Una sanantoniense escribió un libro para la reina de Holanda

Patricia González es Licenciada en Ciencias Biológicas y Coordinadora del Programa de Humedales de la Fundación Inalafquen y decidió radicarse en San Antonio Oeste a fines de los 80.

Recién llegada con su familia, el proyecto de la instalación de una planta de carbonato de sodio en Punta Delgado se vislumbraba como inminente después de muchos años.

 El rumor y la preocupación entre la gente era que se pensaba tirar una cantidad monstruosa de residuos y efluentes al mar.

Como la Bahía de San Antonio es muy importante para la economía local porque allí se reproducen los peces que luego serán pescados en aguas más profundas y es un ecosistema muy productivo, Patricia se preocupó mucho.

 Pensando también en el futuro de sus pequeños hijos, decidió investigar. Pasaba sus días sola con sus hijos en playas que todavía nadie conocía con la única compañía de las gaviotas, hasta que un día aparecieron en la playa miles y miles de playeros rojizos y otras aves migratorias.

El playero rojizo realiza el viaje más extenso al unir el Ártico canadiense con Tierra del Fuego, recorriendo aproximadamente 32 mil kilómetros al año.

Durante sus migraciones, las bandadas, realizan vuelos enormes, viajan sin parar desde Argentina a Estados Unidos, unos 8.000 kilómetros y dependen de las paradas en determinadas zonas, como «estaciones de servicio», para reabastecerse de alimento. Una de esas paradas es la Bahía de San Antonio.

Se alimenta durante las bajamares en la zona intermareal y descansa durante las pleamares en escasos sitios críticos. Patricia González entendió que todo esto sería destruido si la fábrica eliminaba sus residuos al mar y supo que algo tenía que hacer.

No conocía mucha gente, estaba recién llegada y en ese tiempo no existían todavía los teléfonos celulares, ni las cámaras digitales, ni siquiera internet. Comenzó por mostrarle a las autoridades municipales y provinciales de entonces, uno por uno, fotos de otros lugares. Ella estaba convencida que la Bahía de San Antonio debía ser un área protegida y que podía ser conocida internacionalmente por sus aves.

De a poco se fueron uniendo muchas personas a este desafío.

Daba clases de Biología en el colegio secundario y sus alumnos propusieron escribir una carta a las autoridades provinciales para aprobar el proyecto. En 1993 la Legislatura de Río Negro trató este tema y los alumnos decidieron viajar a Viedma para apoyar el proyecto de declarar Área Protegida a la Bahía de San Antonio. El proyecto fue aprobado, la planta de carbonato de sodio no podría eliminar sus desechos en la Bahía.

Pero faltaba algo más, había que concientizar a las personas, ya que con el correr de los años, aquellas playas solitarias donde las aves se alimentaban y descansaban fueron paulatinamente invadidas por vehículos todo terreno, perros y miles de personas sin entender la depredación que eso causaba.

Nadie cuidaba las playas, pero junto a sus compañeros de la Fundación Inalafquen hicieron carteles y en acuerdo con las autoridades pusieron el primer guardia ambiental durante un mes en 1977, Raúl León, cuyo sueldo fue pagado por Supermercados La Anónima. Con el tiempo otros guardias llegaron y el tiempo se extendió a tres meses hasta finalmente lograr su estadía anual. Diseñaron circuitos alternativos para los cuatriciclos e instalaron un Centro de Interpretación “Vuelo Latitud 40” donde se les mostraba a los turistas, a los locales y sobre todo a los chicos de las escuelas que los humanos y las aves son parte del mismo planeta en interdependencia. A través de la Fundación consiguieron, también, donaciones de telescopios y binoculares de gente de otros países, así como ropa y equipos para el trabajo de los guardias ambientales.

En 1991, Patricia viajó a su primer Congreso Internacional en Ecuador, allí conoció a Theunis Piersma, un holandés investigador de aves playeras, reconocido por sus trabajos en todo el mundo. Por Piersma se entera que el Doctor Allan Baker del Royal Ontario Museum de Toronto haría una campaña de anillado de las aves en Río Grande y le dice que ella debía estar allí. El problema era que Patricia no tenía dinero, el Doctor Baker se entera y le paga el viaje. Ella llevó anillos y banderillas naranjas que es el color que indica que las aves fueron anilladas en Argentina. Marcaron más de 400 aves, entre ellas la que sería el ave más famosa del mundo: la B95, conocida como EL AVE DE LA LUNA por haber recorrido en su vida una distancia equivalente a la que hay entre la Tierra y la Luna ida y vuelta.

De esta manera comenzó una red internacional de investigadores, voluntarios y amigos. Se monitorearon las aves, se protegieron sus sitios de escala y estadía, se promovió el empleo de guardias ambientales y su capacitación, se realizaron acciones de conservación local, marketing social y educación.

Patricia González Junto a Theunis Piersna, la Fundación Inalafquen y Allan Baker formaron la Global Flyway Network con muchísimos investigadores de todo el mundo comprometidos con esta causa.

Patricia había recorrido un largo camino de muchas negativas desde aquel día en que caminando sola con sus hijos en las playas desiertas de la Bahía San Antonio decidió investigar.

TheunisPiersna, su mentor y amigo, ecologista y educador,es uno de los ornitólogos más influyentes del mundo.

Entre otros muchos aportes su investigación sobre la ecología del Mar Amarillo fue una gran influencia en el refinamiento de la política ambiental de China y el aumento de los esfuerzos de conservación.

Las organizaciones de defensa de la naturaleza en los Países Bajos pusieron fin a toda la pesca mecánica de berberechos en el Mar de Frisia después de que su trabajo demostrara que era perjudicial.

Ha publicado más de 500 artículos científicos y 14 libros.

Entre otros muchos premios y reconocimientos a nivel mundial, Theunis fue galardonado con el Premio Spinoza, un premio anual de 2,5 millones de euros, que se destinan a nuevas investigaciones de la Organización de Investigación Científica de los Países Bajos. Es el premio científico más importante de los Países Bajos.

Theunis conocía la trayectoria de Patricia y le propone que escriba un libro sobre las aves migratorias en la Bahía de San Antonio para obsequiarle a la reina Máxima de Holanda que es argentina.

 Patricia escribe el libro, en español, en un lenguaje simple, pero en excelente calidad en papel y fotografías de la zona dignos de quien sería su destinataria, ayudada por otra investigadora de ese país.Solo tenía un mes para hacerlo.

Sucedió entonces que Theunis es invitado al almuerzo anual que hacen los reyes de Holanda en honor a las personalidades destacadas. El plan era que Theunis entregara el libro en ese almuerzo. El rey o la reina, comparten unos minutos con los invitados de cada mesa, los temas que se tratan en ese breve tiempo son generales, no era el momento propicio para entregarle el libro y hablar sobre la migración de las aves playeras y la Bahía de San Antonio, por lo tanto,Theunis se contactó con la gente del protocolo y solicitó una audiencia con la reina, pero le dijeron que no iba a ser posible y que la reina no recibía regalos.

Pero, como dice un refrán, “cuando algo ha de suceder no hay Cristo que lo impida”, y un tiempo después una persona del protocolo real lo llamó diciéndole que la reina Máxima lo va a recibir, que tiene diez minutos para hablar con ella y que puede entregarle el libro.

 Era mucho más de lo que se podía pedir, iba a tener diez minutos a solas con la reina Máxima.

 Fue entonces que pudo hablarle del trabajo que Patricia González estaba realizando en la Argentina y le cuenta de que se trata el libro.

En ese momento se estaba haciendo en Río Grande, Tierra del Fuego, una campaña artística para recuperar aves migratorias que habían mermado de 5.000 a menos de 1.000 individuos. La campaña consistía en hacer aves en papel que llegaban a Río Grande desde toda Argentina y de todas partes del mundo.

A Patricia le pareció importante incluir, junto con el libro, papeles de colores y las instrucciones para el armado de las aves porque en ese momento las hijas de la reina eran niñas y también por eso el lenguaje simple del libro ya que las princesas hablan español.

Su compromiso y trabajo constante con el medio ambiente que nos rodea le significó muchos reconocimientos:

1989        Premio Beca Olrog89. Asociación Ornitológica del Plata, Bs.As. proyecto. Partición del Habitat y patrón de distribución y abundancia temporal de chorlos y playeros migratorios (Flias.Charadriidae y Scolopacidae) en Los Alamos, Pcia. de Río Negro, Argentina.

1990        Premio El Macá, categoría Investigaciones ecológicas/Provincial. Fund.Nuestro Ambiente y Legislatura de la Pcia. de Río Negro, Fund.Banco Provincia por el proyecto Comunidades de limícolas (en relación a la Fábrica de Soda Solvay) en San Antonio Oeste.

1995        Premio Fidel 1995 por la trayectoria conservacionista y trabajo para la protección de las Aves Playeras y Humedales, Fundación S.O.S. Vida, Buenos Aires.

2000        Reconocimiento a la Amistad. Prefectura Naval Argentina, San Antonio Oeste, Río Negro. Reconocimiento a las investigaciones sobre aves playeras migratorias realizadas en colaboración con la PNA.

2000  Primera receptora del Premio Pablo Canevaripara la Conservación de Aves Playeras otorgado por la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras (RHRAP). ManometConservationSciences, Massachusetts, USA.

2024        Premio Allan Baker a la Trayectoria en la Conservación de Aves Playeras Migratorias.

X Reunión del Grupo de Aves Playeras del hemisferio occidental, Mount Allison University, agosto 2024, Sackville, NB, Canadá.

La reina Máxima agradeció a Theunis y le envió por su intermedio su gratitud y saludos a Patricia González, que a estas alturas ya viajaba por el mundo dando conferencias del tema en muchos países.

 Texto: Patricia Capovilla. Escritora sanantoniense.

 

 

 

 

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