilidad del traslado por la RN23 pavimentada en su totalidad hacia Jacobacci y el resto de las localidades del sudeste provincial, con conexiones hacia el Alto Valle y Viedma. Lamentablemente el tramo de ripio hacia Comallo –como para seguir hacia Bariloche- suele estar en muy mal estado de mantenimiento.

La vista general del pueblo, desde un mirador recientemente instalado por iniciativa del Comisionado de Fomento, ofrece un paisaje modesto; pero los atardeceres patagónicos parecen tener otra coloración, y la fotógrafa local Eve Díaz sabe captarlos en todo su esplendor.

No hay mucho más que casas derruidas y otras muy deterioradas con una sensación inevitable de olvido en este rincón sureño y bien patagónico. Pero es el lugar elegido para vivir por un puñado de argentinos, que sueñan y se empeñan en pos de un futuro mejor, a pesar de todas las dificultades. Soñando desde ese pequeño pueblo con historia variada.

Comallo

Si seguimos por la RN23 hacia el noroeste desde Clemente Onelli llegamos a Comallo, localidad con nombre proveniente del mapudugun que puede traducirse a la castilla como “agua arcillosa” en referencia al arroyo que baja de los cerros, arrastrando ese tipo de materiales. Está enclavada en un valle abrigado y reverdecido, con bellos paisajes, a unos 860 metros de altura sobre el nivel del mar (casi 300 metros menos que en Onelli), con poco más de 1.800 habitantes estables. La estación del Tren Patagónico fue fundada en 1918 cuando llegó al lugar la Línea del Ferrocarril del Estado, y de tal manera se reconoce como fecha de fundación de Comallo la del 30 de marzo de ese año. Las instalaciones ferroviarias se conservan en buen estado, pero reclama tareas de preservación un pintoresco depósito de herramientas y descanso de la cuadrilla de Vías y Obras, armado sobre la base de un antiguo vagón de cargas. En la mañana de un sábado, del pasado mes de febrero, este cronista presenció la puntual llegada de la formación procedente de Viedma con destino a San Carlos de Bariloche. La estación, la locomotora y los coches de pasajeros brillaban al sol, y se respiraba la sensación única, la suma de emoción, ansiedad y vértigo que sólo genera el paso del tren. ¡Qué suerte tienen estas poblaciones rionegrinas que vibran, dos veces por semana, con su servicial fortaleza mecánica!

Al costado de las vías la Municipalidad construyó un paseo con una atractiva fuente donde el agua brota de manera permanente; un poco más allá , entre las calles de un barrio, está el Parque de la Amistad (otra iniciativa municipal) que tiene como telón de fondo el panorama de los cerros precordilleranos que rodean a la localidad; también se recomienda la visita al predio  donde se realiza anualmente la Fiesta de la Cordialidad, rodeado de altas alamedas que brindan sombra y reparo.

En las afueras de Comallo, a siete kilómetros por la RN23 en dirección a Clemente Onelli, se encuentra el paraje El Anfiteatro, con gigantescos farallones de piedra viva –de unos 30 metros de altura– que forman un colosal abanico natural donde los sonidos resuenan con eco. Este sitio, concurrido por los vecinos de Comallo para mateadas y prácticas de trekking , se ha utilizado en varias oportunidades para montar al aire libre el escenario del festival itinerante Somuncura Rock, bajo la organización de la secretaría de Cultura de Río Negro.

En uno de los accesos al pueblo se están realizando los últimos avances de la construcción del moderno edificio del PaleoparqueComallo, un emprendimiento conjunto de la secretaría de Turismo de Río Negro y la municipalidad local, donde se emplazará la muestra permanente de valiosas piezas paleontológicas halladas en la región, con instalaciones de servicio para el visitante. La estrella principal del PaleoparqueComallo será la réplica en tamaño real del KelenkenGuillermoi, una especie extinta de ave de la familia Phorusrhacidae, el ave cazadora y carnívora conocida más grande de la historia, que vivió por allá hace unos 15 millones de años; pesaba cerca de 180 kilos y tenía entre dos y tres metros de alto, con capacidad para ¿correr o volar? hasta los 70 kilómetros por hora, lo que la convertía en una verdadera “máquina de matar”.

¿Por qué el Kelenken se exhibirá en Comallo? Porque hace 26 años, en los terrenos linderos a la estación ferroviaria del pueblo un estudiante primario curioso e interesado en las huellas del pasado encontró en estado fósil el cráneo, y fragmentos de un pie y una pata de un ejemplar de este enorme animal prehistórico. El hallazgo fue certificado por calificados investigadores argentinos y extranjeros, destacando que se trata del primer ejemplar del ave predadora más grande del que se tenga conocimiento. Se la bautizó como “kelenken” (palabra de la lengua de los tehuelches septentrionales que le da nombre a un ser mitológico maligno) y se le agregó “Guillermoi” en reconocimiento a Guillermo Aguirrezabala, aquel chico de Comallo que en 1999 logró el impactante  descubrimiento y hoy, ya adulto, ejerce profesionalmente la Paleontología de Vertebrados en un programa del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet).

Seguramente la habilitación del PaleoparqueComallo le dará especial atractivo para los visitantes de la Región Sur, viajeros de la RN23. Por eso se puede afirmar que esta simpática (y cordial) localidad rionegrina tiene importante futuro, que viene del lejano pasado.

Apunte final y necesario, los 30 kilómetros de la RN23 que aún están sin pavimentar entre Onelli y Comallo se encuentran faltos de mantenimiento por parte de Vialidad Nacional, los pozos y serruchos sobre el ripio tornan al trayecto peligroso y destructivo para los vehículos, y espantan al turismo. ¡Que alguien se haga cargo!

Carlos Espinosa, marzo 2025

 

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