


De acuerdo a los datos del censo de 1914, una tercera parte de los habitantes del país estaba compuesta por extranjeros.
Esta ola inmigratoria fue el resultado de un esfuerzo consciente de parte de quienes dirigieron la organización del país para sustituir su vieja estructura, heredada de la sociedad colonial, por una estructura social inspirada en los países más avanzados de occidente.
El propósito principal y explícito no era solamente el de “poblar el desierto”, sino también el de modificar sustancialmente la composición de su población, sumando a la población nativa, la de inmigrantes europeos y con ellos sus conocimientos al conjunto de los habitantes del país.
En este contexto nacional la población de San Antonio Oeste crecía gracias a la construcción del ferrocarril y el puerto. Era el año de 1917.
Se fundó entonces la Sociedad Italiana y el Club Sportivo Ferrocarril, el número de alumnos de la matrícula de la Escuela Primaria Nº 23 requería la creación de otra escuela, el Banco de la Nación Argentina estaba radicado en la localidad desde 1915 obligado por el fuerte movimiento comercial abarcando una vasta región desde Ingeniero Jacobacci al oeste hasta General Conesa al norte.
Las vías del tren habían llegado hasta Ingeniero Jacobacci. San Antonio Oeste era una localidad pujante y muchas de las novedades y noticias llegaban antes que al resto de la Patagonia a través de los barcos que atracaban en los seis muelles pertenecientes a las barracas instalados en La Caleta o Marea.
Dos hoteles sobre la Avda. Comercio, un servicio de diligencia, herrerías, fondas, telégrafo y las voces extranjeras.
Voces extranjeras que introducen en el país la cinematografía
El 25 de octubre del año 1900, el presidente de Brasil, Manuel Ferráz Campos Salles visitó al presidente Julio Argentino Roca. Este acontecimiento quedó registrado y es la primera filmación cinematográfica de Argentina.
En1908, el austríaco Max Glucksmann, abrió más de sesenta salas de exhibición en Argentina, Uruguay, Paraguay y Chile. (Glucksmann fue además con quien Carlos Gardel grabó sus primeros discos).
Así comenzó el desarrollo de la industria cinematográfica en Argentina.
El crecimiento exponencial del país a raíz de las corrientes migratorias evidenció la necesidad de crear un sentimiento de pertenencia a la nación, una identidad argentina.
La educación era el principal instrumento; el cine, por su carácter masivo, era un medio ideal para la configuración de una identidad y para la difusión de una modernidad que comenzaba a instalarse en el país desde el proyecto de la Generación del 80,
Así nacieron obras de ficción que recreaban episodios históricos como La Revolución de Mayo (1909), El fusilamiento de Dorrego (1908), Amalia, entre otras, o en aquellas que alentaban símbolos de identificación con el criollismo, como Güemes y sus gauchos (1910) o Juan Moreira (1913).
Pero el cine se volvió más atractivo cuando comenzó a contar historias, lo que incentivó la producción y distribución. La primera película argumental del país fue El fusilamiento de Dorrego, estrenada el 24 de mayo de 1908.
La figura más destacada del cine mudo argentino fue José Ferreyra, apodado «el Negro», fue un «improvisado de natural talento». Así nacieron La muchacha del arrabal (1922), Buenos Aires, ciudad de ensueño (1922), Melenita de oro (1923), Organito de la tarde (1925), Muchachita de Chiclana (1926), La costurerita que dio aquel mal paso (1926) y Perdón, viejita (1927).Estos dramas sociales se enfocaban en el ambiente de los barrios pobres de Buenos Aires, y eran sentidos como auténticos y populares.
Tener acceso a través de la comunicación bastante frecuente por los barcos posibilitó la llegada de aquellas filmaciones a San Antonio Oeste.
En los comienzos de 1917 una sala de cine llamada La Porteña, ubicada en la Avda. Belgrano entre Brown y Ramos Mexía.
Las proyecciones mudas que llegaban por barco, posibilitaban ver algunas películas mucho antes que, en otras ciudades de la Patagonia.
En 1918 se estrenaron en la sala La Porteña filmes como “El Apóstol” y la primera película de Carlos Gardel, “Flor de durazno”, una película que le permitió comenzar a desarrollar sus dotes actorales. También hubo espacio para documentales y noticias nacionales y para algunos filmes de Charles Chaplin como “El músico ambulante Charlot” (El vagabundo).
Las películas estaban realizadas por actos y al final de cada rollo de película era necesario un intervalo para su recambio.
En algún año hubo demora en la llegada de las latas entonces las películas se proyectaban por episodios a medida que iban llegando las cintas.
No hay datos del motivo del cierre, se sospecha que la sala La Porteña se incendió, como tantas otras propiedades por esos años.
La película El apóstol, una de las primeras que se exhibió en La Porteña apenas estrenada en Buenos Aires, fue una película de animación muda de Argentina escrita, producida y dirigida por Quirino Cristiani, estrenada el 9 de noviembre de 1917 y considerada como el primer largometraje de animación hecho en el mundo.
La película fue una sátira política sobre el entonces presidente argentino Hipólito Yrigoyen, quien quiere limpiar a Buenos Aires de la inmoralidad y la corrupción. Yrigoyen vuela al cielo y se encuentra con el dios del trueno, Júpiter. Usando sus rayos, Yrigoyen golpea a Buenos Aires, y la ciudad se ve envuelta en llamas, quedando en cenizas, antes de que decida comenzar a reconstruir la ciudad. Luego despierta, descubriendo que todo lo ocurrido anteriormente era un sueño y se ve obligado a enfrentar la dura realidad de la política complicada.
Fue un filme del cual no quedan copias en la actualidad – aunque sí se conservan algunas pocas imágenes― ya que algunas se perdieron en un incendio en 1926, y otras al ser reciclado, como era habitual en la época, el celuloide para la fabricación de peines.
Para el filme se utilizaron 58 000 dibujos en 35 mm (a razón de 14 cuadros por segundo), además de varias maquetas que representaban edificios públicos como el Congreso de la Nación Argentina, la Aduana de Buenos Aires y el edificio de Obras Sanitarias de la Nación.
Un tiempo después del incendio de la sala La Porteña, producto de la iniciativa de Antonio Sánchez Postigo, luego liderada por los hermanos San Martín, una sala teatral ubicada en la calle Victoria al 200 de San Antonio Oeste, abrió sus puertas al público en 1925.
Destruida casi totalmente por un incendio, en 1928 fue reconstruida y reinaugurada.
Con una capacidad para más de 450 espectadores y palcos laterales, el “Cine – Teatro Victoria” fue, durante varios años, la primera y única sala de espectáculos en Río Negro.
En sus tablas actuaron desde agrupaciones de aficionados hasta importantes compañías nacionales de teatro en gira por la Patagonia.
El salón del Cine – Teatro Victoria no era muy profundo, contaba con un foso para orquesta, y un fondo de escenario que permitía suspender distintos telones y bambalinas para los diferentes actos y funciones.
De más de 12 metros de altura, el atrás de escena parecía un velero lleno de sogas y roldanas para las maniobras de los telones.
Allí se ofrecieron conferencias, conciertos, espectáculos de baile y con el cierre de la sala La Porteña, también películas.
La sala estaba conectada a una edificación en la esquina de San Martín y Victoria, conocida como la Confitería o el Bar Victoria. Conectados ambos lugares por una puerta imperceptible para distraídos con un cortinado de terciopelo.
En tanto, los socios de la Sociedad Española de San Antonio Oeste, fundada en agosto de 1913, estaban, desde siempre, en la búsqueda de adquirir un local o edificio propio. Pasaron muchos años de esfuerzos y el sueño se cumple en 1934 con la inauguración de su ambiciosa obra, el Cine Español, sobre Avenida Belgrano, una la sala de espectáculos y cine con 350 butacas y piso levadizo que permite posición inclinada.
En cuanto al Cine – Teatro Victoria, a lo largo de sus muchos años, esta legendaria sala teatral fue luego el Centro Municipal de Cultura y pasó por muchas manos, concesionarios, empresas, cambió su denominación a Centro Recreativo y también perteneció a la Cooperativa C.O.M.S.A.L.
A través del tiempo la sala se fue deteriorando y volvió a su antigua denominación: Centro Municipal de Cultura.
Se comenzó a refaccionar durante la intendencia del Dr. Carlo Carassale y se terminaron las obras durante la intendencia de Walter Zonco.
Por algunos años volvió a ser un espacio dedicado a las manifestaciones culturales locales, provinciales y nacionales, como también de los actos de egresados de los distintos niveles educativos.
Luego, el mantenimiento de este espacio brilló por su ausencia, hubo una invasión de murciélagos y, actualmente, el Centro Municipal de Cultura permanece cerrado desde el año 2016 aproximadamente, privado de todo reconocimiento histórico.
Texto: Patricia Capovilla, escritora sanantoniense
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